Si retrocedes, que sea sólo para coger impulso

Añadir nuevo comentario

“El secreto del cambio está en enfocar toda tu energía, no en luchar contra lo viejo, sino en construir lo nuevo” (Sócrates). 

Nada más representativo que la imagen de un puente para explicarte el lugar en el que me sitúo en el trabajo. Y con esto, no pretendo que me imagines bajo la lluvia haciendo entrevistas de trabajo, ni mucho menos exponiendo a candidatos a pruebas al aire libre. Dejando a un lado el lenguaje figurado, estarás de acuerdo conmigo en que los que trabajamos en Consultoría de Recursos Humanos y, más concretamente, en Selección de Personal, no dejamos de ser intermediarios.

Nuestra función es doble, dirigida, no sólo a los trabajadores, sino también a los clientes. Por un lado, están los profesionales, que se muestran abiertos a barajar nuevos proyectos y, por otro lado, están las compañías, que confían en nuestro servicio y que quieren ver satisfechas sus necesidades de personal. Aunque parezca sencillo, no es precisamente una labor fácil. Nuestra posición, bajo la más estricta profesionalidad, es puramente neutral: sin decantarnos ni posicionarnos por ninguna de las dos partes.

Pero la relación candidato/cliente no es el único ejemplo en el que parecemos estar bailando entre dos aguas. Los que trabajamos en firmas de búsqueda de directivos, estamos acostumbrados a entrar en contacto con profesionales que están, fundamentalmente, en activo. Si te das cuenta, ahí sí que asumimos una gran responsabilidad. Tenemos las carreras laborales de muchas personas a nuestra más entera disposición. Tomamos decisiones que, en mayor o menor medida, pueden cambiar la vida de ciertas personas. Además de ser capaces de seleccionar al profesional adecuado, también tenemos que saber transmitir la garantía de que ellos van a encontrar en nuestros clientes y en el proyecto en sí las oportunidades que ellos necesitan. Te imaginarás entonces la confianza que depositamos en nuestros clientes, ¿verdad?

Y conociendo el porqué del puente, hemos sido partícipes de cómo se producían movimientos de trabajadores de una empresa a otra. Algunos de ellos llevaban incluso más de diez años formando parte de determinadas organizaciones, con unos valores muy establecidos, con unas formas de trabajo muy consolidadas y, lo más complicado, con una inmensa incertidumbre y un miedo atroz al cambio. Claro está que la situación económica en la que estamos no ayuda en absoluto. Ya sabéis eso que dicen de que a veces más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer… Sin embargo, ahí estamos nosotros, al pie del cañón acompañando a numerosos profesionales a valorar las ventajas y a minimizar lo más posible los riesgos del proceso.

Y de todos los cambios que he podido presenciar a lo largo de mi experiencia, siempre he detectado un factor común. Y está relacionado con el miedo a equivocarse. Pretendemos sentirnos realizados el preciso momento en el que ponemos nuestros pies en nuestro nuevo hogar. Necesitamos percibir ese progreso para convencernos a nosotros mismos y sentirnos satisfechos de que hemos tomado la decisión correcta. Además, como profesionales, también queremos demostrarle a la nueva empresa que nos acoge que somos lo que verdaderamente necesita. Y no hay mejor forma de demostrarlo que a través de los resultados de nuestro trabajo. Pero siento tener que pararte los pies para recordarte que no podemos empezar la casa por el tejado.

Si lo piensas, una vez que decides aceptar una nueva propuesta profesional, lo que implica desvincularte de la empresa que tantos éxitos te ha dado (y seguro algún que otro disgusto también), no puedes correr a la misma velocidad ante el nuevo reto. Estás comparando dos experiencias de tu carrera profesional que se encuentran en dos momentos completamente diferentes: el final de una etapa en la que probablemente ya has puesto todos los tics posibles, con el principio de un nuevo ciclo en el que, para poder adaptarte y cumplir tus objetivos, vas a necesitar coger impulso.

Esos pasos que tienes que dar hacia atrás no implican retrocesos en tu carrera, sino todo lo contrario. Nadie nace sabiendo. Ante un cambio, se necesita un tiempo prudencial de adaptación. Es un periodo en el que no sólo vas a poder asumir las responsabilidades del puesto al que optas, sino que, antes, necesitarás formarte, conocer los nuevos valores, aprender la metodología y familiarizarte con la política de la nueva compañía. En este proceso, se rompe toda jerarquía posible. Me refiero a que, quizás, y aunque parezca paradójico, profesionales que supuestamente van a ser tus subordinados, se responsabilizarán de parte de tu aprendizaje, sin que eso conlleve una amenaza para ti.

Y en todo ese curso, deberás ser paciente. No podrás valorar si has tomado la decisión correcta hasta no contar con la base necesaria. A partir de entonces, podrás comenzar tu camino: definirás los objetivos que perseguirás y será entonces cuando se dará el pistoletazo de salida para seguir engordando tu carrera profesional. Y ahí sí que podrás poner toda la carne en el asador para demostrarle al mundo lo que vales y lo que eres capaz de conseguir ¿Estás preparado para seguir poniendo tics

Sobre Carla García-Mori

 

¿Quieres hacer un curso con Carla García-Mori ? apúntate aquí

Add comment

Ruteando con Sara-El mundo Freelance

Buenas Prácticas Ruteras

Newsletter