¿Por qué no me sacan en los programas de expats con la de cosas que tengo que contar?

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Los programas de españoles viviendo en otras ciudades y países tienen gran aceptación, generan curiosidad en la audiencia y animan a otros tantos a intentarlo si la oportunidad surge. Pero, ¿es todo como se cuenta? ¿Hay más realidades en la vivencia de la llamada aventura de emigrar? ¿Se centran esos programas en tópicos y clichés propios de la ciudad donde residen? ¿Es la vida de expat un camino de rosas? Elena Lorente se estrena como rutera y nos cuenta su propia experiencia como guiri en Berlín, porque no soporta que le llamen “expatriada” porque de su Patria no le expulsaron sino que se fue voluntariamente.

Hola, ruteros. Me llamo Elena Lorente, soy madrileña y vivo en Berlín desde junio de 2012. Me pregunto si ruteros y lectores habrán visto el último programa que muestra cómo vivimos algunos españoles en la capital alemana y seguro que al leer “Berlín” piensan que soy artista, bohemia, guía turístico, CEO en una start-up, que me visto hipster, que soy muy “cool”, que no me bajo de la bici más que para dormir, que en Berlín se puede vivir sin conocer el idioma, que aquí todo el que llega se casa con un local… Nada más alejado de la realidad: soy psicóloga y case-manager en salud mental y servicios sociales, no soy hipster ni bohemia, no me apaño con la bicicleta pero sí genial con unos patines de hielo y además trabajo en alemán porque lo hablo fluido y es requisito indispensable para mi trabajo. Y tampoco estoy ni casada ni con novio alemán. Resumiendo, que no me sacan en los programas de guiris porque un perfil de este tipo es muy poco atractivo para mostrar a la audiencia lo bien que nos abrimos camino en la vida profesional y personal los españoles por el mundo.

En estos programas parece interesar solo lo bonito, lo atractivo, lo que pueda impactar a la audiencia y motivarle a que emigre. A veces crea efecto de llamada, mostrando algo alejado de la cotidianeidad: la televisión se basa en el efecto halo y en el impacto visual para crear una imagen de vida ideal. No van a mostrar aspectos negativos como desempleo, personas sin hogar u otros problemas socioeconómicos, sino el cuento de hadas y unicornios, que una disidente como yo no va a estropear narrando lo que observa en su actividad diaria. Por cuestiones laborales estoy permanentemente  en contacto con el lado más ingrato de la sociedad berlinesa: desempleados de larga duración sin posibilidades de colocación habiendo puestos suficientes, la frecuencia cada vez mayor de casos de depresión y ansiedad, o cómo personas con problemas de salud mental resisten burocracias larguísimas y llenas de pruebas a modo de videojuego de aventuras. Esto no lo quiere ver ni sentir la audiencia que sigue con avidez las aventuras de lujo de los españoles.

¿Por qué tanto reparo en mostrar otras vivencias?

Lo negativo parece no ser comercial, sobre todo si no hay morbo que lo acompañe, porque así se atrae a otro público distinto. Si un expat dice que no se siente bien una vez pasados unos meses en el extranjero, surgen los comentarios del tipo “vuélvete a casa si tan mal estás”, o quien no se cree que haya momentos complejos porque la vida maravillosa y llena de luz y color que muestra la televisión no se parece a esa narración dramática de la vida en el extranjero. La forma de resolver mentalmente esa disonancia es reprochando al expat que es su responsabilidad el haberse marchado. Es injusta esa regla no escrita del prohibido hablar de los problemas que se tienen fuera de casa, porque parece ser que quien se queja está siendo injusto para con las personas que en su país de origen no alcanzan sus objetivos, mientras los que hemos salido aparentemente sí los hemos conseguido y vivimos fenomenal. Honestamente, los altibajos son el pan nuestro de cada día de los expats.

Vivir como expat, guiri o como uno lo quiera llamar tiene su lado gratificante y su lado arduo. Decían los clásicos que “per ardua ad astra” pero a veces la adversidad puede sobrepasar a una persona y hay que tomar una decisión: ir hacia delante y fortalecerse, es decir, adoptar una actitud resiliente, o dejarlo todo antes de que no se tenga la fuerza psíquica suficiente para volver atrás. Cada uno es libre de tomar el camino que quiere o el que puede. No obstante hay que saber que para emigrar con éxito, hay que sobrevivir y adaptarse a un entorno que no es el nuestro por mucho que se le parezca.

¿Qué experimentamos los expats, es decir, los guiris cuando estamos fuera?

Además de que hemos mejorado laboral y económicamente, no se pueden dar consejos de todo o nada porque el factor de búsqueda de oportunidades por uno mismo tiene mucho peso. Si hay experiencia laboral pueden surgir oportunidades, pero sin experiencia y buscando en el sitio adecuado también es posible. A veces me he sentido como si en junio de 2012 no llegase una nueva treintañera a Berlín, sino un pollito recién salido del cascarón, ya que en algunos procesos de selección se me obvian mis años de experiencia en España y solo miran los cinco o seis últimos. Y con las cualificaciones y titulaciones lo mismo: seleccionadores muy entusiasmados con mi desarrollo en Alemania pero que muestran su decepción cuando ven que mi título de Psicología es de una Universidad española. En estos casos no debemos desmoralizarnos: la ciencia es ciencia porque es igual en todas partes, no importa en qué idioma o país se haya estudiado, y es aplicable a ciencias exactas, de la salud, ciencias sociales, etc. Mi consejo en esta cuestión es informarse bien si el título puede ser homologado o reconocido en el país de destino, y si hay que hacer un curso para la homologación, adelante, que se nos pueden abrir muchas puertas. Y si el empleador pone objeciones por el origen del título, esa empresa no merece la pena: conseguiríamos la contratación pero cada día les surgiría una nueva duda y acabaríamos abandonando el barco. Lo mejor es quedarse con empresas que evalúan y sopesan la idoneidad del candidato pero que no hacen juicios superficiales y sesgados.

Relacionarse con los locales, porque no todo es trabajar.

Dentro de Europa no hay aranceles económicos, podemos viajar solo con nuestro DNI pero entre países hay diferencias socioculturales que aparentemente son sutiles y nos pueden causar algún malentendido. Por poner un ejemplo, un reproche típico tópico de los españoles a los alemanes es que no entienden la ironía, pero también que por cualquier pequeña molestia toman la baja médica una semana. ¿Porque son más enclenques? No, porque por política estatal laboral es posible y no se despide a un trabajador por estar indispuesto. También se separa lo profesional de lo personal de forma estricta y en otro área como el dating y la búsqueda de pareja, hay que adaptarse a actuar según las propias claves sociales del entorno.

A la hora de expresarse y comunicarse, incluso conociendo bien el idioma, el tener otros dos idiomas más puede dar lugar a “cruces de cables” a nivel semántico, ya que, por ejemplo, una palabra en alemán puede tener diferentes significados en español. Estudiando economía me surgió lo siguiente: el término “Abschreibung” significa al mismo tiempo depreciación y amortización, con el consiguiente conflicto semántico que causa a un germanoparlante no nativo para comprender este importante concepto. Los cruces de cables y malentendidos nos hacen visibles a los guiris, y a partir de ahí pasamos a ser el bicho raro, el mono de feria o el objeto de observación y seguimiento obsesivo de tus compañeros de trabajo, porque en algunas empresas la cultura de la diversidad y la diferencia es casi ciencia ficción. Y de ahí se llega al desconocimiento que de tu país de origen tiene la gente de tu entorno: los ruteros no pueden imaginarse la cantidad de disparates que llevo oyendo en casi seis años sobre comidas, danzas y costumbres que creen como típicas españolas y que no son ciertas. No los reproduzco por vergüenza. Sólo algo tan desternillante como que más de una vez no me han creído cuando les digo que en Madrid no hay playa y que en invierno nieva: se les crea un choque contra sus creencias de que toda España tiene el mismo clima de las Islas Canarias. En estos casos mejor no discutir y sugerirles que visiten, por ejemplo, León en enero y no se lleven ropa de abrigo porque no hace falta: así pueden desarrollar mentalidad científica y experimentación, y comprobarlo por sus propios medios esa refutación de sus creencias irracionales.

¿Qué aporta a nivel personal ser un expat o un guiri?

Mucho, sobre todo que se desarrollan nuevas competencias como la adaptabilidad, la búsqueda de oportunidades por uno mismo, y que se puede construir una vida propia en otro entorno e incluso transferir cosas de nuestra anterior localización. Siempre echaremos de menos algunas cosas y habrá otras que no queramos ver ni en pintura. Costará más o menos establecer contacto cercano con los locales, habrá momentos en que nos sentamos incomprendidos, pero se acaba modificando nuestra forma de pensar, aunque cada vez que haya elecciones estemos nerviosos esperando la documentación para votar, y que además llegue dentro de los plazos.

Vivir en una ciudad extranjera no es como ir de visita, y eso lo tiene que aprender la gente de nuestro entorno, que nosotros no estamos de turismo sino con la misma rutina que tienen en su lugar actual, sumado al choque cultural y social. Pero sobre todo, que no estamos de vacaciones, que nuestra vida no es ideal como lo pintan los programas de televisión y que porque tengamos obstáculos no quiere decir que estemos desesperados y melancólicos, simplemente somos humanos y como tal es legítimo el sentir y tener emociones diferentes a la alegría o la euforia. Cuando uno sale de su entorno y se adapta a otro diferente, a pesar de los altibajos, se gana notablemente en resiliencia e independencia. Mi recomendación es que se tome la decisión de marcharse libremente, que se esté muy bien informado de cómo es la vida allí y que si no salen bien las cosas, volver también es positivo. Y si uno se quiere quedar, también positivo.

Sobre Elena Lorente

Más de quince años de experiencia en atención psicológica con personas mayores, con personas con diversidad funcional, un par de breves incursiones en RRHH –tema que también me apasiona- y desde hace cinco años trabajando por la integración laboral de adultos jóvenes.

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