Y de repente…¡¡ZAS!!

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 “Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar” (Ernest Hemingway).

Si ya lo decía mi amiga Patricia: “Carla, no des por supuestas ciertas cosas. Cada persona es un mundo. Y lo que para ti es obvio e indiscutible, para otra persona puede no serlo”. Mientras, yo insistía una y otra vez en defender mi postura: “¡¡Pero es imposible!!”. Con los años me iba encontrando con más y más ejemplos que contradecían mi creencia. Hoy, tras infinidad de entrevistas hechas y unos cuantos años cargados de lecciones de vida, aunque sin dejar de sorprenderme, tengo que reconocer que no estaba en lo cierto.

¿Es correcto ir con gorra a una entrevista de trabajo? ¿Y bostezar frecuentemente durante la misma? ¿Serías capaz de llegar tarde sin avisar de tu retraso? ¿Y qué me dices de coger el teléfono sin una mínima disculpa mientras quién te entrevista está indagando sobre tu carrera profesional? Por no hablar de profesionales que se toman la libertad de entrar “como Pedro por su casa” en la oficina sin esperar a que el consultor tome la iniciativa guiándoles el camino.

Sí, has leído bien. ¿Sorprendido? Mi propósito no era otro que conseguir que la expresión de tu cara fuera lo más parecida posible a la de la imagen. Seguro que lo he logrado y si no, ten un poco de paciencia.

Seguramente todas las respuestas te parecen muy obvias y percibes como inadmisibles esas actitudes, ¿me equivoco? Hay personas que aún hoy argumentan con una supuesta lógica y coherencia sus respuestas, defendiendo actitudes como las descritas anteriormente en determinadas circunstancias. No es que me llamen para contármelo, sino que su comportamiento durante las entrevistas habla por sí solos. Por si tenías alguna duda, no me las he inventado y puedo asegurar con firmeza que, en algún momento, he presenciado todas esas situaciones.

Y es en ese preciso momento en el que yo me quedo inmóvil y absorta y sólo se me ocurre preguntar: “¡¿Por qué?!” ¿De verdad que, entre todas las opciones, has elegido ésta como la más adecuada? En la mayoría de los casos, desearía conocer los motivos que les han llevado a comportarse de esa forma. Sin embargo, al final siempre me quedo con la misma sensación y, obviamente, eso repercute negativamente en mi valoración. Pero es parte del juego, ¿no?

A la pregunta de si debes prepararte una entrevista de trabajo, seguramente habrás encontrado infinidad de respuestas. Muchas de ellas, probablemente,  contradictorias. Habrá quien prefiera una actitud natural y espontánea. Otros, sin embargo, confían en los magníficos resultados obtenidos tras unas intensivas sesiones de coaching y, por lo tanto, consideran imprescindible un entrenamiento previo. Si me lo preguntas a mí, indudablemente mi respuesta es un claro y directo sí. Por supuesto, sin olvidar tu esencia y sin perder tus ideales.

Muchas veces el problema radica en saber cuál es el punto de partida. Existe una reconocida tendencia a pensar que, de base, hay ciertas cosas que todo el mundo sabe y que se dan por supuestas, pero nos sorprenderíamos al descubrir que esto no es así. La experiencia no hace más que enviarnos constantes señales al respecto. ¿Y sabes por qué? Porque lo que tú ves como algo incuestionable y claro, a otra persona quizás no le parece tan obvio. ¡Y tanto! No sólo es discutible para ellos, sino que creen que la actitud objetivamente calificada como inadmisible es la correcta y, por tanto, la más ventajosa.

El caso que hoy trato de contarte no ha sido puntual. Personalmente, me indigna que esto pueda seguir ocurriendo. (Ya estoy oyendo a mi amiga Patricia diciéndome: “Pero si ya te lo decía yo…”).

Ponte en situación: todo parece ir sobre ruedas hasta que, inesperadamente, ¡¡ZAS!!, ocurre algo que resulta totalmente inadecuado y te hace perder toda la ilusión. Esto me hace volver de nuevo al punto de partida.

Lo cierto es que a mí me ha pasado con frecuencia en los últimos meses. Empezaré por el final. Un profesional que está participando en uno de mis proyectos de búsqueda decide, entre todas las preguntas posibles, lanzarme un “¿Y qué horario voy a tener?”, antes ni siquiera de saber de qué empresa se trata. Y sí, estarás pensando que el horario es importante para ti (y no lo dudo). De hecho, adopto una actitud empática y valoro la importancia del tiempo libre. Tan importante es trabajar como disponer de tu espacio de desconexión y de ocio. Todos necesitamos ese tiempo, no sólo para el disfrute personal, sino por causas familiares o de conciliación. Es más, yo comparto la filosofía de trabajar para vivir, en lugar de vivir para trabajar.

Aun así, no logro entenderlo. Debes pensar en las consecuencias de tus respuestas. Trato siempre de transmitir confianza en las entrevistas, intento derribar la barrera entre el entrevistador y el candidato lo más rápidamente posible, pero debes ser buen estratega. No debes olvidar cuál es el propósito y que mi función es valorar si eres el profesional que mi cliente necesita.

¿Qué crees que puedo deducir yo de esa pregunta? Pues te diré que, entre otras, podría extraer las siguientes conclusiones:

  • Basas tu decisión de aceptar o no un proyecto en función del tiempo que tengas que invertir en él.
  • No tienes inquietudes ni aspiraciones profesionales.
  • No tienes ilusión ni disfrutas realmente de tu trabajo.  
  • No le das importancia a tu desarrollo profesional.
  • Priorizas la cantidad frente a la calidad.

Y ahora hago una última valoración para hacerte reflexionar: si tú eres el primero que no valora su trabajo como debería, ¿cómo crees que lo voy a hacer yo?

Sobre Carla García-Mori

 

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