Vivir como el Ave Fénix

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Irremediablemente todos pasamos a lo largo de la vida por una serie de traumas, de sucesos desagradables, de cortes, de quiebres… que interrumpen el trascurso de nuestra vida y que van a suponer un antes y un después en la vida de la persona que los sufre. La mayoría se enfrentará a sucesos cotidianos, previsibles, como pueden ser la muerte de familiares y amigos cercanos, la pérdida del empleo, el abandono de la pareja, el rechazo, la ruina económica… y en cambio otros se enfrentarán, además, a sucesos aún más traumáticos como atentados, accidentes graves, violaciones, secuestros, desastres naturales…

Da igual lo que nos pase ya que, como afirma Viktor Frankl, “toda experiencia traumática siempre es negativa, pero lo que suceda a partir de ella solo dependerá del modo de afrontamiento de la persona que la sufre”. De nosotros depende que caigamos en el abismo o que nos levantemos de nuevo partiendo de nuestras cenizas y nos convirtamos en seres renovados.

Y es que ante los sucesos vitales estresantes tenemos que ser como el Ave Fénix, esa ave mitológica que era capaz de levantarse desde las cenizas de su propia destrucción.

Esta ave, que según los egipcios había nacido bajo el árbol del bien y del mal, entendía que era necesario renovarse cada cierto tiempo para adquirir más sabiduría. Para ello volaba por todo Egipto en busca de las ramas más bellas y más fuertes y después de hacer su nido con ellas entonaba una bellísima melodía y dejaba que las llamas lo consumieran completamente. Tres días más tarde, el ave Fénix renacía aún con más poder y fuerza de sus cenizas, cogía su nido y lo dejaba en Heliópolis, en el templo del Sol, para iniciar así un nuevo ciclo de crecimiento y transformación.

Si trasladamos ese mito a los seres humanos, éste adquiere el significado de que ante un hecho traumático debemos “volar” tanto dentro como fuera de nosotros, para encontrar esas ramas que nos permitan construir nuestro nido de fortalezas y así poder superar los envites de la vida. Ramas en forma de autoestima, de amor propio, ilusiones, dignidad, motivación, humor, perseverancia, creatividad, apoyos

Pero hemos de tener en cuenta que a pesar de que todos esos elementos nos ayudarán a superar el acontecimiento, debemos ser conscientes de que cuando atravesamos un momento traumático todos “morimos un poco”, una parte de nosotros se va y ya no volvemos a ser los mismos. Pero también es cierto que esa parte de la persona que fuimos y que se convierte en cenizas, formará parte de nosotros mismos para ayudar al nacimiento de un nuevo ser renovado.

Así pues, a esta “capacidad de saber hacer frente a las adversidades de la vida y transformar el dolor en fuerza motora para superarse y salir fortalecido de ellas”, se le llama RESILIENCIA.

Ya en la misma definición podemos ver las dos vertientes de la persona resiliente. La capacidad de resistencia para permanecer íntegro frente al suceso y la capacidad de construir, de crecer a partir del mismo.

Pero ser una persona resiliente no quiere decir que no se sienta el trauma igual que lo sienten los demás. El resiliente lo experimenta y lo sufre de la misma manera, pero a diferencia de los otros, de las personas que se anclan en el suceso, la persona resiliente lo afronta de una forma positiva y además lo utiliza para transformarse.

También es cierto que vamos a encontrar diferencias personales ante el afrontamiento de un mismo hecho y que van a determinar las consecuencias que tendrá para cada persona. Hemos de tenerlas en cuenta cuando hablamos de resiliencia ya que se trata de diferencias que van a estar determinadas por el momento evolutivo de la persona, sus características de personalidad, sus apoyos sociales, la calidad de sus relaciones, etc. Por todo ello, la resiliencia no es una cualidad permanente ni absoluta sino inestable y dinámica ya que depende de la dialéctica que se mantenga entre la persona y la situación traumática.

No obstante, lo que sí es cierto es que las personas resiliente poseen la mayoría de las siguientes características:

  • Son introspectivos y han desarrollado un alto grado de autoconocimiento. Conocen sus fortalezas y debilidades.
  • Confían en sus capacidades.
  • Toman las dificultades de la vida como un aprendizaje.
  • Saben ver la vida con optimismo.
  • Procuran rodearse de personas positivas.
  • Son flexibles ante los cambios lo que les permite una adaptación rápida.
  • Son creativas.
  • Tienen un marcado sentido del humor que ponen en práctica para afrontar las adversidades.
  • Son perseverantes.
  • No intentan controlar las situaciones.
  • Saben buscar la ayuda de los demás.
  • Practican la conciencia plena, saben centrarse en el presente.

¿Y cómo podemos desarrollar esta forma de afrontar los acontecimientos?

En primer lugar hemos de tener en cuenta tres cuestiones de importancia: (1) Ser flexibles a la hora de utilizar las estrategias de afrontamiento, lo que implica (2) no utilizar una única estrategia y (3) cambiarla si no nos da buen resultado.

Una vez que tengamos presente que la flexibilidad es una de las características fundamentales para afrontar las diferentes situaciones de estrés, podemos aprender a desarrollar las siguientes actitudes que no son más que estrategias de afrontamiento:

  • Confiar en nosotros mismos y en nuestras capacidades.
  • Mantener en control activo del problema.
  • Intentar no dramatizar excesivamente la situación.
  • Analizar la situación desde diferentes perspectivas.
  • Admitir nuestros límites.
  • Pedir ayuda a aquellas personas con las que mantenemos una relación más cercana.
  • … y por supuesto, utilizar el sentido del humor en cada situación y en términos de ganancia. Albert Espinosa, escritor al que detectaron un cáncer a los 10 años con graves secuelas, dijo en una entrevista en El Hormiguero las palabras que transcribo: “no perdí una pierna sino que gané un muñón, no perdí un pulmón sino que aprendí que se podía vivir con la mitad y como me cortaron el hígado en forma de estrella, ahora pienso que tengo un sheriff dentro. En el hospital siempre pensábamos que no éramos cojos sino que éramos cojonudos. Enterré mi pierna y soy de los pocos que pueden decir que tiene un pie en el cementerio, pero como me cortaron la pierna izquierda, todos los días me levanto con la pierna derecha”.

Aprendamos a mirar nuestra vida con otros ojos y vivámosla como el ave Fénix, renovándonos tras cada suceso.

Y para terminar este post utilizaré una frase de Viktor Frankl, creador de la Logoterapia (terapia centrada en la búsqueda del sentido) y que sintetiza lo expuesto anteriormente.

“El hombre que se levanta es aún más fuerte que el que aún no ha caído”

Felipe J. García

Sobre Felipe J. García Pérez

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