Yo me quiero

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Nací en 1972 y se nos presuponía con todo aprendido. Pero el mundo se puso al revés y tuve que emprender y quererme. Soy exigente y crítica conmigo. Me enfado y me cuestiono, pero también me pongo en valor. Voy a apuntarme en la agenda recordarle a Cupido que tengo que regalarme algo. Por haber desaprendido tanto.

Pues sí. He aprendido a quererme. Y a quererme mucho, desde que hace cuatro años y medio mis éxitos y mis fracasos dependen sólo de mí.

He aprendido a ser exigente y crítica conmigo. A enfadarme y a cuestionarme, pero también a ponerme en valor. A saber lo que hago bien y en lo que soy buena. A aplaudirme cuando toca y a hacerme regalos. Y oye, me va mejor que antes.

Porque yo nací en 1972 y a los de mi generación se nos daban muchas cosas por supuestas. Teníamos que nacer casi aprendidos, sacar buenas notas en todo, aprobar selectividad, estudiar una carrera o dos, algún máster también si se podía, y entrar a trabajar en una empresa donde poco a poco ibas ascendiendo… hasta llegar a un punto en el que ya no se podía subir más. Y te dejabas media vida para cumplirlo y todos estaban muy orgullosos de ti. Habías cumplido el papel perfectamente.

Pero no nos enseñaron que el mundo iba a cambiar y que sólo las especies que mejor se adaptan son capaces de sobrevivir. Aquello nos vino de golpe y nuestra querida Generación X se tuvo que transformar en Y o en Z a golpe de crisis. Y no sólo crisis económicas: también emocionales y personales. Porque caray… todo aquello que habías hecho tan bien y tan a tiempo ya no servía de nada.

Menos mal que empecé a leer. Y a buscar. Y a entender. Menos mal que empecé a darme cuenta de que mi vida dependía de mí y no de la empresa que me fuera a pagar toda la vida. Menos mal que vi otras vidas como la mía, así de destartaladas en un momento… menos mal que tuve ejemplos de buenas gentes a las que les pasaba lo mismo que a mí… y decidí cambiar.

Y lo primero fue quererme. Quererme mucho. Y hacerme preguntas.  Y lo segundo, saber que podía hacer muchas cosas diferentes de todas esas que había estudiado en la universidad. Yo era periodista, soy periodista, eso no cambiará nunca, pero soy capaz de todo aquello que me apasione. Y decidí emprender un proyecto de ventas, formación y liderazgo.

Cuanto más me quiero, mejor me va. Y esta semana, cuando se celebra San Valentín, me doy cuenta de lo que me quiero. De lo que me critico y me cuestiono y me riño… pero también de lo que me valoro. El amor mueve montañas. Y también emprendimientos. Así que… quiérete mucho.

Sobre Sandra Romero

Tras 21 años dedicada a la prensa escrita, la mayoría en el periódico EL MUNDO, hace tres años y medio emprendí mi proyecto de marketing de redes y creación de franquicias virtuales en el sector de la salud y el bienestar.

 

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