Lo cortés no quita lo valiente

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“Te reciben según te presentas. Te despiden según te comportas”                      

(Francisco de Quevedo).

Uno de los temas que más controversia ha generado a lo largo de los años tiene que ver con las fórmulas de tratamiento y los buenos modales. Muchos de nosotros hemos crecido bajo una educación que apuntaba, sin excepciones, a fomentar cualquier forma de respeto y/o cortesía, especialmente hacia las personas mayores. Indudablemente, en este entorno, quien se llevaba todo el protagonismo era el uso imprescindible del usted.

No fue hasta bien entrados los años setenta cuando el “tú” empezó a ganar terreno. Su proliferación comenzó en las escuelas, donde los profesores, motivados por crear una sociedad más igualitaria, introducían el “tú” como forma de trato universal. Era también una vía para evitar cierta dosis de distanciamiento en las relaciones interpersonales. Incluso las personas mayores, acostumbradas a un trato más cautelar y respetuoso, comenzaban a sentirse halagadas cuando utilizaban el pronombre en segunda persona, por la irremediable vinculación entre el y la juventud.

En ámbitos como la publicidad y el marketing, el tratamiento de usted dificultaba la empatía con el cliente: generaba una especie de barrera encubierta que iba en contra de cualquier estrategia de persuasión y/o identificación con el destinatario. Pronto, los grandes profesionales del sector fueron conscientes de las ventajas que les proporcionaba tutear a sus destinatarios.

Sin embargo, en entornos empresariales, el “usted”, tardó en desaparecer, ya que aún cobraba un nuevo sentido. Ya no sólo se tenía en cuenta ese trato cortés y de consideración hacia la persona, sino que, además, era una vía para dejar constancia de la jerarquía en la empresa. De manera que, cualquier contacto con tu superior conllevaba un tratamiento distintivo que hacia evidente quién tenía más poder de mando.

Pero, ¿qué pasa cuando estamos en una entrevista de trabajo? ¿Cuál dirías que es el trato correcto? ¿Tiene sentido tratar a un candidato de usted? ¿Se rompen demasiadas barreras de golpe si “tuteas” a alguien desconocido?

Si te soy sincera, una de las cosas que más me llamaron la atención cuando comencé mi carrera profesional en Recursos Humanos y, en concreto, en Selección de Personal, fue entender que definitivamente el usted no tenía cabida. Si además tienes en cuenta que la mayoría de los profesionales que entrevisto tienen una media de cuarenta años, supongo que apoyarás mi visión. Puede que no estés de acuerdo conmigo (totalmente respetable) o quizás te haya pasado lo mismo que a mí en mis inicios, pero ahora que ya tengo el bagaje suficiente para justificarlo, te contaré las ventajas derivadas de tutear a una persona.

Uno de los objetivos clave del entrevistador es crear el clima adecuado y generar un ambiente cálido que fomente la confianza y el confort necesarios para que fluya el diálogo. No olvides que uno de los objetivos de la entrevista es obtener información. Esta intención viene irremediablemente unida al fomento de la cercanía y la cordialidad entre el candidato y el entrevistador. Se trata de descategorizar la relación que existe entre ambos. Y te diré que el usted está totalmente alejado de esa intención. De hecho, tiende hacia lo contrario.

Como ya os conté en otro de mis artículos, el consultor ejerce un rol muy relevante en el profesional. No sólo le asesora y le informa sobre el proyecto para el que se fija esa entrevista, sino que le acompaña en su viaje profesional a largo plazo. Digamos que el consultor establece una relación “íntima” con el profesional en un tiempo récord. Se convierte en su “amigo del ámbito laboral”. Y la pregunta es: ¿quién trata a sus amigos de usted? ¿No es algo paradójico?

El consultor sabe quién eres, qué haces, qué te motiva de tu trabajo, qué expectativas tienes en el ámbito profesional, cuáles son tus debilidades. Incluso si nos dirigimos hacia un ámbito más personal, también sabe si estás casado, si tienes hijos, qué edad tienes, cuáles son tus aficiones, con qué miedos cuentas, etc. Y ahora es cuando vuelvo a hacerte la pregunta: ¿tiene sentido tratarte de usted?

Seguro que habrás oído hablar de la expresión “romper el hielo”. Se aplica, entre otros muchos ámbitos, también en el campo de la Selección de Personal y que no tiene otro objetivo que generar un clima de cercanía y de confianza al inicio de una entrevista. Es como un liberador de tensiones. El profesional de Recursos Humanos emplea numerosas estrategias (“icebreakers”) para conseguir ese acercamiento con el profesional.

Igual eres de los que te resistes y sigues pensando que tutear a una persona que no conoces de primeras, resulta grosero, incluso agresivo. Quizás para ti sea necesario pedir permiso inicialmente al candidato para tutearle. Y te entiendo, pero tengo argumentos para rebatírtelo. Yo también he estado en tu lugar, pero la experiencia me ha llevado a ser operativa en ese sentido y a darme cuenta de que el no es en absoluto sinónimo de mala educación o de formas inadecuadas de trato. Existen otras herramientas que, dejando de lado el usted, son perfectamente aptas para mostrar el mismo trato respetuoso. Me refiero al tono, a los gestos, a la postura…Incluso una mirada puede aportar el toque más educado y cautelar que puedas imaginar, llegando en ocasiones a superar al usted.

Todavía hay quien se sorprende cuando admito que tuteo a mis candidatos. La clave está en saber si alguno de ellos se ha sentido alguna vez ofendido o incómodo con el trato recibido. Llámame confiada, pero dudo mucho que pudieran decir que sí…

Y tú, ¿qué? ¿Te sumas a mi argumento?

Sobre Carla García-Mori

 

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