Tranquilo, no hay candidato perfecto

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Aquellos de vosotros que hayáis sacado el carnet de conducir seguro que habréis experimentado la abrumadora sensación de no verse capaz de poder seguir a la vez todas las indicaciones que hace el profesor de autoescuela: pisa el embrague, cambia de marcha, mira por el espejo, la vista en la carretera… Y llegados a este punto me diréis: ¿Y qué tiene que ver esto con el candidato perfecto? 

Pues, que esa sensación abrumadora es idéntica a la que muchas veces experimentan las personas cuando acuden a una jornada de empleo, a un servicio de orientación laboral y nos escuchen decirles un sinfín de cosas que deben hacer si quieren conseguir su objetivo: diferénciate, crea tu marca personal, relaciónate, sal de tu zona de confort, haz esto, no hagas lo otro… Es cierto que la intención que tenemos como expertos o especialistas es poner nuestro conocimiento y experiencia al servicio de las personas que se hayan en situación de desempleo para mejorar su empleabilidad, pero creo que a veces, la forma en que algunos de estos profesionales transmiten la información llega a ser abrumadora para la persona que se encuentra al otro lado.

La situación de desempleo es dura de por sí, durísima si por parte de la persona que la sufre hay una identificación entre su ser y su trabajo (no os podéis perder el artículo de Elena Arnaiz en el que aborda este tema: Tu no eres tu puesto de trabajo ), y se vuelve terrible en aquellos casos en que las circunstancias económicas no permiten cubrir las necesidades básicas si no se encuentra pronto un nuevo trabajo.

Si a esto se añade un planteamiento en el que todo pasa por la persona, en el que constantemente se traslada el mensaje de que superar un proceso de selección sólo depende de mí, de lo que yo haga, puede que el hecho de no conseguir superar con éxito dicho proceso genere un sentimiento de fracaso y de frustración que disparen una ansiedad que sólo conduce al bloqueo y a la inacción.

En un proceso de selección hay muchas variables a considerar. Es indudable que como candidatos podemos trabajar sobre muchos aspectos que van a aumentar (y mucho) nuestras posibilidades de éxito. Sin embargo, lo que quiero remarcar en este artículo es que por muchas exigencias que experimentemos en nuestro día a día como buscadores de empleo, por muchas veces que no seamos el candidato elegido, mantengamos la confianza en nosotros mismos, que no nos sintamos menos que otro por el mero hecho de no ser seleccionados en un proceso, porque cuando uno pone lo mejor de su parte, cuando invierte tiempo en mejorar sus técnicas y recursos de búsqueda, automáticamente está siendo el buscador de empleo perfecto y debe ser consciente de que un mismo candidato puede ser perfecto para una empresa y para otra no.

A veces, el hecho de no seleccionar a una persona no se debe a que no sea un buen candidato sino a elementos externos como por ejemplo la normativa sobre determinados aspectos que rige en la empresa.

Permitidme terminar con un par de reflexiones. La primera, dirigida a los candidatos, va en la línea de insistir en la importancia de que trabajéis vuestra autoconfianza, que creáis en vosotros sin entrar a compararos con nadie. La segunda, dirigida a todos aquellos que trabajamos en orientación, desarrollo profesional, gestión de personas…, es la siguiente: Cuando trabajéis con personas en búsqueda activa de empleo, trabajad su motivación, pero por favor, tened cuidado con hacer creer a la persona que todo depende de ella misma y que puedo conseguir todo aquello que se proponga con su solo esfuerzo porque en esa afirmación hay mucha, mucha, mucha tela que cortar y vosotros y yo sabemos que conseguir lo que se quiere no siempre depende sólo de uno mismo.

Sobre Carmen Robledo

Pedagoga especializada en orientación laboral, intermediación y selección de personal.

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