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Love story - Idilio entre trabajador y empresa

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Querida Empresa: Esta es la carta que siempre quise escribirte, y nunca me atreví a hacerlo…

Hay  muchas teorías que tratan de explicar cómo se produce el enamoramiento, la Psicología habla de etapas en el AMOR, y establece como primera fase, la que se denomina “Fase de pasión” o “Encendido”, en esta primera etapa, en el organismo se producen cambios bioquímicos y psicológicos, es lo que se ha denominado también como “enamoramiento frenético”.

Recuerdo cuando te vi por primera vez, llegué nerviosa, el corazón me latía a mil por hora, por fin, vi tu logo en la puerta, desde un principio me gustó tu físico, aquel edificio tan moderno, tan imponente, aquellas oficinas con tanto movimiento,  tanta gente joven que subía y bajaba por aquella escalera metálica a la velocidad del rayo, todos vestidos con una sonrisa de oreja a oreja me saludaban mientras yo como invitada aguardaba en aquella silla de la recepción a que me llamaran.

Fue una entrevista amena, me gustó lo que vi, me interesaron desde un principio tu misión, tus valores, tu cultura de empresa y, por supuesto, tus planes de futuro, era evidente que me gustaste y que yo te gusté a ti, en aquel mismo momento se despertó entre nosotros un interés mutuo, y en mi cerebro (y supongo que también en el tuyo) empezaron a brotar esas sustancias químicas, dopaminas, creo que se llaman, que te alteran la razón y el corazón.

Esperé ansiosa tu llamada, durante algunos días fuiste para mí el amante del que toda adolescente se enamoraría incluso antes de la primera cita, representabas todo aquello que yo deseaba.

Y por fin, sonó el teléfono, eras tú que me ofrecías una primera cita para conocernos mejor, tendría por delante seis meses para decidir si eras tú el compañero de viaje que yo esperaba.

Después de negociar los roles que tendríamos cada uno como miembros de la pareja, y de prometerte lealtad y exclusividad absoluta, llegué a nuestra primera cita con mi mejor sonrisa, con una disposición absoluta para aprender contigo, hice de tus objetivos mis objetivos, y empezamos nuestro viaje a toda vela. (Segunda fase del enamoramiento, gran parte de la culpa de que el otro se convierta en una obsesión es la combinación de norepinefrina y dopaminaambas sustancias se encargan de  enfocar nuestra atención sobre algo en concreto y de recordar con detalle estímulos nuevos para aprender. Por su parte, los bajos niveles de serotonina nos abocan a un pensamiento repetitivo que explica nuestra obsesión por el otro).

Durante tres o cuatro años disfrutamos del viaje, navegábamos en un mar en calma disfrutando del paisaje, supongo que mi cerebro seguía produciendo sustancias narcóticas, que aunque habían hecho bajar considerablemente los niveles de pasión, hacían que en silencio,  yo te siguiera amando aunque de una forma más tranquila, porque al fin y al cabo, tú seguías dejándome aprender, dejándome crecer profesionalmente, yo ponía todo de mi parte y tú me hacías sentir válida, aquello se había convertido en un amor racional y seguro, y durante un tiempo yo me conformé con él. (Velocidad punta o tercera fase del enamoramiento: baja la pasión pero se mantienen niveles importantes de emoción, satisfacción y bienestar)

Pero como todo en esta vida, pasa, y al cabo de los años,  un buen día, apareció en nuestras vidas la sombra de la INFIDELIDAD, sentía la necesidad de buscar en otras lo que ya no encontraba en ti Querida Empresa, ¿Por qué? me preguntaste, -Porque con el tiempo dejaste de cuidarme, dejó de interesarte el cómo me encontraba y el cómo me sentía-, dejó de interesarte sí avanzaba o retrocedía, y yo por mi parte, me di cuenta de que  tú ya no aportabas mucho a mi vida, ni siquiera profesional,  tus objetivos y tus principios, se habían desvanecido, supongo que no eran tales, quizás los disfrazaste y yo loca por ser parte tuya los creí, entonces la crisis hizo el resto, aquello que pregonabas no era real, la monotonía y la falta de incentivos se hizo patente con el día a día, nuestro amor se ralentizó, perdió fuelle, ni dopamina ni endorfinas, ya nada fluía ¿Se murió el amor? Definitivamente SÍ, y como todos los ciclos o etapas,  éstos llegan a su fin. (Cuarta etapa del enamoramiento: toma de consciencia de la muerte de la relación)

A pesar de todo, yo soy una romántica empedernida, sigo creyendo en el amor y sigo buscándolo, estoy convencida que lo volveré a encontrar, sé que volveré a sentir el corazón latir como una quinceañera al entrar por las puertas de tu oficina, me volveré a sentir como una niña el primer día de colegio; soy consciente de que todo llega y todo pasa, y la grandeza de la vida está en aceptarlo y digerirlo de la mejor forma, el secreto está en volver a buscar lo que se ha perdido o desgastado y disfrutarlo mientras dure.

Como en todas las relaciones, también aquí, en las Relaciones Laborales, el AMOR, tiene un papel protagonista: el flechazo ha de ser mutuo, ambas partes han de querer emprender juntos el viaje, creyendo y apoyando el uno al otro, deben compartirse objetivos y proyectos, cada miembro de la pareja ha de preguntarse qué más puede hacer por el otro, y no dejar caer la motivación, porque sin AMOR, incluso las Relaciones Laborales están abocadas al fracaso.

Y tú, ¿Cuánto AMOR crees que hay en una relación laboral?

Foto: Manuel Morillo

Sobre Mercedes Romero

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