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¿Qué más da si iguales o diferentes?

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Desde bien pequeña me he encontrado con personas, que ejercían de una forma instintiva un rol de líder.

Claro está que a mediados de los 70 cuando dábamos con una persona así, al no conocer este vocablo de origen anglosajón, usábamos el término “dominante”.  Y lo cierto, es que en muchas ocasiones, íbamos cargados de razón.

 

Ya en nuestra infancia nos encontramos con “amigos”, por decir algo, que nos planteaban ciertas exigencias para serlo. Tenías que cumplir ciertos estándares o lo tenías crudo.

 

Habías otras personas que, directamente encajaban y eran aceptadas en el grupo. ¿La razón? Eran prácticamente un clon del líder.

 

¿Justo? Para nada, pero real como la vida misma. Con la edad, empiezas a valorar si te merece la pena plegarte a las exigencias de los demás para conseguir su aprobación.

 

En mi caso, la tentación de la aceptación estaba ahí, no obstante mi instinto me aconsejaba y decía al oído que si alguien me valoraba de verdad, me aceptaría tal y como era. Y así lo hice y sigo haciendo a día de hoy.

 

Lejos quedan ya los días de infancia y colegio, pero las situaciones se vuelven a producir. Tanto en el ámbito personal, como en el ámbito laboral. ¿Os parece raro?

 

Creo que estaréis desacuerdo conmigo en que esto sucede así. No digo que sea algo generalizado pero de nuevo los adultos nos encontramos con “cuchipandis” a las que se pertenece bajo un santo y seña particular o en ambientes laborales donde hay que ser casi un soldado de la República al más puro estilo Star Wars para encajar.

 

A mi me encantan las personas, todas las personas. Es cierto que con algunas me resulta más sencillo relacionarme, vamos, que hay más feeling, y con otras no tanto. Pero creo de verdad que todos tenemos mucho que aprender unos de otros. Es por ello que, tanto si tenemos más en común como menos, todos somos igual de válidos.

 

Por una parte os animaría a observar aquello que os hace diferentes  a las personas de vuestro entorno y hacer una valoración positiva de la aportación que esas diferencias suponen en la interacción humana. Y no te quedes con una visión sesgada y egoísta de valorar sólo aquello que te diferencia  a ti de los demás. Las diferencias enriquecen a un grupo, y tienen el poder de hacerlo evolucionar y avanzar si son bien gestionadas.

 

También, ¿cómo no? os invito a hacer el ejercicio de ver los puntos en común. Aunque no conozco   la razón hay personas que son buscadoras de diferencias y se quedan ahí. Incluso entre las personas que son muy diferentes entre sí, hay puntos de unión, cosas en común.

 

Sería tan positivo, alejarnos de los extremos para acceder a una visión mucho más amplia y enriquecedora de las relaciones.

 

¿Qué me dices? ¿Te apuntas?

 

Foto: www.pixabay.com

 

Sobre Amparo Aparisi

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