Rompamos nuestros esquemas

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Imagina la siguiente situación: estás en tu casa viendo un programa de debate en la televisión y uno de los invitados es Mariano Rajoy. Sólo le escuchas a medias, mientras habla sobre su línea política, impuestos, políticas sociales... De repente en voz baja, dice algo totalmente inesperado para ti: ha decidido permitir el referéndum sobre independencia de Cataluña.

De repente prestas atención con todos tus sentidos, ¿es cierto lo que ha dicho?, ¿puedes creer lo que oyes?

 

Este extraño ejemplo sirve para ilustrar cómo en general, tendemos a prestar más atención a la información que es inesperada o inconsistente con nuestras expectativas que la información que es esperada o consistente. La información sorprendente no cumple con los esquemas que tenemos del mundo que nos rodea. Estos esquemas nos dan estabilidad y constituyen el marco de referencia con el que comparamos las cosas y evaluamos lo que tenemos alrededor, la idea de cuán inteligente es una persona, cuán simpática, etc, depende de estos esquemas que todos tenemos, de nuestra idea de la inteligencia, de qué es ser muy inteligente, etc.

Ahora lee esta información: “ Pedro es un estudiante de Derecho que ha obtenido las puntuaciones más altas de la carrera. Espera poder encontrar trabajo pronto en un Gabinete de abogados. Es una persona sociable y un buen amigo de sus amigos. Ha trabajado para costearse la carrera y su manutención, más elevada por otra parte ya que pierde con frecuencia el teléfono móvil, teniendo que comprar uno nuevo. Ha compartido piso y nunca ha tenido problemas con sus compañeros en la convivencia.

Ahora piensa, ¿ qué parte de la información es la que más te resalta cuando piensas en Pedro? Es posible que hayas dicho que “ pierde con frecuencia el teléfono móvil” y estarás con la mayoría. Está demostrado que prestamos más atención a la información negativa que a la positiva cuando observamos a los demás. Si alguien nos dice 20 cosas positivas y una negativa, esta es la información en la que tendemos a centrarnos y la que luego recordaremos más.

La información negativa puede alertarnos de posibles peligros y por tanto tiene una función positiva para nosotros, pero corremos el riesgo debido a que la atención es limitada de pasar por alto otro tipo de información igualmente válida.

Todo lo que nos rodea y la manera en la que lo percibimos no es cien por cien objetivo. En este punto hay que tener en cuenta el principio de economía cognitiva por el cual tendemos a prestar menor atención a las cosas que consideramos menos importantes para nosotros y en muchas ocasiones ignoramos aquello que difiere notablemente de nuestras ideas o de nuestros marcos de referencia ya que supone pensar de más.

A su vez, los afectos, juegan un papel determinante en la manera en la que atribuimos comportamientos de los demás, los juzgamos, los evaluamos por no hablar ya de nosotros mismos y de nuestros propios comportamientos y como los vemos. Todos conocemos personas que piensan que nunca se equivocan, o que tienden a hacer responsables de lo que les sucede a terceras personas por ejemplo. Sin embargo, también está demostrado que cuando hablamos de los demás, en gran medida estamos hablando también de nosotros mismos, intentando proteger nuestros puntos débiles, proyectando cosas de nosotros y poniendo en marcha resortes que hacen que nos sintamos más seguros.

De la misma manera, la ley del mínimo esfuerzo o principio de economía cognitiva hace que establezcamos etiquetas a las diferentes situaciones, vivencias y a las personas.

De ahí que las primeras impresiones sean importantes, una vez que ponemos atributos a una persona o la definimos, la etiquetamos, tendemos a dejar de prestar atención a la información que va en consonancia con esos atributos y solamente nos extrañamos y ponemos el foco de atención cuando algo de esa persona no nos cuadra con nuestros esquemas. Por ejemplo, nuestra amiga que es muy educada y muy refinada y en una conversación de diez minutos dice un taco, seguramente si tenemos que hablar con un tercero diremos “ Sonia ha dicho un taco que me ha sorprendido viniendo de ella”, lo cual no quiere decir que esa información sea la más relevante, de hecho igual no valga nada en el mensaje que Sonia nos trasmitió, pero funcionamos así.

No somos robots, no somos cien por cien objetivos. Tenemos que ser conscientes de nuestras limitaciones, de nuestros atajos mentales. Hagamos un esfuerzo y prestemos atención con más frecuencia a toda la información que tenemos a cerca de la realidad que nos rodea, que nos entra, se trata de  ser flexibles y estar abiertos a todo lo que nos llega, sabiendo eso, que no somos objetivos.

Sobre Fernando Álvarez

 

Psicólogo colegiado y Máster en Prevención de riesgos laborales en las especialidades de Ergonomía y Psicosociología aplicada, Higiene Industrial y Seguridad en el trabajo.

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