Orientación Fast Food

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El otro día hablando reflexionando en alto, con una compañera de trabajo -aprovecho para enviarte un saludo, Mónica-, entre otras muchas cuestiones relativas a nuestro día a día, como el exceso de tareas “administrativas” que inundan nuestra realidad diaria, y la escasez de tiempo para llevarlas a buen puerto, tratábamos de encontrar respuesta a por qué está cogiendo cada vez más fuerza una especie de “Orientación express”, “Orientación fast food”, en definitiva una orientación de consumo rápido que no tiene nada que ver con la manera de entenderla que tenemos la mayoría de los que nos dedicamos a esto. No es que no me guste la “comida rápida” pero, la verdad sea dicha, soy más partidario de los platos que se gestan a fuego lento: un buen cocido podría ser el símil perfecto para definir la forma que tengo de entender el proceso de orientación laboral (quizás haya que añadirle algún “ing” por alguna parte, por aquello del glamur: training, coaching, running…).

Conozco distintos programas de empleo y no deja de sorprenderme -soy así, todavía me sorprendo con ciertos temas- que cada vez se producen más recortes en relación con las horas que se pueden dedicar a la intervención. Los objetivos continúan siendo los mismos (cuando no, más exigentes), de la pasta ni hablamos, los recursos ¡paso palabra!, las políticas pasivas ganan por goleada (aquí habría que matizar si realmente tienen un efecto desincentivador o, por el contrario, cumplen su parte en la llamada flexiseguridad aunque, con la actual reforma laboral y unos sueldos “casualmente” más bajos -irrisorios en algunos casos-, es normal que el desempleado se lo piense muy mucho al poner en la balanza salario y prestación), … En fin, cada vez es más común encontrarte con que el tándem Orientador/Orientado dispone de entre 10 y 15 horas para implementar un proceso de Orientación laboral (Proyecto personal/profesional), en el que, al menos, se ha de trabajar sobre el autoconocimiento: veremos qué has hecho hasta ahora a nivel formativo y laboral, valoraremos el porqué de este camino; redactarás tus logros; pondremos nombre a lo que sabes hacer (competencias, hobbies); repasaremos aquello que puedes hacer (aspectos más ligados a tu personalidad, disponibilidad, habilidades sociales, autoconfianza); matizaremos lo que quieres hacer (motivos, motivaciones, por qués, para qués); identificaremos qué te frena (creencias); y, cómo no, revisaremos tus valores. El autoconocimiento te ayudará a desvelar tus fortalezas, a poner sobre la mesa tus recursos. Si no puedes solo, anímate a pedir ayuda; configuración de perfil profesional (enriquecido con feedback público -google nos sirve- y privado -conocidos, compañeros de trabajo, etc.-); una mirada al entorno (en relación a tu objetivo, trayectoria, etc., hay que recoger la mayor información posible. Los límites están en ti, en relación con el volumen de información que quieras manejar); balance (es el momento de “comparar” tu perfil con el perfil(es) objetivo, con el fin de valorar la “distancia” entre uno y otro, y la “conveniencia” de transitar un camino u otro); objetivo profesional (le pongo nombre, puedo tener más de uno, pero conviene que el “gordo” sea uno y claramente definido. No nos olvidemos del foco); a partir de aquí será el momento de pergeñar un itinerario, un itinerario que será el plan de trabajo, perfilaremos una estrategia, descubriremos y daremos brillo a tu propuesta de valor, pondremos nombre a lo que te diferencia, fijaremos metas y tareas, trabajaremos en tus herramientas de comunicación -también las 2.0-, y repasaremos y desarrollaremos tu red de contactos.

Como vengo diciendo, para todo lo anterior, unas 15 horitas -en algunos programas, menos-. De acuerdo con que el colectivo de desempleados es heterogéneo, que todas las personas que se acercan a los servicios de orientación no se encuentran en el mismo “momento”, ni tienen las mismas necesidades pero, en cualquier caso, las horas que se pueden dedicar a la intervención me parecen escasas hasta para profesionales que cuenten con un perfil actualizado, con demanda suficiente en el entorno laboral actual y que sólo necesiten orientación con respectos a las nuevas “reglas de juego” por las que se guía la búsqueda de empleo. ¡Qué no pasará con aquellas personas que pertenecen a un colectivo que podríamos calificar de vulnerable! Con escasa o nula trayectoria, sin formación básica, alejados del mercado laboral desde hace años, que han perdido cualquier atisbo de confianza en sí mismos, que albergan unas creencias nada facilitadoras (locus de control, mayormente externo, éxito y autoeficacia “brillando por su ausencia”), cuya motivación pasa por horas bajas, con una información en relación al mercado laboral y al proceso de búsqueda de empleo totalmente desfasada … y, lo que no deja de sorprenderme -ya veis, me vuelvo a sorprender-, con una visión de la orientación totalmente “fast food”. Buscan una orientación de consumo rápido (quiero currículum y echar, y esperar, y esperar y, a veces -las más-, desesperar), intermitente (ahora quiero, ahora desaparezco -como el Guadiana-), sin un objetivo claro, (y lo que es peor, sin ver la pertinencia del mismo. Instalados y convencidos del “de lo que sea”), utilizando mucho la “motivación” externa como detonante (éste o aquél lo han conseguido, sin esfuerzo, claro, “yo también quiero lo mismo”. Y que “me hagas lo mismo”), con un compromiso muy débil o inexistente (¿qué hay del clásico apretón de manos que sirve para sellar cualquier pacto en entornos varios. ¡Una “firmita” por favor! Si es por darle más consistencia), con muy escasa cultura del esfuerzo (la Orientación, como otras “disciplinas”, aunque no tenga “ing”, lleva un ratito, en algunos casos más que en otros, y el protagonista, el verdadero agente del cambio ha de ser el Orientado. “No creo que para trabajar haya que hacer todo eso”, son perlas que escuchamos cada día), …

La batalla con las Administraciones para lograr más horas de dedicación, no voy a decir que está perdida, pero sí implica otro tipo de reflexiones que se escapan a este post, pero tú, y tú, y tú también, sí, tú, que acudes -si es que acudes al servicio de orientación que tienes asignado. Porque en este país el verbalizar que vas al psicólogo, al gimnasio, al orientador, vamos, que necesitas ayuda, no está todavía muy bien visto-, como digo, tú que acudes a tu Orientador u Orientadora -si es por iniciativa propia, mejor que mejor-, has de entender que, las y los que estamos al otro lado de la mesa, tenemos como cometido estar a tu lado, acompañarte -no “hacerte” las tareas, ni tomar tus decisiones-, tratar de que vuelvas a motivarte, que sólo -que nos es poco- somos facilitadores/as del proceso, que necesitamos que entiendas que el mercado ha cambiado -y más que cambiará-, que, de igual modo,  la manera de buscar empleo ha de adaptarse,  que es importante que estés dispuesto/a a indagar en tu interior, que vas a tener que marcarte objetivos, que el camino es igual de importante (proceso frente a meta, buscar fluir, proceso como camino a la meta), que necesitamos que te impliques con un proyecto, que no es otro que el tuyo propio, que las prisas -casi nunca- son buenas consejeras, que trabajaremos en que recuperes explicaciones más adaptativas en relación a tu situación de partida, que, como te decía, necesitamos tu compromiso -el apretón de manos al que hacía referencia-, un compromiso que, como no podía ser de otra manera, ha de empezar contigo mismo/a, que tendremos que hacer frente a compañeros de viaje nada agradables -más bien desagradables- como el miedo, la frustración, la incertidumbre, la necesidad, la urgencia, …, que la mejora es posible, que, en la mayoría de las ocasiones, cuentas con un montón de recursos que hay que “sacar a flote”, que tendrás que hacer algún ajuste en tu perfil ¡quién no! –esto avanza mucho y a mucha velocidad-. Obsolescencia, aprender/desaprender/volver a aprender, son una constante. La Learnability, tu fiel compañera. Hay muchas y variadas formas de entender -y de hacer- orientación. ¡No seré yo el que diga que unas son mejores que otras! Pero sí me voy a tomar la licencia para matizar lo que yo entiendo por el papel del Orientador/a que, desde luego, poco o nada tiene que ver con el de médico -por aquello del diagnóstico-, o aun peor, con el de adivino. Mi idea pasa por acompañar en el proceso, por facilitar, por tratar de arrojar luz sobre aquellos aspectos, en forma de recursos, que ya posee el desempleado, tratando de no dejarme influir por los datos, por los encorsetamientos que producen las clasificaciones (desempleados mayores de, mujeres, jóvenes, comunidad gitana, inmigrantes…), centrándome, en cada momento, en la persona que tengo delante -evidentemente, no siempre lo consigo ¡ojalá!-, desvelando, en la medida de lo posible, sus potencialidades, tratando de que reflexione sobre sus creencias en relación a su situación actual, en definitiva, trasladando el centro de atención de las carencias -si las buscas, las encuentras- a los recursos -si los buscas, también los encuentras- que, definitivamente, servirán de detonantes, de palancas, para iniciar, por ejemplo, conductas de búsqueda de empleo (entiendo el sistema como un todo, es decir, donde un pequeño cambio -o no tan pequeño- en una de las variables, produce modificaciones en las demás). Salvando las distancias, la forma de entender el proceso está muy próxima a cuando nos proponemos que un niño/a aprenda a montar en bicicleta. ¿Comenzaremos por explicarle lo que es una bicicleta de manera teórica, haciendo alusión a la fibra de carbono, mostrándole cómo se monta, explicándole los diferentes tipos de manillar, haciendo un repaso de los elementos estructurales de la bici o facilitándole direcciones de webs para que visione vídeos? O, por el contrario, ¿nos situaremos detrás e iremos dejándole progresivamente solo, escuchando sus dudas, tratando de tranquilizarle, motivándole, planteándole metas …, hasta que, finalmente, avanza en solitario, de manera autónoma, motivado, tratando, incluso, de perfeccionar la técnica? Al fin y al cabo, el cometido de la orientación no es otro que el de mejorar el nivel de ocupabilidad de la persona -que ella misma lo mejore, lo cual es una diferencia más que sutil-, para que pueda “situarse” en el mercado laboral con un perfil mucho más competitivo, que le ofrezca más posibilidades -y mejores- de acceder o cambiar de empleo, de mantenerlo, e incluso, de autoemplearse. Aboguemos por su autonomía. El lograr un empleo asoma “sólo” como una consecuencia de lo anterior, una consecuencia de todo un proceso.

En este sentido entiendo la Orientación Laboral, como un proceso, a medio/largo plazo, como un “todo” en el que el elemento más importante, el que da sentido a todo el proceso eres tú. Que has de estar, participar, comprometerte, actuar, reflexionar, querer …, en definitiva, que esto es un camino, en nada parecido a lo fast food, un trayecto que precisa de su tiempo, que no depende de la “complejidad” del cliente, sino de la dificultad del objetivo. ¡Apostemos por la cocción a fuego lento! ¡Reclama el proceso de orientación que te mereces!

 De nuestra parte también queda tarea por realizar, es decir, estaría bien acercarnos lo máximo posible a la realidad de la persona orientada (cliente), para tratar de situar la intervención lo más cerca posible de sus recursos, haciendo que aquello que le ofrecemos le sirva y, si es posible, le emocione (en algún momento aprendí que aquello que se interioriza desde un enfoque significativo, deja mucho mayor poso). La tercera pata, no por ello menos importante, sobre la que me gustaría volver es la de los propios servicios y programas de empleo que, quizás algún día -algo se está maquinando en este sentido, al menos en los servicios públicos de empleo, donde se habla de un algoritmo que, amén de clasificar a los clientes, propondrá una serie de servicios-, nos liberen del farragoso proceso de diagnóstico y, por qué no, de alcanzar tales o cuales números, facilitándonos alguna herramienta de diagnóstico -quizás vía IA y Big Data- que nos “libere” para hacer lo que mejor sabemos hacer: facilitar, acompañar, apoyar …, a la persona en la mejora de su ocupabilidad.

Gracias, como siempre, por leerme.

Sobre Máximo Peñas Bautista

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