Viajar y viajes de trabajo

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Viajar es el sueño de muchos, y para algunos, la realidad de su trabajo. Hay quienes lo ven como una pesada obligación, y otros, como una motivación extra.

 

Así llegamos a la reflexión fundamental que nos hacemos, ¿viajar por trabajo es viajar? Podría ser un tema de debate en alguno de esos grupos especializados en LinkedIn, en un foro de recursos humanos, o en un medio especializado en viajes. ¿Qué piensas?

Parece que a la mayoría de personas les gusta viajar, o eso dicen cuando les preguntan lo qué harían si les tocara la lotería (además de tapar agujeros). Aunque siempre existirán esas personas a las que no les gusta y prefieren estar donde están, haberlas haylas.

Pero a los que sí nos encanta ir a nuevos lugares, pasear por calles de otros países, contemplar diferentes panorámicas, disfrutar de comidas sorprendentes, observar otros ambientes o entablar conversaciones curiosas con personas interesantes… podríamos decir que eso es viajar, ese cúmulo de experiencias y sensaciones. También está el antes y después, esos instantes en los que nos emocionamos tanto al hacer los preparativos y reservas como luego al contarlo todo a los demás. Ya no digamos del momento fotos en redes sociales, que por lo que vemos, también se nos ha ido un poquito de las manos.

Entonces, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de viajes de trabajo? ¿Es lo mismo lo que hacemos y sentimos? Posiblemente no, quizás haya cosas que sí coincidan, ¿pero de la misma manera? ¿Podemos disfrutar también esos momentos pese al deber laboral?

Por un lado, depende en calidad de qué viajemos, de la posición, de con quién debamos ir, del tipo de trabajo, del objetivo y duración del viaje. Y del propio destino.

Es evidente que no será la misma experiencia la de aquel comercial que tenga que visitar varias zonas industriales dispersas por toda Alemania, que la de un directivo que pase un par de días en la city de Londres, o la de un grupo de empresarios en misión comercial por Marruecos o Perú. Y un capítulo aparte habría que dedicar a aquellos en los que el mismo viaje forma parte de su trabajo diario, como pilotos y asistentes de vuelo o transportistas.

Hay quienes se quejan por no tener el tiempo suficiente para percatarse que están en otro lugar distinto al habitual, y además por restarles horas de sueño y de tiempo libre que disfrutarían en casa. Es verdad que con agendas, reuniones e itinerarios ya marcados de antemano, y difíciles horarios de vuelo, al final se suman más horas de esfuerzo y trabajo.

Si tenemos un mínimo poder de decisión (o de hacer sugerencias) para la organización del viaje, si pedimos horas razonables entre llegadas, salidas y jetlags, quizás podamos tener unos breves momentos para respirar esos otros aires, mirar afuera y dejarnos seducir por nuevos ruidos, luces y olores.

Aprovechar si hay comidas o cenas, para disfrutar de platos locales, preguntar todo lo que podamos que nos ayude a descubrir esos detalles especiales e inadvertidos. Fijarnos en todas las personas que se encuentren a nuestro alrededor, ya sea el personal del hotel, esos clientes del restaurante, los gerentes a los que visitamos, y ver qué hacen, cómo se comportan y actúan, sin miradas fijas, pero con curiosidad. Intentar respetar en lo posible las horas de sueño que podamos tener, hacer descansos y pausas en esas largas jornadas o seminarios interminables y estirar las piernas por alguna zona cercana que ya tengamos señalada en nuestro mapa, eso sí, sin perderse mucho. Implicar al resto de personas con las que compartimos el viaje, proponiendo algún pequeño plan alternativo al acabar las cosas de trabajo, para desconectar y hasta para conectar con ese otro colega de la oficina del que apenas antes sabías nada.

También es cierto que están los que no perdonan, que allí donde estén, les gusta salir después, descubrir la vida nocturna por los lugares de moda que les han recomendado. Bueno, siempre y cuando seamos conscientes de nuestras responsabilidades y posición, de madrugar y seguir con nuestras apretadas obligaciones y tareas, es otra opción.

En cualquier caso, lo que no sería una opción es sólo quejarse, si tenemos la oportunidad de ver el mundo que otros desearían, incluso aquellas veces en las que el viaje se haga muy repetitivo y nada allí nos llame ya la atención, siempre es posible mirar otra vez y encontrar algo nuevo. Cada experiencia es única.

Si pasamos más tiempo fuera que dentro entonces quizás necesitemos un paréntesis, puesto que también afectará a nuestro día a día en casa. Pero eso también va en función de lo que busque cada uno. Hay quienes aprovechan unos años para recorrer múltiples destinos, después deciden dejarlo y volver a una vida más asentada o rutinaria, hay quienes lo asumen y lo compatibilizan con cierto equilibrio, y hay a quienes le va la marcha siempre.

Seas quien seas, como profesional-viajero, aunque tengas muchas que hacer y poco tiempo para visitar lugares en tu próximo viaje, disfruta de las pequeñas cosas y momentos, enriquecete de otra manera diferente, más allá del típico turista, y luego a la vuelta, procura descansar un poco y alegrarte por los éxitos conseguidos.

Hasta la próxima.

Sobre Davinia Capote

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