Trabaja con pasión o muérete de asco

Trabaja con pasión o muérete de asco

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Siempre tengo presente la pregunta que una alumna me hizo hace ya varios años. ¿Qué carrera debo escoger para que tenga mayor salida? ¿Y para ganar más dinero?

Recuerdo también mis palabras en ese momento. “Haz algo que te gusta porque  con un poco de suerte tendrás que dedicarte a ello un día tras otro el resto de tu vida”. Aunque esta segunda parte se cae por sí sola en los tiempos que corren, sigo creyendo firmemente en formarte y dedicarte a algo que te gusta. Y, aunque con el tiempo, cabe la posibilidad de cambiar de ocupación, poner pasión y dedicación en aquello a lo que te dedicas, te garantiza el tener un propósito y un objetivo.

Conozco a muchas personas con las mismas titulaciones, con empleos muy parecidos y, sin embargo, parece haber un mundo de distancia entre sus realidades. Pongamos el caso de Juan, que se levanta cada día  repitiendo  afirmaciones de automotivación, preparado para dar lo mejor de sí, confiando plenamente en que su trabajo contribuye a hacer de este un mundo mejor, transformando cada reto en una oportunidad y proyectando entusiasmo  al hablar de su trabajo a través del brillo en sus ojos.

Y por otro lado tenemos a Pedro, quien cursó estudios con Juan, y que desarrolla su labor profesional en la misma empresa. Juan no encuentra razones para levantarse por las mañanas pensando en lo que le espera a diario, anticipando el stress y la presión, acumulando tensión antes del inicio de cada jornada laboral. Hace tiempo que no encuentra su motivación y realiza gran parte de las tareas de forma mecánica y por obligación. Evita cualquier ocasión de desarrollo profesional ante la posibilidad de correr algún tipo de riesgo. A pesar de todo, permanece dentro de su zona de confort.

Todos tenemos en nuestras vidas un Juan y un Pedro ¿no es así? Yo los he conocido en muy diversos ámbitos laborales y la historia se repite una y otra vez. La diferencia entre ambos radica en su diálogo interno, su motivación, el planteamiento o ausencia de objetivos profesionales y en el necesario y consiguiente plan de acción para hacerlos realidad. Resumiendo, la diferencia entre ellos dos es su actitud.

Pero lo cierto es que este artículo no es para todos. Estas palabras son para ti, Pedro. Mientras  continúes pensando que a los demás todo les sale redondo,     que a ellos la vida se lo pone fácil, no creo que consigas salir del círculo vicioso a cuyo crecimiento contribuyes. ¿Te ha parado a pensar que quizás a otras personas les va mejor porque su actitud es diferente a la tuya? No soy quien para juzgarte, porque yo misma he tenido esta actitud en algún que otro momento. Es por ello que sé bien de lo que  hablo. Hace rato que llegó el momento de dejar de rumiar tus miserias y pasar a la acción.

¿Y cómo lo haces? Yo empezaría por observar bien a esas personas a las que envidias o admiras y me fijaría en los pasos que han dado para conseguir aquello que consideras un logro o que a ti te gustaría conseguir. Es decir, márcate un objetivo y establecen plan de acción que te mueva hacia él.

Esencial en este sentido es empezar a relacionarte con personas que puedan contagiarte con su compañía o su conversación la ilusión, la motivación y las ganas de crecer aprendiendo. Eso sí, ni se te ocurra volver a las andadas y abrumarles con tus lamentos. Cuando te ronde la mente la tentación de autocompadecerte, recuerda que sólo tú puedes frenar esto. Llevas el suficiente tiempo haciéndolo para saber que conduce a un callejón oscuro sin salida.

Para empezar da un paso, por pequeño que sea, y empezarás a ver resultados. A medida que incorpores pequeños cambios, tu vida cobrará un nuevo color.

Es cosa tuya. ¿Cómo debo llamarte, Pedro o Juan?

Foto: pixabay.com

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