Miedo a lo diferente

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Vivimos en una etapa donde el término integración se utiliza con relativa frecuencia sin ser verdaderamente conscientes del significado de dicha palabra.

Es un concepto que de un modo abstracto nos encandila a casi todos pero a la hora de encontrarle una aplicación práctica, no sabemos muy bien qué lugar debe tener en nuestra escala social. Os pondré un breve ejemplo. Ayer, mientras tomaba unos cortos por un bar de mi ciudad, sucedió algo que me hizo reflexionar. El susodicho local estaba a reventar, algo propio de un sábado noche y apareció en el lugar un grupo de gente entre los que se encontraban una preciosa chica con parálisis cerebral en silla de ruedas. Lógicamente, en un lugar repleto de gente, tuvieron que hacerse paso muy poco a poco mientras los clientes iban apartándose para hacerles sitio. En esos instantes observé los rostros de los clientes. La mayor parte de ellos apenas se atrevían a mirar a la niña mientras que a otros se les escapaba una leve sonrisa de lástima que contrastaba con la alegría y el buen humor que todos los acompañantes de la niña dejaron entrever desde su entrada en el local.

¿Por qué nos asusta tanto lo diferente? Quizá se deba a no ser capaces de manejarnos con soltura ante situaciones que consideramos dramáticas, sin saber muy bien que debemos decir o cómo hay que comportarse. Pero una persona con una minusvalía de cualquier tipo considero que no entra dentro de ese ámbito. Simplemente han tenido que aprender a vivir de un modo diferente a ti o a mí, pero eso no quiere decir que no se sientan plenos o felices. Han desarrollado otras herramientas distintas a las nuestras para superar sus limitaciones, limitaciones de las cuales, por cierto, nadie nos vemos libres en muchos momentos de nuestras vidas pero que, como ellos, terminamos por superar antes o después.

Así que si lo miramos con otra perspectiva, podremos darnos cuenta que no difieren en nada de los llamados “válidos”. Yo carezco de muchas cosas que ellos han desarrollado de un modo brillante, al igual que a la inversa. Son las circunstancias las que nos hacen desarrollar unas facetas y obviar otras. Es en ese plano de igualdad donde debemos reubicar el término integración y desde mi punto de vista, desde la propia infancia. ¿Por qué no puede jugar e interrelacionarse un niño con Síndrome de Down, por ejemplo, con un niño sin minusvalías? Es en ese punto cuando creamos las diferencias que nos terminarán acompañando el resto de nuestra vida, así que si desde niños somos  capaces de normalizar relaciones sin importar ningún tipo de diferencia , estaremos creando el verdadero significado de la palabra integración, crear un todo con partes diversas, sin importar cuales sean.

Tememos a lo desconocido y diferente y debe ser una característica del ser humano que aún no ha pasado por las manos de la evolución. Es ese temor el que nos hace cometer estupideces escudándonos en religiones, partidos políticos, o cualquier tipo de asociación que pueda diferenciarnos a unos de otros. La historia nos muestra el resultado y aún así nos hacemos los ciegos y volvemos a cometer los mismos errores una y otra vez. Nos empeñamos en buscar continuamente diferencias con los demás y evaluamos a los demás creyendo que si demostramos que su enfoque es incorrecto, podrá dar un cierto sentido a nuestra vida y nos sentiremos superiores, algo que considero de lo más absurdo que hace el ser humano.

Pero para muchos es complicado entender este concepto, especialmente cuando se han acostumbrado a vivir de esta manera y no conocen otra forma. Muchas veces la propia vida, dentro de inmensa sabiduría, les muestra a lo largo de su camino a través de personas o situaciones otras maneras de ver las cosas, y si bien muchos si llegan a comprender el mensaje, otro tanto siguen y seguirán en sus trece hasta el fin de su vida. Por eso es importante sembrar la semilla de la integración desde el inicio, mientras se forma nuestra personalidad. Porque nuestro hijo juegue con un niño autista, no va a sufrir “contagio” alguno. No nos damos cuenta que tal vez, esa interacción pueda hacer que la vida de otros se vea muy beneficiada, amén de mostrar a nuestros hijos que las diferencias entre los seres humanos, no hacen sino enriquecer quiénes somos y nuestra manera de ver el mundo.

Hagamos de la palabra integración una obviedad en nuestras vidas. Creemos una base donde nuestros hijos dejen de centrarse en las diferencias y pasen a ver a los demás con una naturalidad pasmosa, sin percibir nada extraño en ser diferente. Porque lo diferente, nos hace grandes. Nunca olvidemos eso…..

 

 

Foto:pixabay.com

 

Sobre Óscar Montejo

Soy una persona apasionada por el crecimiento personal y a partir de mi propia experiencia trato de ofrecer un enfoque diferente a todos aquellos que puedan necesitar un cambio vital y no sepan por dónde empezar. 

 

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