Soñando despierta

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¿ Quién no ha soñado alguna vez con que le toca la lotería?  ¿ Quién no ha ido aún con el décimo en la mano fantaseando con todas las cosas que compraría?  ¿ A quién no se le ha pasado por la cabeza el pensamiento de... y si me toca???  ¿ Quién no se ha imaginado de pronto siendo rico?… pero muy muy rico?

 

En estos días en los que las calles huelen a festejos engalanadas con sus lucecitas de Navidad y los supermercados están abarrotados de personas en busca de la mejor oferta está claro que unos cuantos milloncejos nos vendrían muy bien a más de uno y más de una... quiero decir que nos vendrían muy muy muy requetebién.

Con ese mismo espejismo nos imaginamos el momento en que ponemos fin a la hipoteca, nos vemos con coche nuevo, un ático de lujo y hasta con un velero. Repartimos unos cuantos millones a la familia, tapamos unos cuantos agujeritos y nos deleitamos con el megaviaje a tutti plein a un resort de megalujo en una de esas playas paradisíacas.

 

Así vamos caminando cual cuento de la lechera pensando en todo lo que haríamos y compraríamos haciendo más y más grande nuestra ambición, digo... nuestra ilusión... porque por poder nos puede tocar y lo mismo hay que estar preparados, no?

 

Entramos en un estado en el que no pisamos el suelo. Sólo invirtiendo 20 euros estamos a las puertas de una vida aparentemente sencilla y libre de complicaciones pero digo aparentemente porque no es oro todo lo que reluce y porque todo esto no es real. El dinero no da la felicidad pero ayuda a conseguirla me dirán algunos...

Lo cierto es que no me ha supuesto ningún esfuerzo hacerme rica y como si de una dieta milagrosa se tratara en la que me prometen perder ocho kilos en una semana en un mes puede que recupere diez. Los problemas no se desvanecen y al igual que los kilos no se van. TODO REQUIERE UN ESFUERZO.  Hay que ser constante en esta vida,  hay que luchar por lo que uno cree, por lo que desea. Cultivar valores que nos reconforten y que nos hagan ser buenas personas...  Eso lo queremos todos, no? Me equivoco? Claro que…,  si me toca la lotería, mi camino podría ser un poquito más fácil y  los problemas podrían ser menos problemas. De acuerdo. Pero sólo si he aprendido a identificarlos y a saber cuál es la solución. Que hay quien tropieza dos y tres veces en la misma piedra...

 

¿ Y el trabajo???  ¿Dejaría mi trabajo si me tocara la lotería???  Mi vocecilla de la conciencia grita: ¡¡¡Ni se te ocurra!!!  El trabajo... ¡con lo que te ha costado conseguir un BUEN trabajo!. Nos quejamos continuamente de la rutina, del horario, de madrugar, de los compañeros y de los jefes!!! Nos pasamos media jornada de trabajo pensando en lo malo del trabajo.   Claro que...  ¿qué pasaría si no lo tuviéramos?, ¿qué pasaría si no sonara el despertador a las siete para coger mi coche y tragarme el atasco para llegar hasta mi mesa y ponerme a trabajar?, ¿has pensado alguna vez en  los beneficios que el trabajo puede aportar a tu vida?

Hay muchas funciones positivas en el trabajo. Tener una vida profesional es una parte fundamental de nuestra autodefinición. Una pieza esencial en la formación de nuestro yo. Trabajar nos proporciona estatus y prestigio social ya que obtenemos reconocimiento por parte de los demás por lo que hacemos y por cómo lo hacemos.  Nos ayuda a construir nuestra identidad personal y si no me crees prueba a decir tu nombre junto a tu profesión: “Soy Marta, orientadora laboral”.

 

El trabajo nos permite autorrealizarnos y es ahí donde nuestra autoestima sale fortalecida. Una autoestima fuerte nos ayuda a conseguir nuestros sueños, superar objetivos y alcanzar nuestras metas.

Por supuesto  el trabajo nos proporciona además beneficios económicos.  No tantos como con los del euromillón, pero no podemos negar que es una gratificación recibir un salario por el trabajo realizado; además trabajando vamos acumulando una experiencia y eso también da un valor.

 

Interaccionamos con los demás en el trabajo y nos relacionamos socialmente. El trabajo posee aspectos emocionales,  y si estas relaciones son enriquecedoras pueden mejorar también la vida fuera del trabajo... porque también hay vida fuera del trabajo.

Gracias al trabajo tenemos vacaciones, días libres y conciliación familiar que nos ayuda a marcar nuestro ciclo vital y nos hace disfrutar con más intensidad de nuestro tiempo libre.

 

En el fondo nos gusta tener obligaciones, algo de responsabilidad y confianza en que las cosas que hago las estoy haciendo bien. Y si con todo esto encima disfruto de mi trabajo ya estoy para diez.

Vivimos aún los coletazos de una crisis que ha golpeado de lleno la economía de muchas familias en la que uno o varios de sus miembros han perdido su empleo. Hoy en día tener un trabajo y mantenerlo se ha convertido en un privilegio. Quien tiene un trabajo tiene un tesoro. Es una suerte tener un empleo. Es una suerte tener un BUEN EMPLEO y aunque este tipo de suerte no da vueltas en un bombo sí que requiere de nuestro esfuerzo para conseguirlo y por tanto cuando lo alcanzamos nos llena de orgullo y de alegría.

 

Yo soy una persona normal con una vida normal, original porque soy yo...  Especial porque le pongo un poquito de gracia, sé que no soy una más. Desde luego que si me toca la lotería sería una de mis mayores alegrías ¡que a nadie le amarga un dulce! y ¡¡¡qué dulce!!!  Pero no descuidemos quienes somos, lo que queremos y lo que sabemos hacer que nos ha costado mucho llegar hasta aquí.

Que la suerte os acompañe...

 

¿Y si toca?...   ¡Ay madre mía!, si me toca...

 

 

Foto:pixabay.com

 

Sobre Marta Chica

Licenciada en Psicología y de profesión Orientadora laboral.

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