Prácticas profesionales NO laborales, ¿Qué son y qué pueden aportarme?

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“El aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información”. Albert Einstein.

“Es que tengo la sensación de que no sé nada. He acabado los estudios y ¿qué se hacer?”

Independientemente de los estudios que hayamos cursado, sean más o menos completos, más o menos teóricos o prácticos, es común experimentar esa misma desagradable sensación. El miedo a lo desconocido, a lo nuevo, al abismo… desde que empiezas a estudiar, cada año has tenido una plaza asegurada al año siguiente y, casi de repente, es tu último año y en solo unos meses, ya no habrá nada seguro. Es común dudar entonces de todo lo que has aprendido. Y casi te arrepientes de no haber prestado más atención en tal o cual asignatura y de haber faltado a alguna que otra clase… Parece como si, después de varios años estudiando, lo único que hayamos aprendido es a ser estudiantes. Y, a veces desgraciadamente, no vamos muy desencaminados. La mayoría, en cambio, se trata simplemente de una sensación.

Es cierto que a muchos planes de estudios se les echa en falta tener una formación práctica más completa. Precisamente aquí, es donde la Formación Profesional puede presumir con respecto a la Universidad (aunque la Universidad puede presumir de otras facetas, claro). Esto ayudaría a minimizar esa sensación y proporcionaría un contacto con el mundo laboral muy útil para conocer de manera más cercana el sector al que nos queremos dedicar.

Igual de cierto es que algunas empresas se aprovechan de esta iniciativa cuyo origen perseguía un claro propósito de ayudar a mitigar esa limitación, pervirtiéndolo hasta convertirlo, en alguno casos, en descarados abusos contra los derechos de las personas trabajadoras, lo que ha contribuido a crear una mala prensa que no merecen. No me atrevería, sin embargo, a asegurar que se trate de una práctica habitual entre las empresas, si no que casos muy mediáticos (a muchas nos viene a la mente el del cocinero Jordi Cruz) han vuelto a llamar la atención sobre esta situación.

El objetivo de las Prácticas Profesionales no laborales es, por un lado, proporcionar una primera experiencia laboral a las jóvenes que, a pesar de contar con los conocimientos, con las aptitudes y con las ganas necesarias, encuentran en la falta de esta experiencia el principal obstáculo para acceder a las ofertas de empleo. Y por otro, permitir a las empresas, sin tener que hacer una gran inversión de dinero, conocer las posibilidades y actitud de una persona, en un entorno real de trabajo. No olvidemos que acertar en una selección no siempre es fácil… De esta forma, una persona puede acceder bajo esta modalidad a una empresa y, si las expectativas de las dos partes se confirman, poder formalizar un contrato de trabajo con el que, además, podría beneficiarse de algunas bonificaciones.

QUÉ SON LAS PRÁCTICAS PROFESIONALES NO LABORALES

Se trata, en definitiva, de un programa de formación que permite a la persona tener la oportunidad de desempeñar un puesto de trabajo en alguna de las empresas que haya suscrito un convenio con los Servicios Públicos de Empleo, con el objetivo de mejorar su empleabilidad y lograr un primer empleo. Así, la persona firma un acuerdo con la empresa en la que va a desarrollar las prácticas (bajo la supervisión de una tutora) en el que se especifica, entro otros aspectos, el sistema de tutorías, el contenido de las prácticas y la formación que se le va a proporcionar. Esto garantiza que la persona conozca con antelación, qué tipo de funciones y tareas va a poder desempeñar y que, si por cualquier motivo, no se ciñesen a este programa, poder comunicárselo a su tutora (en este caso del Servicio de Empleo) para que se tomen las medidas oportunas. La duración del programa, de nueve meses no prorrogables, asegura el tiempo suficiente para poder involucrarse en la empresa y pretende no alargar una situación que debe ser transitoria.

Hay que tener en cuenta que, para poder optar a ellas, es necesario cumplir una serie de requisitos:

  1. Ser una persona joven de entre 18 y 25 años (29 si eres beneficiaria de Garantía Juvenil) desempleada e inscrita en la oficina de empleo.
  2. Poseer una titulación oficial, ya sea una titulación universitaria, de formación profesional o un certificado de profesionalidad.
  3. No haber tenido una relación laboral en la ocupación para la que se crean las prácticas, no superior a tres meses (no se tiene en cuenta para este cómputo, las prácticas que forman parte del currículo para la obtención de la titulación o certificado correspondiente).

Diferencias con otras prácticas:

  1. La más importante es que se trata de prácticas remuneradas. A diferencia de las prácticas que encontramos en los cursos de formación de certificados de profesionalidad, estas prácticas incluyen el pago por parte de la empresa de una beca cuya cuantía será, como mínimo, del 80 por ciento del IPREM mensual vigente.
  2. Hay un alta en el Régimen General de la Seguridad Social (aunque no existe relación laboral). Con lo cual, al finalizar las prácticas, tendremos un documento en el que conste la experiencia adquirida para poder presentarlo en la oficina de empleo y que conste como tal.

QUÉ PUEDEN APORTARME

Quizá la principal razón para acogerse a este tipo de acción es poder romper el círculo vicioso del requisito de la experiencia: no me contratan porque no tengo experiencia y no puedo adquirir experiencia porque no me contratan. Es decir el principal escollo que encuentran los jóvenes al finalizar sus estudios.

  1. Son una oportunidad para conocer el mundo laboral. Al margen de las tareas que vayas a desempeñar, que estén más o menos relacionadas con tu propósito laboral, una de las virtudes destacables es el poder conocer desde dentro cómo funciona el mundo laboral. No se trata de resignarse a aceptar cualquier práctica, ni mucho menos. Pero es cierto que, si hay un momento para “aceptar” ciertas cosas (y como principiantes, todas en algún momento lo hemos hecho) es este, cuando puedes “permitírtelo”. Ahora es el momento de probar, de arriesgar… de aprender. Quizá sea que siempre pienso que de todo se puede aprender, o que “hay trenes que no hay que dejar escapar”, o simplemente, que para decir que no, siempre hay tiempo.
  2. Es una manera de darte a conocer. Puede que para algunas personas las prácticas profesionales sean un abuso (“¡trabajar por poco más de cuatrocientos euros, si yo tengo una carrera!”) y no seré yo quien las contradiga, pero reconozcamos que, después de la carrera, aún nos queda mucho por aprender y que estas prácticas son una situación beneficiosa para ambas partes. Bien pensado, es una manera de dejar nuestra impronta, de demostrar todo aquello que no podemos escribir en un currículo y de exhibir nuestra marca personal.
  3. Facilitan adquirir y practicar ciertas habilidades profesionales imposibles de desarrollar en otros contextos. Seamos claros, por muchos moocs, cursos o libros que leamos, hay ciertas cosas que sólo se pueden aprender experimentándolas.
  4. Contribuyen a mejorar nuestro currículo. A partir de ese momento, ya no tendrás que volver a plantearte qué poner en el apartado de la experiencia. Ya no habrá que rellenar o hacer cábalas para pensar cómo completar un folio. A partir de este momento, ya tienes una base sobre la que construir.

Te animo a que revises el apartado de las Prácticas Profesionales no Laborales en busca de tu primera oportunidad laboral e, incluso, que vayas más allá, y que a la próxima empresa que vayas a llevar tu currículo les hables de las ventajas que tendría para ella sumarse a esta iniciativa, te ayudará a confeccionar una propuesta de valor y a darle motivos para que se decanten por tu autocandidatura. Mucha suerte!

Sobre Lourdes C. Inglés

 

Técnico de Orientación Laboral. Acompaño en la búsqueda activa de empleo, busco y comparto conocimiento. Haz lo que te haga feliz.

Profesión: Técnico de Orientación Laboral

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