¡Soy mucho más que un expediente!

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Hace pocos días tuve que bucear en mi colección de cajas archivadoras en busca de la documentación que era necesario presentar junto a mi solicitud de admisión en un curso de formación.

 

A mi eso de los papelotes y tanta burocracia no me gusta un pelo. Si hay que hacerlo porque es un obligación de la que no puedo escapar, vale, pero si tengo opción me gustan las cosas más sencillas. En esta ocasión, decidí saltarme mis preferencias porque me apetece mucho hacer este curso y si para ello he de empapelar media casa, que así sea.

Como digo, abrí una caja tras otra en busca de fotocopias de mi título de la la universidad y otros papelotes. Fue entonces cuando me di cuenta que nunca desde que finalicé mis estudios en el siglo XX :), había tenido que echar mano de mi expediente académico. El título, por supuesto, lo he presentado, fotocopiado, compulsado, etc. infinidad de veces, pero hasta ese día nunca nadie había solicitado que le hiciese llegar las calificaciones obtenidas en mis estudios universitarios.

Tanto es así, que me costó un buen rato encontrarlo, lo cual me permitió reencontrarme con anécdotas de mi pasado académico, certificados de cursos paralelos que fui haciendo y que habían quedado almacenados  a buen recaudo.

Por fin lo encontré, mi certificado de notas, impreso en un folio de muy buena calidad, con todas y cada una de las calificaciones obtenidas, indicando en qué convocatoria se ha había superado cada una de las materias.

Primero pensé que esto no le importaba a nadie, si había superado con mayor o menos nota una asignatura, si había tenido que recurrir a varias convocatorias o si la había llevado pendiente para el curso siguiente. Pero seguí repasando mis notas y con ellas mis años de universidad.

Al poco tiempo, dejó de tener importancia para mí el hecho de compartir esta información. Realmente, al inicio yo le estaba dando mucha más importancia de la que tenía. De hecho, independientemente de las notas impresas en aquel bonito papel, justo al lado estaba mi titulación, que no me la quita nadie, la que me dio acceso al mundo laboral y a poder seguir formándome cada día.

Quiero decir con ello que no sólo no me avergüenzo de que mi expediente no fuese brillante, aunque sí fue mejorando curso a curso, sino que las calificaciones obtenidas no son un indicativo de que vayas a ser mejor o peor profesional.

En mi caso, recién llegada al mundo de la docencia, descubrí que realmente me apasionaba y no he dejado de aprender y crecer desde entonces, accediendo a múltiples oportunidades de aportar valor a la comunidad educativa y a la sociedad. Si hubiera hecho caso al expediente y a mis humildes notas, probablemente me hubiese condenado a mi misma a sentirme poca cosa y con poca valía.

No sé si a vosotros os han pedido u os pedirán alguna vez las calificaciones. Claro está que ha llovido mucho desde mis tiempos mozos pero espero que mi experiencia os sirva si alguna vez os encontráis en esta situación o sencillamente para daros ánimos.

 

¡Feliz día!

Foto: pixabay.com

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