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Pero, ¿me quieres escuchar?

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Últimamente se ha puesto muy de moda la formación en oratoria. Universidades, colegios, formación no reglada, seminarios, webinars y un largo etcétera han coincidido en poner de moda y en apuntar como habilidad de primera necesidad para el siglo XXI la habilidad comunicativa. 

Personalmente, he asistido a muchos de estos cursos y me he quedado prendada ante la labia y la soltura de algunos ponentes. Al final de muchas formaciones, normalmente te planteas “yo quiero aprender a hablar asi´” o “yo nunca hablaré así”. En cualquier caso, solemos tener un lugar reservado en algún pedestal para aquellas personas habilidosas con las palabras.

 

Estoy convencida de que es importante cuidar la expresión y que es un factor a tener en cuenta en los ámbitos profesionales especialmente, pero resulta sobrecogido que por regla general se descuida el factor complementario de una buena comunicación, la escucha activa. ¿Exagero? Estoy convencida de que no.

 

¿Has presenciado alguna vez una conversación por llamarla de alguna manera en la que una persona hablaba y su interlocutor parecía estar en otro planeta, sin mirarla a la cara, haciendo otras cosas? Seguro que esta escena te resulta familiar.

 

¿Has confiado alguna vez en un conocido para comentar una situación que te sobrepasa y en lugar de sentirte escuchad@ y respaldad@ has obtenido como respuesta aquello de “lo mío sí es grave”. 

 

Has estado compartiendo mesa con personas que no saben formar parte de una conversación si no son el centro de la misma. Son verdaderos expertos en llevar la conversación de forma muy poco sutil a su terreno por puro egoísmo.

 

Y si combinas los ingredientes anteriores y lo aderezas con una cucharada sopera de mala educación tienes la mezcla perfecta que conforman las personas con las que nos encontramos a diario.  Si te sientes identificad@ con el perfil que describo, espero que aproveches este post como lo que es, una oportunidad de cambiar para mejorar tus habilidades comunicativas como oyente, que buena falta nos hace a todos.

 

¿Cómo hacer esto? Pues toma nota porque prestando atención a unos pocos detalles y siendo constante, puedes mejorar notablemente.

 

  • Busca comprender la emoción que acompaña al mensaje.
  • Respeta el silencio si tu interlocutor lo necesita.
  • Hazle saber que le estás escuchando haciendo alusión a detalles concretos.

 

A tener en cuenta también algunas cosas que es mejor no hacer si en verdad quieres convertirte en un buen oyente, ya que con ello sólo consigues construir un muro que dificulta la comunicación y hace imposible la creación de una conexión emocional que la favorezca. Así que intenta NO:

 

  • Quitarle importancia a lo que te está diciendo la otra persona.
  • Leer su pensamiento al terminar sus frases.
  • Negar las emociones de tu interlocutor.
  • Juzgar a la persona y sus emociones
  • Interrumpir para expresar tu opinión o decir lo que tu harías en su lugar

 

Curioso comprobar que lo que normalmente nos lleva a no ser buenos oyentes son cosas que hacemos en lugar de cosas que no hacemos, hecho por el cual la segunda lista es un poco más larga.

 

Si te entrenas en la escucha activa vas tener una visión mucho más rica del mundo y vas a descubrir detalles que te estabas perdiendo.

 

¿Te animas a salir de tu zona de confort y aceptar el reto de convertirte en un buen oyente?

 

Foto: pixabay.com

 

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