Tropezar es avanzar

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“Quien tropieza y no se cae, adelanta terreno”. Esta era la frase más repetida por una de mis mejores amigas, cuando íbamos haciendo el tonto por la calle en plena pubertad, y alguna tropezaba hasta casi caerse. 

Fue a la primera persona a la que oí decir esta frase y al instante me pareció muy acertada. Años más tarde, la tengo presente a diario y la aplico también en mi vida profesional. Y es que, ¿quién no ha tropezado alguna vez? Con este punto de partida, intentaremos ir más allá, dándole una vuelta en este pequeño artículo.  

A lo largo de nuestra carrera profesional,  estemos empezando o tengamos cierta experiencia, tendremos tanto buenos como malos momentos.  Estos últimos, son los que más nos harán aprender de nuestros errores y rectificar, en caso de ser necesario, antes de retomar nuestro camino. Metafóricamente, serán los “tropiezos” de lo que hemos hablado anteriormente.

Se darán dos situaciones:

  1. Nos caemos de bruces. Aprendemos (si no sabemos ya) a levantarnos y continuamos nuestro camino o lo cambiamos por aquel que consideremos más seguro/adecuado.
  2. Sólo tropezamos. Continuaremos nuestro camino, permaneciendo más atentos al camino por si algo se nos pone por delante, estar alerta. Al igual que en el caso anterior, podremos elegir cambiar o no de camino.   

¿Cuál es la moraleja entonces? Queramos o no queramos, avanzamos de un modo u otro; esa es la clave de todo. En ambos casos, vamos hacia adelante y la experiencia irá siempre con nosotros.

Si analizamos los motivos que nos han llevado a tropezar, pueden ser de diversa índole: hacer una mala elección, que las circunstancias no nos sean favorables (lo que comúnmente llamamos mala suerte vamos…), o incluso que no estemos pasando por un buen momento. La experiencia que adquirimos, pasa a formar parte de nosotros mismos el resto de nuestra vida;  eso no es ningún descubrimiento. Nos hace aprender, madurar, cambiar o simplemente es un suceso que pasará. Avanzar positiva o negativamente, será algo que estará en nuestras propias manos, en la forma en la que afrontemos la situación en ese avance imparable que es la vida.

Lógicamente hay que ser realista; todos conocemos gente que lleva tropezando toda su vida. En este caso, será necesario meditar seriamente para lograr reconocer que elemento se nos ha puesto delante en cada situación; el por qué no lo hemos sabido afrontar o esquivar (si hemos vuelto a tropezar con lo mismo) y modificar nuestro comportamiento para mejorar. ¿Puede ser que no hayamos conseguido aprender de nuestro último error o no nos hemos molestado en corregirlo?

Terminando con esta reflexión, en nuestro caminar también influirá parte del azar. ¿Qué quiere decir esto exactamente? Que no todos pasamos por el mismo camino aunque busquemos el mismo fin; cada persona tiene sus propias circunstancias y le acontecen distintas situaciones. Hablando metafóricamente, el “terreno” será distinto. Sin embargo, podemos decidir trabajar en ello para cambiar de camino, o mejorarlo. Como dijo Aristóteles, “En las adversidades sale a la luz la virtud. Fatiga menos caminar sobre terreno accidentado que sobre terreno llano”.

Este pequeño artículo está basado en la reflexión sobre una simple frase. De los dichos más comunes, los refranes más antiguos, pueden aplicarse fácilmente a diferentes áreas de la vida. Una frase común, encierra una lección. Es precisamente tropezando, cometiendo errores, sufriendo fracasos y decepciones…en general metiendo la pata, es como uno aprende, el cómo, ya es cuestión personal. Y es que quien tropieza, unas veces caerá y otras no; pero siempre adelantará terreno. 

Sobre Ángeles López- Ventura

Licenciada en Sociología y Máster en RRHH,  he desarrollado mi carrera profesional en Recursos Humanos, principalmente enfocada en el área de selección de personal.

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