¿Tiene derecho a soñar un desempleado?

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¿Cuántas veces, cuando estaba sin trabajo, habré oído eso de que “tenía que tocar con los pies en el suelo”?

 

Muchas, os lo puedo asegurar.

Lo preocupante no es la frase en sí misma, sino las circunstancias en que la solía escuchar y, aún más que eso, el efecto que producía en mí.

La circunstancia común era el momento en que me sinceraba con alguna amistad o un familiar respecto a ciertas ideas que se me ocurrían para solucionar mi situación de falta de empleo.

Cuando les decía que me pasaba horas frente al ordenador buscando ofertas laborales de lo que fuera, o que había enviado 20 currículums para intentar acceder a un trabajo de mensajero, de peón o de cualquier otro tipo de empleo sin cualificar, todo el mundo me regalaba una mueca de aceptación, como diciendo “ya sé que es descorazonador pero estás haciendo lo correcto”.

Ahora bien, cuando les hacía partícipes de mis ideas sobre, por ejemplo, crear una organización en la que reunir a diferentes perfiles profesionales con el objetivo de ayudar a personas desorientadas, con problemas emocionales o de desempleo de larga duración, entonces, la reacción solía ser la de mirarme con total seriedad y decirme que “mi situación era muy complicada” -¡como si yo no lo supiera!- y que “debía tocar con los pies en el suelo”.

Esa frase, que parecía un mantra de tanto que la escuchaba, casi consiguió que dejara de soñar con lo que quería que fuera mi vida en un futuro ¡y eso hubiera sido un gran error! porque, en esta vida, todo es relativo.

Con esto quiero decir que no es recomendable hacer oídos sordos a lo que nos digan los demás (sobre todo cuando no coincide con lo que nosotros pensamos) porque en todas las opiniones puede haber una parte que nos sea de utilidad, pero tampoco debemos permitir que esas mismas opiniones anulen lo que nuestro sabio interior nos dice, porque en ello encontraremos lo que realmente queremos hacer y que nuestro inconsciente sabe que somos capaces de conseguir.

En mi caso, nunca he dejado de soñar porque, igual que los sueños de aquellos que suelen llamar “visionarios“ son los que mueven efectivamente al mundo, los sueños también pueden “moverme“ a mí para conseguir mejorar mi futuro, no solo profesionalmente sino también a nivel personal.

Cuando haces lo que realmente quieres te sientes bien contigo mismo y eso se traduce en un sinfín de mejoras en el terreno personal: aumentan la auto-confianza y la auto-estima, se siente mayor vitalidad y creatividad pudiendo resolver mejor todo tipo de problemas, el carácter suele mejorar y uno se hace más sociable, entre otras muchas cosas.

“Soñar” NO es esperar desde el sofá que el Universo nos ilumine con una clarividencia cegadora y nos revele el método para hacernos ricos sin dar un palo al agua. A eso yo le llamaría un milagro.

Para mí, soñar se compone de dos procesos consecutivos: el primero es doble, se trata de sentir y escuchar a nuestro interior, que nos indica cuál es el camino que debemos seguir y, el segundo, es pensar, por muy descabellado que parezca, que esa intuición no solo es realizable sino que es el único camino que nos llevará a conseguir nuestros objetivos de mejora.

Nuestro interior sabe lo que nos conviene y nos lo va anunciando continuamente en forma de intuiciones: no solo nos avisa de que debemos comer cuando nos quedamos sin energía o nos previene de un peligro sin que siquiera podamos verlo, sino que también nos conoce perfectamente y sabe lo que realmente nos puede hacer felices y lo que somos capaces de hacer. Por eso debemos hacerle caso y permitirnos soñar con alcanzar eso que intuimos que debemos hacer para sentirnos bien con nosotros mismos.

Ocurre lo mismo en el terreno de la búsqueda de empleo, o cuando sentimos que necesitamos un cambio profesional: nuestro Yo interior puede “decirnos” cuál sería el trabajo satisfactorio para nosotros, el que nos llenará a nivel profesional y personal, y nuestra parte consciente es la que debe tomar la decisión de seguir esa intuición o no.

Esa parte consciente es la encargada de hacer un análisis de los riesgos y las oportunidades para tener claro si podemos lanzarnos en busca de nuestro sueño o si debemos hacer algunos pasos previos como, por ejemplo, buscar un empleo provisional que nos permita prepararnos mejor y aumentar nuestras posibilidades de acceder, un poco más adelante, a ese empleo o proyecto que hemos soñado.

Esto sería lo que yo entiendo realmente por tocar de pies en el suelo: ser conscientes de nuestras posibilidades reales en este momento para realizar nuestro sueño -algo que nuestro propio interior nos indica como lo adecuado para nosotros- y, en el caso de que no sea factible en este momento, sin abandonarlo en absoluto, crear una estrategia que nos permita cubrir nuestras necesidades y alcanzar finalmente ese sueño, en el momento más cercano posible pero con las mayores garantías de éxito a corto, medio y largo plazo.

Y aún añado algo muy importante: disfrutando de todo el proceso y aprendiendo incluso de lo negativo que nos toque vivir.

La vida es demasiado corta para pasar por ella sin pena ni gloria o simplemente sobreviviendo porque, como dijo Paulo Coelho:

“la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea realmente interesante”

Y ya que he utilizado una cita, permitidme que acabe este articulo con otra frase que me parece de una rotunda sabiduría:

“la mejor manera de predecir tu futuro, es crearlo”

(Abraham Lincoln)

Sobre Chema Montorio

Me apasiona que las personas descubran sus verdaderos potenciales y los hagan brillar, para su propio beneficio y el de los demás, contribuyendo al aumento de su auto-confianza y mejora personal.

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