Llevas paracaídas de serie, ¿Lo sabías?

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Cuando cambias la manera de ver las cosas, las cosas que miras cambianWayne Dyer.

Me encanta ésta frase. La verdad que hubo una época de mi vida donde esto me habría parecido una sublime estupidez, ya que no concebía que mi punto de vista sobre mi mundo fuera el condicionante real de la vida que estaba llevando. Mala suerte, imposibilidades varias, decisiones de otros,.... todo esto me servía de excusa perfecta para no tener que agarrar el toro por los cuernos y asumir que yo soy el verdadero director de mi película. Porque las cosas eran como eran. Sin más. Como yo veía mi mundo era como éste era. Y en realidad algo de razón si tenía. Si sólo eres capaz de ver un lado de la cosas no concibes que pueda existir algo más, una visión diferente que seas incapaz de ver. Pero en mi caso, pese a no ser capaz de ver ese otro lado, tenía la sensación de que había algo más. No sabía dónde se encontraba ni mucho menos como era pero era consciente de que mi ceguera personal me había impedido verla hasta ese momento. Pero entonces, ¿Cómo sabía que ese planteamiento era una certeza y no una esperanza ilusoria más de las mías que terminaría por derrumbarse, como siempre?

Quizá fueran mis circunstancias en ese momento las que me obligaron a tomar una decisión que a la postre resultaría fundamental para reconstruir mi maltrecha vida. Decidí creer. Tan simple y complicado al tiempo. Creer implica confiar a ciegas, comprender que una vida se basa en momentos de todo tipo y que aunque en ese tiempo la sucesión de momentos distaban con mucho de ser momentos de felicidad, eran no sólo una consecuencia inevitable de quién era, sino además un maestro severo que me enseñaría cosas que no estaba dispuesto a aprender de otro modo. Eché la vista atrás y recordé cuando sentía algo bien distinto, cuando era feliz, cuando me ilusionaba, cuando me sentía pleno. Porque esos instantes todos los hemos vivido alguna vez. Tal vez quede tan lejano que no puedas ni acordarte pero ahí estuvieron. Y me planteé que podía volver a sentirlo. Puede que no tuviera ni pajolera idea de cómo hacerlo pero se podía llegar a ese punto de nuevo. Y comencé a creer. Inicialmente de un modo artificial, ya que lo que mis palabras decían no se correspondía en absoluto con como me sentía. Porque reprogramarse es duro. Te ves como un imbécil que repite cosas como un loro pero que no se las cree. Mi sorpresa fue que a fuerza de repetir ese mantra continuamente, algo se fue modificando en mi interior. Se estaba convirtiendo en una verdad. Puede que en una verdad absurda y sin sentido en ese momento, pero para mí era cierta. Y es entonces cuándo las palabras empiezan a acompañarse de pequeños actos que dan un cierto sentido al discurso. Y todo cambia. Un buen día al levantarte descubres que crees. Y creer en algo revoluciona y da sentido a cualquier vida.

Mis circunstancias eran idénticas pero ahora era capaz de ver mi mundo desde otro prisma diferente. Cuando descubres la multitud de gamas de grises que hay entre el blanco y el negro, estás cerca de percibir colores. Y ver lo diferente que puede ser el mundo cuando está coloreado, resulta impactante y emocionante.

Era la primera vez en mi vida que mis pensamientos creaban. Los utilizaba para emocionarme, para esperanzarme, para sentirme bien, lejos de la vieja costumbre donde ponía mí lavadora mental en marcha y era un centrifugado constante que no me llevaba a ningún lado. Ahora por fin trabajaban para mi, no en mi contra. Porque tus pensamientos pueden ser tus mejores amigos, o unos vecinos toca pelotas dependiendo de lo que les permitas ser.

Son una herramienta fundamental para creer. A medida que los desarrollas en tu mente van adquiriendo poder y de un modo imperceptible para ti, cimentan y redimensionan tu nueva vida. Notas un cambio. ¿Que no se puede cambiar? Haciendo siempre lo mismo, ni de coña. Pero cambiando la manera de hacer las cosas, sin duda. Y para obtener este logro tendrás que hacerlo desde dentro. Sólo así cambiará el exterior. Es un bucle continuo. Tus pensamientos cambian, tu visión cambia, tus acciones cambian, los resultados cambian y retroalimentan de nuevo a tus pensamientos.

Ten en cuenta que tus circunstancias actuales no son más que el resultado de tus decisiones pasadas. Ésto implica que a medida que tomes nuevas decisiones, tus circunstancias serán otras en un futuro próximo. Y ese podría ser un estupendo punto de partida para creer. Dejarnos llevar por la falsa sensación de que no puedes hacer nada ante lo que te está ocurriendo es fácil. Implica dejarte llevar y buscar un culpable, algo que nos encanta hacer. Culpabilizar a otros es más sencillo que asumir la responsabilidad de que eres tú en realidad quien dirige tu vida. Eres tú quien decide y eres tú quien acierta y se equivoca. Por lo tanto solo tú puedes cambiar el guión de tu vida. El resto es circunstancial y como tal terminará cambiando en la misma que tú lo hagas.

Cambiar acojona y creer no siempre resulta fácil. Pero te aseguro que es la herramienta perfecta para conseguir que tu vida, por fin, tome el rumbo que deseas. Salta al vacío sin miedo. Te garantizo que llevas paracaídas de serie….aunque no te hayas percatado de ello.

 

Sobre Óscar Montejo

Soy una persona apasionada por el crecimiento personal y a partir de mi propia experiencia trato de ofrecer un enfoque diferente a todos aquellos que puedan necesitar un cambio vital y no sepan por dónde empezar. 

 

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