¿A qué esperas para salir de tu zona de confort?

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¿A quién no le da miedo salir de su zona de confort? ¿Quién prefiere quedarse en ella? ¿Es bueno estar en la zona de confort, es malo…?

 

Hemos oído hablar tanto de la famosa “zona de confort”…

Hemos oído decir que hay que salir de ella, que fuera es donde suceden las mejores cosas, hemos oído decir que no, que es mejor quedarse en ella y ampliarla, bla, bla, bla…  tanto hemos oído y leído sobre ella que parece que si no sales, nunca te va a pasar nada bueno.

Sabemos que existen tres zonas:

  • Zona de confort
  • Zona de aprendizaje
  • Zona de pánico

También sabemos que a casi nadie le gusta ir más allá de su zona de confort, a pesar de saber que fuera de ella es donde sucede la magia. Que es el lugar donde podemos crecer, aprender y desarrollarnos ampliando nuestros horizontes más allá de lo que podamos pensar.

Pero también sabemos que salir de ella es aterrador en muchos casos.

No te engañes. Piensa en todas esas cosas que te dan pánico y que no quieres  hacer por esa razón; tareas como hablar en público, asumir nuevas responsabilidades, enfrentarte a situaciones complicadas…

El problema es que sabes que estas tareas además de desagradables son necesarias. Y a medida que crecemos vamos aprendiendo y encontrándonos con todas esas situaciones a las que tememos enfrentarnos y en las que debemos adaptar nuestro comportamiento.

Y que si no tenemos la habilidad y el valor para afrontar algunas de estas situaciones, podemos estar perdiendo grandes oportunidades.

Pero, ¿cómo podemos evitar estas situaciones desagradables, pero que al mismo tiempo pueden llegar a ser beneficiosas para nosotros?

Sé honesto contigo mismo. Cuando rechazaste aquella oportunidad de hablar en público, era en realidad ¿porque no tenías tiempo de prepararla o porque tenías miedo? Y aquella vez que no resolviste aquel malentendido con tu compañero de trabajo, ¿era porque pensabas que no merecía la pena discutir o porque tenías miedo al conflicto?…

Haz un inventario de todas esas excusas que te das a ti mismo para evitar  esas situaciones fuera de tu zona de confort y pregúntate si son ciertas o si estás engañándote a ti mismo.

Ten en cuenta que no vas a ser capaz de superar la falta de acción sin ser honesto con cuáles son tus motivos reales.

Plantéate retos pequeños. Sé realista y márcate un objetivo y una estrategia para llegar a él. Arriesga, pero al mismo tiempo sé prudente. Identifica aquello que te resulta más complicado de llevar a cabo en una situación concreta y busca varias soluciones hasta adaptarla a la forma en que te resulte más sencillo, para de este modo personalizarla.

Imagina que tienes como reto hablar con un grupo de desconocidos en un evento de networking. En lugar de sentirte presionado por la situación y evitar acudir al evento, céntrate en una o dos personas de la sala que te resulten afines y trata de entablar una conversación con ellas.

Se trata de que tomes el control de la situación y que la adaptes a ti.

Una vez que decidas salir de tu zona de confort, aunque te resulte incómodo, y pongas en marcha tus habilidades, te darás cuenta que todo eso a lo que temías  inicialmente, al final no era tan malo como pensabas.

Te darás cuenta de que tienes más poder del que pensabas.

Y después de haber dado el paso, te sentirás satisfecho por haberte dado la oportunidad de crecer, aprender y desarrollarte de forma personal y profesional.

Ampliando o saliendo de tu zona de confort, qué mas da!!

“Un objetivo, una meta, un blanco, sirven para determinar la acción de hoy y obtener el resultado de mañana.”  
                                                                                                                                                                                                      Peter Drucker

 

Sobre Olga Ferrera

Psicopedagoga y Ms. en Dirección de RRHH (Univ. Oviedo). Habilidad en gestión de personas y proyectos, con experiencia en liderar equipos de trabajo, destacando la empatía y la facilidad de trato.

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