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Mandalas como terapia en la tercera edad

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"Amamos las catedrales antiguas, los muebles antiguos, las monedas antiguas, las pinturas antiguas y los viejos libros, pero nos hemos olvidado por completo del enorme valor moral y espiritual de los ancianos”.

Lin Yutang

Mandala es un término de origen sánscrito que significa círculo, se trata de una representación geométrica que tiene distintas interpretaciones según la forma, color, material y la cultura que lo representa. Es decir, para los budistas tiene una determinada significación y otra distinta para los indios nativos americanos. Lo que todas estas civilizaciones tienen en común es esa esencia sagrada que rodea a los mandalas.

Yo no soy ninguna experta, así que la explicación que os doy es la que me “llegó”. Os explico.

 

Escuché esta palabra por primera vez hace dos años, cuando estaba haciendo la certificación como coach, de la boca de quienes hoy son no sólo dos amigas, sino dos seres excepcionalmente importantes en mi vida por todo lo que trajeron a mi vida: Paz y Elena.

 

Conservo la imagen muy nítida en mi retina. Paz venía a clase con un libro de Mandalas de Dulieta Díaz-Faes. Nunca había visto aquellos dibujos tan curiosos ni escuchado ese término “Mandala”, suena bien, me dije.

 

Trataron de explicarme, -la verdad es que llevan dos años tratando de explicarme muchas cosas, unas las entiendo y otras las respeto hasta que llegue el día en el que también las puedas comprender- qué eran estas formas geométricas, que significaban, qué valor tenían, pero era como si me hablasen en otro idioma. Más allá de admirar su estética, cualquier otra cosa era incomprensible para mí.

 

Llegó el verano y Elena me contó, que la autora del libro que Paz nos había enseñado, iba a hacer un sábado por la mañana un taller de introducción a los mandalas en Gijón. Así que para allí me fui, con ella, su hija Nora y muchas más personas.

Llevé mis pinturas, lápiz y goma y me senté a escuchar.

Ese primer contacto fue tan “brutal” que me pasé el resto del sábado tirada en el sofá con la cabeza como un ordenador de esos viejos de hace años, que gruñen, crujen y se quejan tratando de decodificar, interpretar y procesar la información que algún “tecleador” les ha introducido. Tal cual era como me sentía yo. Eso sí, curiosamente relajada después de haber estado una hora coloreando un Mandala de diseño propio de Dulieta.

Pasó el verano, el otoño y llegó el invierno.

Susana, ¿qué Elenina de mis entretelas? Dulieta organiza unos talleres en Oviedo, ¿nos apuntamos? ¡Nos apuntamos!

Y sucedió lo que tenía que suceder: los Mandalas, explicados por la dulce y serena voz de Dulieta llegaron a mi vida. Nos explicó su historia, las distintas interpretaciones que se le pueden dar según de qué parte del mundo estemos hablando, su simbología, técnicas… Si queréis conocer más os recomiendo su página web www.mandalacocreativo.com

 

Aprendí de la mano de esta gran Maestra, así es como se denomina a las personas conocedoras en profundidad de este arte, la importancia que tiene el corazón frente a la posición del dibujo, girarlo siempre en el sentido de las agujas de reloj para que, digamos en mis propias palabras, -repito que todo os lo explico en el modo en el que yo lo entiendo, cuando sea información literal os pondré entre paréntesis la fuente original)- que el proceso mismo de coloreado y/o creación vaya acompasado al propio ritmo cardíaco.

 

Aprendí que se puede comenzar a colorear desde el centro hacia afuera, o viceversa. Lo que más cómodo te resulte, lo que te sugiera la hoja que tienes delante, lo que te pida tu mente. Cada opción sería una forma de trabajar bien tus propias emociones hacia el exterior o por el contrario, conectar con tu yo interno. Personalmente, mi obsesión con la gestión emocional me lleva a pintar o crear siempre desde el centro hacia afuera. Y tal y como Dulieta me enseñó, marcando con un pequeño punto o cruz, en la parte superior central del folio, cuál es el sentido de mi diagrama.

 

Aprendí a no obsesionarme por los colores. No es cuestión de que quede más mono o que el rosa combine muy “cuqui” con el gris. Se trata de dejarte llevar, relajarte, concentrarte en lo que estás haciendo y que seas capaz de establecer una especie de comunión, llámala sagrada o cómo quieras, con lo que estás haciendo. Que tu cuerpo vaya perdiendo esa rigidez propia del estrés, que tu cabeza se calle un ratito, que te evadas a un lugar en el que no hay nadie, no existe el tiempo ni los problemas, sólo un papel, colores y tú.

 

Os puedo asegurar, que para alguien a quien le es tan difícil acallar sus pensamientos, que siempre estoy en modo centrifugadora y que me cuesta un verdadero triunfo ser capaz no ya de meditar, que a veces lo intento, sino sencillamente dejar mi mente en blanco, este descubrimiento se ha convertido para mí en una verdadera terapia. Paso tardes de sábado, de esas épocas en la que mi corazón cualquier día pide la baja por estrés, en las que me pongo a dibujar mandalas -yo, ya pasé a la siguiente fase, ahora los creo. A mi manera, pero los creo- y llega la noche y la madrugada y sigo. No pienso, no existo, no soy yo. Soy dos manos que danzan sobre una pista de baile en blanco. Soy la que sosiega su respiración, la que abre grandes claros en su cabecita, la que es capaz de contar por fin los latidos del corazón sin salir corriendo para urgencias -es broma-.

 

Y tras esta larga pero necesaria introducción vamos al tema de hoy.

 

Hace unos pocos días mi madre cumplió ochenta años. Pensé, me gustará regalarle algo significativo. Me explico.  Yo, cuando hago regalos, no soy de gastar mucho dinero, primero porque no me lo puedo permitir y segundo porque creo que es muy fácil. Yo suelo pensar en la persona a la que va destinado, tiene que ser muy personal y expreso para ello. Así que me puse a pensar, ¿qué le puedo regalar a mi madre en esta fecha tan importante?

 

Ella, de alguien lo tuve que heredar, es una persona con la cabeza en continua ebullición. Siempre está preocupada por nosotros, sus cuatro hijos, y lo que verdaderamente necesita es poder apaciguar su mente. Así que me dije, Susana le tienes que comprar a Pilina un libro de Mandalas para colorear. Y eso hice.

 

Busqué uno con los dibujos lo suficientemente grandes para que su pulso no fuese un inconveniente. Le compré la caja de pinturas más grande que encontré, lápiz, goma y afilador. Y allá que me fui toda contenta a su casa.

 

Decidí no explicarle demasiado, mi intención no era que se liara o se preocupase, sino que simplemente pudiese ser capaz de evadirse de todos sus pensamientos y recuperar un poco de sosiego. ¿Qué hago?, me preguntó. Tú solo pinta mamá, como te apetezca, sin más.

 

Pasaron unos cuatro días y me preguntaba si el libro estaría olvidado en algún rincón del salón, así que la llamé.

 

. -Hola mami, ¿Qué tal vas con los mandalas, coloreas alguno?

.- Uy sí, ¡voy a dos al día! Uno por la mañana cuando acabo las cosas de casa y otro por la tarde.

Aquí fue cuando se me quedaron los ojos como el emoticón del WhatsApp que los tiene abiertos como platos. Yo esperando -mal pensada que es una- que mi madre hubiese pasado de mi regalo, y ella gastando pinturas a lo loco.

 

Me contó que se relajaba mucho, que no pensaba en nada, que lo único que le venía a la mente era cómo tenía que pintar los mandalas -cuestión que me llamó poderosamente la atención, ya que es totalmente cierto, que durante el proceso tú sientes que te va “llegando” información sobre cómo tienes que hacerlo, pero en ningún momento le expliqué nada de esto.

 

. -Tienes que venir, para ver si lo estoy haciendo bien.

. - Claro que sí mamá, seguro, tú hazlo como lo sientas.

. -No, no, yo quiero que los mires y me digas que opinas, porque tu padre me dice que están muy bien.

. -Pues si te lo dice papá….

. -No me vale, para él todo lo que hago está bien (bendito amor)

Y fui y había pintado doce mandalas en siete días. Pero no sólo se había ceñido a colorear, sino que al igual que hago yo -vuelvo a repetir que no le expliqué absolutamente nada- había añadido dibujos, convirtiendo por ejemplo parte de los diseños geométricos en caracoles o flores.

 

No es ningún secreto que dibujar o colorear mandalas es una herramienta muy poderosa que se utiliza tanto en niños como adultos y por razones tan diferentes como las siguientes:

 

Beneficios de los mandalas (Terapias Tianchi)

  • Son un elemento de apoyo en la meditación.
  • Fomentan la paciencia.
  • Despiertan los sentidos.
  • Fortalecen nuestra capacidad de concentración.
  • Puedes deshacer bloqueos y tensiones internas.
  • Reducen el estrés y produce una sensación de bienestar general.
  • Entrenan la memoria.
  • Desarrollan la creatividad.
  • Ayudan a desconectar de las preocupaciones diarias.

Utilizados en la tercera edad, como ha sido el caso de mi madre, conseguimos no solo desarrollar o mantener la creatividad, entrenar la memoria o reducir el estrés, sino que se convierten en un nexo de unión entre nosotros y nuestros padres. La cara de felicidad de mi madre de mira lo que he hecho, y cómo me alegro que te guste y de mi padre -87 añazos el buen hombre- al ver a su esposa contenta y feliz no tiene precio. Pero ninguno. Nada en este mundo es capaz de pagarme el haber visto a mis padres tan orgullos él de ella y ella de sí misma. De compartir hobby conmigo, con su hija pequeña -el mimín de la casa- hablar el mismo idioma, intercambiar opiniones.

 

Y por eso hoy quería dedicar a mi madre este post.

 

Porque te quiero, aunque discutamos.

 

Porque te quiero, aunque te diga cosas que no te gustan y te enfades conmigo.

 

Porque te quiero y a veces te lo digo muy poco.

 

Porque tequiero, respeto y admiro por todo lo que papá y tú habéis hecho y seguís haciendo por mí.

 

Porque te quiero por tu capacidad para intentar superarte y ser mejor día a día.

 

Porque me encanta verte feliz con tu caja de pinturas y tu libro de mandalas.

 

En fin, porque me da la gana dedicártelo y sé que te va a gustar y emocionar.

 

Y por eso también te dedico hoy el video musical con una de esas canciones que tan bien cantas -aunque tú digas que no, a mí siempre me ha tranquilizado mucho escucharte cantar- Antonio Machín, “Madrecita del alma querida”

 

Por cierto la fotografía, son algunas de las creaciones de mi madre, ¡para que todo el mundo las vea!

 

A vosotros, como siempre muchas gracias por estar al otro lado de la pantalla.

 

Foto:Susana Álvarez

 

Sobre Susana Álvarez

Rescatadora de sueños, descubro la magia en las emociones

Profesión: Docente por formación, coach por convicción, comercial de profesión. 

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