¿Quién me quiere a mí?

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!Yo te quiero! Te quiero para hacer las camas, lavar mi ropa, limpiar los baños, las ventanas y pasar la aspiradora.

Te quiero para limpiar las alfombras, sacar la basura, sacar al perro y podar las rosas del jardín. Te quiero para que limpies las habitaciones y planches. Quiero que acompañes a mi padre y no le dejes ni un minuto solo. Quiero que le cuides, lo acicales, le cambies el pañal, le des las medicinas, quiero que prepares la comida y le saques a pasear. Quiero que cuides a los niños mientras yo no estoy en casa. Quiero todo esto y lo quiero al margen de la ley o ... quiero todo esto pero te doy de alta cuatro horas pero en realidad me trabajas diez o ... el trabajo es de interna con un día de descanso a la semana, ¿el salario? 400 euros, el resto va en especie que para eso te doy alojamiento y comida gratis o ... vamos a llevar a mi madre a una residencia así que ya mañana no vengas, ... No siempre es así pero estas son algunas de las situaciones con las que se encuentran cada día aquellas personas que trabajan en el servicio doméstico y los cuidados personales en el hogar.

El trabajo doméstico se define como el conjunto de tareas que se realiza en casa. La trabajadora doméstica o empleada de hogar es la persona asalariada que tiene como funciones realizar las tareas propias del hogar, el cuidado de los miembros de la familia y otros trabajos de tipo acompañamiento y/o jardinería, siempre que formen parte del ámbito familiar. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, el empleo doméstico es un trabajo desarrollado mayoritariamente por mujeres y en el que según estimaciones de la misma fuente, un 30% de ellas está dentro de la llamada economía sumergida, es decir todavía un tercio del sector trabaja en negro. Es un trabajo feminizado en el que además un alto porcentaje de estas mujeres son inmigrantes, especialmente latinoamericanas, aunque también encontramos a mujeres rusas, ucranianas o marroquíes que ven en el servicio doméstico (y en el cuidado y acompañamiento a personas) la única vía para acceder a un empleo debido a que es un trabajo no cualificado y poco valorado, enfrentándose por ello en ocasiones a situaciones de especial vulnerabilidad, explotación y discriminación.

Raro es el día que no acude al centro donde trabajo una mujer que trabaja o ha trabajado en el servicio doméstico, un trabajo invisible que cuenta con muy poco reconocimiento.

Cuando salimos de casa apresurados para no llegar tarde al trabajo ellas entran en nuestra vida. Les confiamos lo que más queremos: nuestra casa, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros enfermos e incluso, a veces, hasta nuestras mascotas, y sin embargo en muchas ocasiones no nos planteamos ni siquiera la posibilidad de hacerles un contrato. Su jornada laboral mejor por horas y sus salarios, habitualmente, tirando a lo bajo. Suelen trabajar más horas de las que se reflejan en sus contratos (si es que los tienen) y cuando se quedan sin trabajo, no tienen ni siquiera derecho a paro.

Resulta paradójico que un trabajo con tanta responsabilidad y que requiere de tanta confianza reciba tan escasa valoración y desigualdad en cuanto a condiciones y derechos con respecto a otros empleos.

La ley exige que estén dadas de alta desde la reforma legal del 2011, así las empleadas de hogar pasaron (al fin) a formar parte del Régimen General de la Seguridad Social dentro de un Régimen Especial de Empleados de Hogar. Fue sin duda un gran avance. Empleadas del hogar y cuidadoras verían regularizada su situación. Los empleadores tendrían la obligación de dar de alta a sus empleadas y pagar su cotización desde el primer momento en que ponían un pie en  casa. La finalidad de todo esto no era otra que intentar reducir el alto porcentaje de economía sumergida que sufría el sector, que pudieran cobrar una pensión, tener derecho a prestación por accidente no laboral o enfermedad común, salario mínimo, vacaciones, días libres y bajas en caso de accidente laboral.

Repito, fue un gran avance sin embargo todavía hoy seguimos arrastrando algo que por ley resulta incomprensible: las trabajadoras del hogar y cuidadoras no tienen derecho a paro ya que no cotizan por prestación por desempleo. Algunas incluso desconocen ese detalle y llegan a orientación buscando una explicación. Es desolador porque en definitiva, y sin querer, estás explicándole que su trabajo no está totalmente reconocido como un trabajo y que es así por ley. Imaginad la cara que se le queda a Dorka, inmigrante dominicana, después de estar dos años y medio trabajando de interna al cuidado de una persona enferma que tras fallecer se encuentra, al día siguiente, sin empleo y sin prestación.

Existe mucho desconocimiento en torno a todo esto. Por parte de ellas porque no conocen bien sus derechos y obligaciones. En muchas ocasiones el empleo doméstico es la única posibilidad de obtener ingresos económicos y se ven  obligadas a aceptar trabajos por salarios muy bajos, con o sin contrato, haciendo tareas que no les corresponden o sufriendo abusos y menosprecios de diferente índole o naturaleza.

Por parte de los empleadores también encontramos muchas dudas acerca de ¿cuánto debo pagar? ¿cuánto es el precio/hora? ¿tengo que darle de alta si sólo quiero que venga unas horas a la semana? ¿vacaciones? ¿se las tengo que pagar? ¿y si se pone mala? ¿cuánto cuestan los seguros sociales? ¿cuánto cobra una interna? … Dar respuesta a todas estas preguntas es sencillo, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social publica cada año una guía llamada “Servicio del Hogar Familiar”, documento descargable en el que resolver incógnitas en cuanto a contratación, retribuciones, jornada, vacaciones, permisos o extinción de contrato.

Cada vez que entrevisto a una mujer que me cuenta sus peripecias en el empleo doméstico pienso en lo difícil que es poner precio al trabajo que realiza y lo importante que es hacerse voz y dignificar su profesión.

¿Quién me quiere a mí? Decía Graciela al acabar su jornada laboral echando horas sueltas limpiando casas en distintos domicilios de la ciudad. ¿Quién me quiere a mí? Cuando al acabar el día no tengo la recompensa de un salario justo por el trabajo bien hecho.

¿Dónde está el reconocimiento de un trabajo invisible que solo se hace visible cuando no se hace?

¿Quién te quiere a tí?

Empieza queriéndote a ti misma... Graciela, Dorka, Carmen, Rosario, Svetlana o Samira... exigiendo tus derechos y aceptando únicamente trabajos de calidad. Eres una profesional, no olvides que para esa familia eres imprescindible. Exige un contrato por escrito en el que se regule tu relación laboral y en el que aparezcan algunos datos importantes como tu salario, el horario y las tareas que vas a realizar. Hacerte un contrato no es algo que te merezcas como muestra de gratitud por tu actitud o “buen hacer” sino que es una obligación del empleador en base a una ley. Recuerda que la jornada laboral máxima es de cuarenta horas semanales, que tienes derecho a descansos y/o vacaciones y que no puedes cobrar menos del salario mínimo interprofesional. Cobra las horas extra si trabajas más horas de las establecidas y no olvides pedir o recibir copia o resguardo del recibo de tu sueldo. Recuerda que si vas a trabajar horas sueltas también es obligación del empleador formalizar el contrato y que se refleje bien el día y las horas en las que vas a ir a trabajar. Si el trabajo que vas a realizar en una casa es de régimen interno tienes que saber que la familia te tiene que proporcionar una habitación digna, privada, limpia y amueblada y que la alimentación sea sana, suficiente y (como mínimo) contar con desayuno, comida y cena. Ten en cuenta que realizas una de las ocupaciones más importantes que se desarrollan dentro de la vida cotidiana. Sois uno de los colectivos más vulnerables en cuanto a sufrir situaciones de maltrato, abuso, explotación o violencia al ser un trabajo que se realiza en un ámbito privado, de puertas para adentro. En ese caso no dudes en ponerlo en conocimiento de tu entorno, la propia familia, la policía o buscar ayuda y/o asesoramiento de alguna asociación, institución o entidad que puedan ayudarte. También vas a encontrar a familias maravillosas, justas y respetuosas que no van a querer que te vayas, que van a valorar el papel importante que desempeñas en su día a día... que no te van a olvidar.

Cuanto más te valores a ti misma y valores tu trabajo mayor será el reconocimiento y valoración de los demás.

Debemos ser conscientes la importancia de cuidar a todas las mujeres y hombres que, a través de su trabajo, nos cuidan y hacen que nuestro día acabe siendo mucho mejor.

No lo olvides, si precisas de una persona que te ayude con los niños, cuide a tus padres o realice las tareas de casa... no lo dudes, contrata.

Fuentes consultadas:

  • Guía de los empleados de hogar, Ministerio de Empleo y Seguridad Social. 2017.
  • Manual de Buenas Prácticas para Trabajadoras y Empleadoras del Servicio Doméstico, Organización Internacional del Trabajo. Santiago, 2013.
  • Manual de Buenas Prácticas en el Trabajo Doméstico, Asociación para la Igualdad y la Solidaridad, AIS. Granada, 2017.

Sobre Marta Chica

Licenciada en Psicología y de profesión Orientadora laboral.

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