¿Qué conciliación ni qué niño muerto?

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Actualmente se ha puesto muy de moda el término “conciliación laboral”. Debe ser algo políticamente correcto y tristemente uno de los pocos, si no bien único,  punto de encuentro entre los aspirantes a máximo responsable político de nuestra querida piel de toro. 

Recuerdo la primera vez que escuche el concepto. Sonaba muy bien, sobre todo en personas que lo manejan a diario. Yo por aquel entonces necesité varias explicaciones y algún qué otro ejemplo para llegar a entenderlo. ¿Qué le vamos a hacer? 

 

Como idea no estaba mal. Inmediatamente me resultó atractiva. Sí señor, aquello estaba bien pensado. No podía haber nada malo en ello. Pues mira por donde, a día de hoy no lo tengo tan claro.

 

Como en la gran mayoría de casos, toda situación tiene diferentes puntos de vista desde la que enfocarla. ¿Qué pasó? Pues lo que tenía que pasar. Que cuando te acercas para mirar de cerca el nuevo concepto, la conciliación, sucede, o al menos así fue en mi caso, lo mismo que cuando repites una palabra de uso corriente hasta la saciedad. Dejó de tener sentido.

 

Imagino que más de uno debe estar pensando ¿pero qué dice esta tía?. Estáis en pleno derecho, y es más, os pido que lo ejerzáis, a estar en desacuerdo conmigo, pero dejadme que os explique el porqué de mi opinión.

 

Para empezar, el concepto lleva años intentando poner un parche en los neumáticos laborales de millones de trabajadores, con medidas diseñadas desde el interior de un confortable despacho por un equipo de directivos que tienen potestad para decidir hasta dónde llega su jornada laboral y no necesitan rendir cuentas a nadie cuando un imprevisto aparece en su vida personal.

 

Llegado el caso del afortunado trabajador de a pie. Afortunado porque su empresa ha decidido elaborar un plan de conciliación. Este plan tan “chic” incluye horarios flexibles, tan flexibles que están compuestos de horas interminables, de añadidos y extras que no estaban incluidos en el contrato. Y tristemente, así sucede.

 

¿Exagero? Pues en algunos casos sí y en otros seguramente me quede corta. Prosigo. ¿Qué tiene el plan contemplado para cuando te pones malito? Pues igual de malita se pone la cosa. Que pierdes un día, pues ya habrá tiempo de recuperarlo.

 

Pero ese supermegaplan no acaba aquí. La cosa mejora. La guinda del pastel la pone la posibilidad del teletrabajo. Sí, porque ahora se puede trabajar desde casa. Estos jefes han pensado en todo. Ahora vas a poder realizar tu actividad laboral desde la comodidad de tu confortable salón. Y yo, junto con otros muchos profesionales, cuya presencia física es totalmente necesaria para el ejercicio de su profesión, voy y me lo creo.

 

No me cabe duda que en determinados sectores, y, dependiendo de cada empresa, la anhelada conciliación sea posible. Pero hemos de reconocer que, en muchos más casos de los que a mí me gustaría, ha quedado en una declaración de buenas intenciones.

 

A decir verdad, creo que el término conciliación tiene un significado muy personal y diferente no solo en cada ámbito profesional, sino para cada persona. De poco sirve un perfectamente redactado y maquetado plan si no responde a las expectativas y necesidades de sus potenciales beneficiarios.

 

Foto: pixabay.com

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