Si quien lidera siente, se emociona y es persona

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Hace falta un cambio en profundidad en el desempeño del liderazgo en  nuestros entornos empresariales, administrativos, vecinales, privados y particulares.

Hace unos días mantuve una conversación con una persona que provocó en mí una reflexión acerca del tema de lo que para los demás somos, lo que aportamos, la imagen que difundimos de nosotros y las influencias que pueden llegar a tener en los demás.

Tras el intercambio de pareceres y desde mi “personaje” de directora de un equipo en un centro de día, estuve pensando en lo que yo aporto a mi entorno laboral y, por ende, a la sociedad que se salpica de mi labor, que a fin de cuentas, se trata de una influencia en personas, con su personalidad, su vida, su emotividad y realidad.

La obra “Gobierno de personas en la empresa” de Pablo Ferreiro y Manuel Alcázar, una obra que llegó a mis manos cuando cursé el Máster en Dirección de RRHH de la EAE Business School de Barcelona, me recuerda una de las cosas más importante cuando lideras un equipo y diriges la misión de una organización:

“Las personas pueden recibir muchas y muy diversas cosas de la organización, si quienes la gobiernan pueden o deciden darlas” (Ferreiro y Alcázar, 45: 2002).

Y tras dar, recibes. De ahí la importancia de saber liderar con sentimientos y con emoción, para generar en tu entorno laboral un espíritu real de implicación con la misión.

Somos seres que sentimos. Somos seres que nos emocionamos. Dentro y fuera de la empresa. No quisiera imaginarme dirigir un equipo de profesionales que acuden a su puesto de trabajo con tristeza y desgana en sus rostros y con los hombros caídos al estilo del peor de los castigos mundanales.

Mi tendencia es la ilusión. Ilusión con seriedad son los ingredientes que constituyen el aliño de mi ensalada organizacional. Tengo tendencia a pensar, al estilo de Dan Baker en su obra “Lo que saben las empresas felices” al afirmar que:

Gran parte de la falta de implicación tiene su origen en la indiferencia de la dirección de la empresa y no en la pereza o ineptitud del empleado” (Baker, Greenberg y Hemingway, 281:2000)

No comparto la idea de los dirigentes que tienen en mente marcar una distancia ficticia, fría e inhumana con los miembros de la organización que dirigen. Quiero llegar al sitio donde ejerzo el papel de directora y poder sentir, poder emocionarme y poder trasladar mi ilusión a mi equipo.

Quiero que ellas (en mi puesto actual son todas chicas) sientan que soy seria, sí; responsable; también; exigente, por supuesto; e implicada, hasta la médula. Pero también quiero que sepan que soy humana, que me agobio con ciertas gestiones, que necesito que sean mi sustento en la puesta en marcha de nuestra misión, que les agradezco que sepan tomar decisiones in extremis con independencia y determinación, que sepan que sin ellas la organización no tiene sentido.

Supone un reto, casi hazaña, tener una postura así ante la tendencia que todavía permanece en nuestro entorno (me refiero, al menos,  a la realidad de Galicia) pero considero, deseo y creo que va a ir incrementándose y expandiéndose poco a poco como nuevo enfoque.

Muchos de los compañeros que he tenido ejerciendo conmigo la gestión de centros y dirección de equipos en instituciones son de la llamada vieja escuela: jerarquía, opacidad y control.

Las personas del S.XXI no deberían más que implicarse por acabar con el viejo paradigma y salpicarse de transparencia, talento y emociones sanas.

Comparto la visión de futuro que Virginio Gallardo tiene, la de un avanzado psicólogo organizacional que lleva años investigando, implantando y difundiendo desde su trabajo de consultor la siguiente idea:

“Como base de un buen líder estará en un futuro la tan citada inteligencia emocional, de modo que la innovación va a consistir en gestionar emociones en las organizaciones.”

He desaprendido lo que mi camino laboral ha intentado inculcarme y así he llegado a esta idea que deseo compartir con vosotros, por si sois líderes o si os atrevéis a decirle a vuestros líderes:

Para liderar hay que sentir, para liderar hay que emocionarse, hay que ser persona.

Foto: Pixabay.com

 

Sobre Sandra Fernandez Prado

 

Apasionada por aprender a lo largo de la vida: tomo nota de cada vivencia, agradezco cada oportunidad, disfruto cada proyecto, regalo mi implicación y me emociono con los detalles.

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