¿Por qué no escuchamos?

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Si es que nos cuesta un huevo escuchar. Oir, la verdad es que oímos estupendamente (y no me refiero al concepto fisiológico de la audición, precisamente) pero escuchar es otra cosa. Escuchar implica parar de hacer lo que estás haciendo. Poner tu cerebro en modo "on" y centrarte en aquello que estás escuchando de manera exclusiva.

La tendencia natural de nuestra cabecita suele ser replicar. Te vienen recuerdos, ideas, temas,...

Surgen ante la estimulación de las palabras del otro y quieren salir. Necesitan salir. Pero si estás escuchando de verdad no lo permitas. Es algo parecido al funcionamiento de nuestro cerebro cuando meditamos. "Pon la mente en blanco...." ¿En blanco dices? ¡Pero si eso es imposible!

El secreto es dejar fluir esos pensamientos que nos llegan en forma de bombardeo constante y no alimentarlos. Simplemente dejar que pasen por delante.

Pues si escuchas,haz lo propio. Vuelve a aquello que te están contando. No hay más en ese momento que dichas palabras reordenándose en tu cerebro. Tu turno de réplica ya llegará, tranquilo. Pero la escucha es algo más. Estoy hablando de escuchar activamente.

Ahí entran en funcionamiento otras partes de tu anatomía facial y expresiva. Si tú interlocutor se encuentra delante tuyo, tus ojos son fundamentales. Una mirada denota hasta qué punto estás ahí de verdad o sólo de un modo físico. Con esto no te digo que te pongas en plan búho canadiense mezclado con Norman Bates. No es eso. Será el otro quien te guíe a la hora de utilizar tu mirada de una manera u otra. Tus expresiones faciales, como tu sonrisa por ejemplo, son un feedback extraordinario para que quién quiere ser escuchado comprenda si su interlocutor le escucha o no. De igual modo tus manos, tu manera de sentarte frente a él, tus gestos, .... saber escuchar es una mezcla perfecta de múltiples cosas que cuando se conjugan entre sí terminan por funcionar consiguiendo una comunicación ideal entre dos personas.

Otro tema aparte es el perjuicio y el consejo. Cuando alguien te diga de entrada .... "Yo no juzgo a nadie pero...." Malo. Porque si lo hace. De hecho, todos lo hacemos en mayor o menor medida. Es la importancia que le des a tus prejuicios lo que permitirá que tú escucha resulte equanime o no. Todos, en mayor o menor medida, tenemos formados una serie de juicios categóricos sobre casi todo. Y será la importancia de esos juicios la que delimitará si la información que recibes puede ser devuelta de un modo correcto a quién te habla. Y cuando digo correcto no hablo de si tu verdad es más verdadera que la de el otro.

Que ésto no es un concurso de ver quién tira la piedra más lejos ( mi ejemplo inicial iba a ser algo más gráfico, pero no quiero herir sensibilidades). Corrección es hacer entender tu punto de vista al otro sin que éste deba estar de acuerdo con tu premisa obligatoriamente. Del mismo modo funciona el consejo. No aconsejes a no ser que te lo pidan y a veces ni eso es buena idea. No es lo mismo que te pregunten " ¿Qué puedo hacer?" a "¿Tu qué harías en mi caso?". Porque no es lo mismo. No podemos ni debemos tomar decisiones por otros. De hacerlo, les privamos de una de las mayores fuentes de aprendizaje de estar vivo : equivocarse.

Desde mi experiencia personal, aprendemos a base de tortas. La sabiduría de la vida encontró un método infalible en el error como modo esencial de aprendizaje. Desde las cosas más nimias a las más influyentes en la historia han venido precedidas de errores. Y algunos grandes como castillos que tras siglos y siglos de humanidad se siguen repitiendo todavía. Aunque poco a poco y a nuestro propio ritmo muchos van aprendiendo de ellos,transmitiendo lo aprendido para quién quiera escuchar.

Decir que ha de hacer es diferente a contar de primera mano qué hiciste tú o qué hizo otro. Porque hablas desde tu experiencia o desde el ejemplo. No condicionas. O no deberías hacerlo si haces ver con claridad que tu experiencia vital no es la suya. Es cuestión de abrir caminos que para tu interlocutor eran invisibles hasta ese instante. Y es que cuando tienes miopía y te pones gafas, todo cambia. Ves con claridad cosas que antes no existian o no percibias y tener amplitud de elección, siempre resulta positivo.

Saber escuchar es difícil. Y en estos tiempos tan convulsos que vivimos, aún me doy más cuenta de ello. Pero por muy complicado que pueda resultar en un principio, es nuestro deber intentar aprender a escuchar a los demás. Porque sólo así conseguiremos ser escuchados cuando sea necesario. Quid pro cuo. Debería ser la base de cualquier educación desarollada del planeta y sospecho que no estamos dándole la importancia que se merece.

¿Sabes escuchar? Yo estoy en ello....

Sobre Óscar Montejo

Soy una persona apasionada por el crecimiento personal y a partir de mi propia experiencia trato de ofrecer un enfoque diferente a todos aquellos que puedan necesitar un cambio vital y no sepan por dónde empezar. 

 

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