×

Mensaje de error

  • Unable to connect with the reCAPTCHA server (www.google.com): 110: Connection timed out
  • Unable to connect with the reCAPTCHA server (www.google.com): 110: Connection timed out
  • Unable to connect with the reCAPTCHA server (www.google.com): 110: Connection timed out

Rutina

Añadir nuevo comentario

Tan pronto la estamos buscando como queremos huir de ella...

En septiembre el verano toca a su fin y con él volvemos a la rutina en un mes en el que trazamos, de nuevo, nuestra hoja de ruta personal como si se tratara de un nuevo listado de propósitos de Año Nuevo que viene marcado por la llegada del cambio de estación.

Otoño suele llegar con fuerza tras el merecido descanso y disfrute que nos otorgan las vacaciones de la época estival.

Mejoras, nuevos propósitos y ciertas ganas de “volver a la rutina” se entremezclan mientras el despertador suena a las siete-treinta de la mañana a la vez que una veintena de verbos reflexivos se apoderan de nosotros. Levantarse, desperezarse, ducharse, vestirse, peinarse, maquillarse, acicalarse... dan paso a prepararse un desayuno de café con cinco galletitas “María” mientras leemos, en nuestros teléfonos, algunas de las noticias de las primeras horas del día. Cepillarse los dientes y sacar a pasear a Toby. Cada mañana sacamos al perro dando una vuelta a la manzana una media de veinte minutos. Después, coger el bus que a su vez nos llevará al metro que a su vez nos llevará a la parada más próxima al trabajo y desde la que andaremos los últimos diez minutos hasta llegar a nuestra oficina. Con cierta puntualidad y tras una serie de educados “buenos días” encendemos el ordenador para ver el planing del día. Contestamos algunas llamadas, haremos otras y respondemos a los correos electrónicos de nuestro buzón de entrada. Todo, más o menos lo realizamos en el mismo orden, formando parte de una especie de ritual de nuestra propia existencia. Son las once de la mañana, hora en la que salimos a desayunar con Natalia, la compañera de la mesa de al lado. Un café con un buen zumo de naranja y media tostada de aceite de oliva y jamón, que hay que continuar la jornada...

Del francés routine, de route 'ruta' según el diccionario de la RAE, la rutina se define como una costumbre o hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y de forma más o menos automática que nos permite realizarlas sin razonar.

Los humanos somos seres rutinarios, animales de costumbres dijo Charles Dickens refiriéndose al hecho de repetir una y otra vez una serie de actos que, continuados, llegan al punto de no echar cuenta ni de la reflexión ni la decisión para llevarlos a cabo.

Nuestro día a día queda marcado por una serie de conductas cotidianas que nos hacen sentir que tenemos todo “más o menos” bajo control. 

Este automatismo no es más que una buena oportunidad de hacer una cosa mientras estamos pensando en otra. Siendo la rutina un buen momento en el que liberar a nuestro cerebro de un montón de trabajo, concretamente, de la toma de decisiones poco trascendentales y que pertenecen al ámbito de lo cotidiano.

La rutina nos permite aprender cosas nuevas gracias a que tenemos ciertos hábitos adquiridos, y eso junto con una buena dosis de disciplina nos ayudará a centrarnos en otros objetivos y conseguir gestionar aún mejor nuestro tiempo y nuestra vida.

La rutina nos proporciona tranquilidad, seguridad, eficiencia y bienestar tanto físico como psicológico.

Sin embargo hacer todo los días lo mismo es tan beneficioso como perjudicial. Levantarse cada día a la misma hora, realizar las mismas tareas en el trabajo,  ver el mismo programa de televisión durante años o salir a cenar al mismo restaurante cada sábado puede que nos haga caer en una rutina en la que el aburrimiento, la pesadez, el hastío, la apatía, el cansancio, la frustración, la desgana y el vacío estén a la orden del día llenando nuestra vida de un sentimiento de insatisfacción.

Ese es el momento en que la palabra RUTINA se llena de connotaciones negativas haciéndonos sentir que improvisar o cambiar de hábitos puede llegar a ser un verdadero placer para nuestro día a día.

En determinadas ocasiones es necesario romper con la rutina antes de que ésta se conviertan en un problema para nuestro estado de ánimo.

Hábitos demasiado rígidos, horarios demasiado marcados, un excesivo control del “yo” o tener responsabilidades que van más allá de poder tomar una decisión personal pueden hacer que nuestra zona de confort empiece a no ser tan confortable y que nuestra forma de actuar en “piloto automático” sea de todo menos estimulante. Ese es el peligro, hay que recuperar  la ilusión y sobre todo las ganas de entrar en acción.

Tendríamos que poder saber romper con la rutina siempre que quisiéramos, siempre que lo necesitáramos, y generar en nosotros el cambio.

A veces los pequeños cambios son suficientes para conseguir disfrutar más de la vida, otras, el cambio requiere romper de una forma más radical.

Hace algunas semanas y coincidiendo con mi vuelta de las benditas vacaciones me encontraba planificando mentalmente la vuelta a mi rutina diaria, esa rutina que en cierta manera me agrada y me hace sentir bien por tener responsabilidades, horarios y hábitos cotidianos que, en definitiva, me hacen valorar mi tiempo libre y esas otras cosas que me gusta hacer y disfrutar fuera de esos horarios o quedan a merced de la más maravillosa de las improvisaciones. No sé dónde puede estar el término medio para encontrar el equilibrio en el que, ni por exceso ni por defecto, nos veamos afectados por la desidia, el hartazgo o la monotonía... quizás la clave de todo ésto esté en que cada cual pueda sentirse libre de poder romper con su rutina en cualquier momento.

Feliz vuelta!

Marta Chica

Sobre Marta Chica

Licenciada en Psicología y de profesión Orientadora laboral.

¿Quieres hacer un curso con Marta Chica ? apúntate aquí

Add comment

Ruteando con Sara-El mundo Freelance

Buenas Prácticas Ruteras

Newsletter