Punto y final. ¿Y ahora qué?

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“Y justo cuando la oruga pensó que era su final, se transformó en mariposa”. Anónimo.

Confucio decía: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”. Pero claro está que no todo el mundo logra disfrutar al mismo tiempo que se gana la vida… Hay quienes perciben el trabajo como un simple medio para conseguir un fin; otros, que por una cuestión de necesidad, se conforman con asumir un puesto que les ofrece la flexibilidad que necesitan; algunos, priorizan la comodidad de trabajar a escasos metros de su casa. Sin embargo, los más valientes, luchan por perseguir sus sueños independientemente del sacrificio que esto les suponga.

Muchos expertos en orientación profesional te dan las claves para encontrar un buen empleo y te ayudan a conseguir la satisfacción plena en el trabajo. Sin embargo, son muchas las batallas que hay que ganar para conseguir los objetivos que cada uno de nosotros tiene. Y no todos los obstáculos que nos encontramos por el camino dependen exclusivamente de nosotros… Pero, ¿qué pasa cuando has conseguido todo lo que ha estado de tu mano y la vida te dice “hasta aquí has llegado”? ¿Estamos preparados para afrontar el proceso de jubilación?

Probablemente, cuando piensas en esta etapa de la vida se te pasan por la cabeza un millón de planes que te gustaría llevar a cabo: puede que sueñes con invertir tus ahorros y recorrer el mundo; quizás te animes a aprender un nuevo idioma o incluso consideras que es el momento perfecto para ponerte en forma y volcarte con el deporte. Es probable que decidas invertir el tiempo en esa afición que un día decidiste aparcar por falta de tiempo.

Pero, seamos honestos: creo que en los tiempos que corren, muchos nos preguntamos “¿Tendremos la suerte de poder disfrutar de esa etapa?”.

Dejando a un lado la crítica situación económica que nos acontece, si pudiéramos hacer una encuesta para sondear cuántas de esas personas llevan a cabo verdaderamente sus planes, nos asustaríamos al darnos cuenta de que más de la mitad se quedan por el camino. Y pensarás: “¡¡Pero si tienen todo el tiempo del mundo!!”.

¿Y por qué son tantas las personas que se paralizan? No todo es un camino de rosas… Hay varios hándicaps que no hacen más que nublar al resto de factores positivos y son, de hecho, los causantes de ese “estado de bloqueo mental”. Hablo del estrés, de la inseguridad, de la reducción de la autoestima, de esa sensación de pérdida de valía personal. ¡¡Y por no hablar de la edad!! Es como si alguien nos frenara los pies para recordarnos lo mayores que somos. Además, nos pone el contador a cero y nos dice: “Ahora es tu turno”.

Se trata de un momento de inevitable reflexión en el que miras hacia atrás y valoras todo aquello que has hecho bien. Eres crítico contigo mismo, lamentas tus errores a la vez que afianzas tus éxitos. Y dominado por la sensibilidad del momento, quizás hagas un balance global de tu vida y apuesto a que la familia comienza a cobrar un rol esencial a partir de entonces. Será, probablemente, la protagonista.

Y la pregunta es: ¿Qué hace a una persona un perfecto jubilado? ¿Te has parado a pensar en las competencias o actitudes que éste debe reunir para ser calificado como tal?

Yo asumo el reto y me atrevo a diseñar el perfil ideal que te convierte en alguien destacable y excepcional en el momento de tu jubilación:

  • Capacidad de adaptación. ¡¡Y vaya si tienes que ser flexible!! Comienza una nueva etapa en la que vas a tener que adaptarte a una situación completamente distinta a la que estabas acostumbrado. A partir de ese momento, te enfrentas a una vida sin hábitos profesionales preestablecidos y sin horarios.
  • Gestión del tiempo. Como dueño de tu tiempo, vas a tener que administrarlo de manera equitativa y lo más relevante: con una completa autonomía. De manera que tendrás que establecer prioridades y saber que, aparte de ti mismo, también deberás tener en cuenta a las personas con las que convives.
  • Organización. ¿Te imaginas tener todo el tiempo libre para hacer lo que deseas? Parece fácil, pero en absoluto lo es. No puedes engañarte a ti mismo e iniciar varias actividades para luego no poder realmente asumirlas. Tienes que planificarte y reflexionar sobre qué cosas crees que pueden tener una continuidad a largo plazo y que, además, van a provocarte una satisfacción personal.
  • Compromiso. Si dices que vas a hacer algo, ¡¡que sea a conciencia!! No vale eso de: “En septiembre me apunto al gimnasio” o “En enero dejo de fumar”. Medita antes de programar tu futuro. Y saca toda tu fuerza de voluntad para crear tus propios hábitos.
  • Constancia. Habrá cosas que hagas de manera puntual en tiempo de ocio, pero otras muchas que serán parte de tu propia rutina diaria. Para estas últimas, deberás demostrar ser constante y que, si las haces, es por un motivo lo suficientemente importante como para seguir haciéndolas en un futuro. La clave está precisamente en la perseverancia.
  • Se requiere de una experiencia acumulada tras muchos años de trabajo, de desempeño, dedicación y de sacrificio. Pero todo esto irá acompañado del requisito más importante: la madurez y los conocimientos que te da la vida. Una vida que se construye a través de los años y que, a base de aprender de los errores y de sacar partido a los éxitos conseguidos, te hacen seguir adelante y llegar al punto en el que hoy te encuentras.

He tenido la suerte de tener cerca una persona muy especial que acaba de enfrentarse, sin miedo, a la jubilación. De hecho, fue ella quien me inspiró para escribir estas palabras. Ojalá todos lo hicieran con la misma valentía y fuerza que ella ha demostrado desde el primer momento… Viendo siempre el vaso medio lleno y sacando el lado positivo a cada desventaja.

Con mucho orgullo y admiración, la felicito porque ella ha superado con creces el proceso de selección...

Sobre Carla García-Mori

 

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