Sobre meteduras de pata y otras actividades humanas

Añadir nuevo comentario

Hace algunos días almorcé en la zona de comidas de un centro comercial, por lo que quise aprovechar e ir a distraerme viendo tiendas. En una de ellas tenían a la venta varios estilos de los famosos cubos rubik o cubos mágicos.

Por un momento, me trasladé a mi infancia allá por los 80’s, donde esos cubos eran juguete obligatorio para los niños de mi edad. Recordando eso y pensando en hacerle un regalo ‘inteligente’ a mi hijo, le solicité a la vendedora que me prestara unos. Había varios estilos y unos hasta con diseños modernos, donde el cubo se forma a partir de figuras geométricas y no necesariamente de cuadrados, como los cubos originales.

Mientras manipulaba uno de esos cubos de estilo moderno, recordaba de nuevo mi infancia allá en el sur de San José de Costa Rica, y a la vez imaginaba la cara de felicidad de mi hijo por el regalo innovador y futurista que le daría su papá. Y era tal la ilusión que, cuando caí en cuenta, no tenía ni la más remota idea de cómo volver a armar el cubo a su forma original.

Esa cosa en mis manos –y que les comparto en la foto que acompaña el artículo- pasó de ser un regalo lleno de ilusión a ser un completo quebradero de cabeza. ¿Cómo $/&%@# se arma? ¿Les comenté ya que nunca en la vida he podido armar uno?

Creo que no debí hacerle ese comentario a la vendedora. Me miró con una cara de impotencia mezclada con desconcierto que no me quedó de otra. Debido a la metida de pata con el bendito cubo, convertido ahora en una figura extraña, terminé comprándolo. ¡Vamos, no pude dejárselo así a la pobre vendedora!

Ahora, la figura geométrica sin forma definida me acompaña a diario en mi mesa de trabajo. Existe la posibilidad de que quizá nunca más en la vida volverá a su estado original, al igual que nosotros tampoco deberíamos hacerlo luego de una metedura de pata.

Siempre que nos equivocamos, o que algo sale mal, o que ‘fracasamos’, tenemos la tendencia a reaccionar: nos culpamos, nuestro discurso interno se vuelve duro e insensible con nosotros mismos, nos disminuimos. Probablemente, a lo externo buscaremos un culpable: el clima, el perro, el vecino, el jefe de gobierno. La reacción es normal, como seres humanos que somos siempre vamos a tener la necesidad de reaccionar a cualquier evento, en especial si desde nuestra perspectiva es negativo para nuestros intereses. El problema es que, en muchas ocasiones, nuestra reacción es excesiva y nos quedamos ahí. Se nos olvida que podemos –y debemos- responder a ese evento.

¿Cómo respondo a una metida de pata? Aprendiendo de ella, permitiéndole que me enseñe algo que puedo usar en mi propio beneficio. Levantándome. Esa lección me permitirá ser una mejor persona, a la vez que mejorará todas las áreas de nuestra vida. No volveremos a ser los mismos de antes.

Es un tema de actitud. ¿Cómo catalogás a una ‘metida de pata’? ¿Cómo un evento lapidario o como un obstáculo más a superar? De cómo respondas a los eventos de la vida, más que tu forma de reaccionar a ellos, es que lograrás salir adelante y conseguir aquello que te propones.

Sobre Fabrizzio Ponce Villarreal

Add comment

Ruteando con Sara-El mundo Freelance

Buenas Prácticas Ruteras

Newsletter