Permitido discrepar

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“No te dejes contagiar, no des ninguna opinión como tuya antes de ver si se adecúa a ti, mejor opina tú mismo”. Georg Christoph Lichtenberg

Son muchas las ocasiones en las que dentro de un grupo no opinamos como la mayoría o es nuestra opinión la que lleva la contraria a todas las demás. Cuando este grupo nos brinda la seguridad, protección y confianza suficiente no tenemos mayor reparo en expresar nuestras opiniones y discrepar respecto a las de los demás. Pero, si nos encontramos en un ámbito más hostil, en el que percibimos una menor protección o el grado de confianza con las personas que interactuamos es menor, la espontaneidad para expresar nuestra opinión o refutar la ajena también es menor.

¿Quién no opina sobre las bodas de este verano en una cena de amigas?¿Quién no critica acaloradamente la estrategia de tal equipo en la carrera del fin de semana con su hermano? ¿Quién nunca ha llevado la contraria en la comida familiar del domingo? Hasta aquí todo fácil, todos somos opinadores en nuestros círculos de confianza, pero ¿cuántos en esa reunión de trabajo teníamos opinión y nos hemos callado? ¿cuántos le llevamos la contraria al jefe? Una buena parte de nosotros los lunes llegamos al trabajo dejándonos la opinión en casa o sacándola a  pasear solo a la hora del café. Esto demuestra que sí estaba ahí cuando se la requirió pero no la mostramos por alguna razón. Y las razones para no opinar en el trabajo van desde el “respeto a la opinión ajena” hasta al “instinto de conservación”, describiendo un amplio recorrido de lo que cree el trabajador respecto de sí mismo y respecto a la organización en la que trabaja. Lo cierto es que opinar, aún cuando discrepamos, supone más ventajas para trabajadores y empresas que desventajas. Vamos a ver cinco:

1. Al opinar sobre una situación mostramos interés en la misma y en las alternativas que se barajan sobre ella. No opinar, en lugar de denotar educación, puede indicar cierto desinterés o indiferencia hacia las estrategias y los resultados.

2. Ser el primero en opinar o discrepar no es ser el único. Mostrar un nuevo punto de vista animará a otros a hacer lo mismo o secundar esta nueva perspectiva. Cuantas más opiniones se presentan sobre un asunto más escenarios se habrán explorado en el momento de tomar la decisión.

3. Discrepar aporta valor en la decisión final. Al llevar la contraria, además de señalar los puntos débiles o errores que se aprecian en los argumentos que apuntalan la opinión anterior se incorporan nuevos argumentos y alternativas a una situación que ya se daba por cerrada.

4. Discrepar como proceso de mejora. Permitir cuestionar o criticar impulsa a trabajar más sobre opiniones y argumentos profundizando en ellos, detectando fallos y perfeccionándolos.

5. Permitir opinar aumenta el compromiso de los trabajadores. Saber que la opinión será escuchada y valorada, aunque no motive la decisión final, provoca que los trabajadores abandonen las posiciones sumisas y asuman un papel participativo dentro de la empresa y aumente su compromiso con la misma.

¿Cuántas veces se acordarán de ti por haber estado de acuerdo? ¿Y por no tener nada más que añadir? Vamos a empezar a mostrar en horario laboral que sí, que tenemos opinión, aunque sea para discrepar, que estudiamos el tema a fondo, que aislamos la información crítica y que hemos llegado a nuestras propias conclusiones.

Sobre Marián Álvarez

Lo de Relaciones Laborales fue vocación. Las personas, devoción.

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