Las apariencias engañan y las personas también

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Cierto es el refrán que afirma lo que apunta el título de este post “las apariencias engañan”, porque a lo largo de la historia se ha venido cumpliendo,

y a día de hoy,  sigue haciéndolo sin dar tregua a las buenas intenciones y la confianza que, a veces, se presta sin buscar intencionalidad, ni compensación ni siquiera agradecimiento, porque tenemos suerte.  Todavía quedan desaprensivos que “hacen el bien sin mirar con quién” a cambio de una muy probable y poco tardana desilusión, que por otra parte, es muy importante saber gestionar para no caer en el ostracismo solidario.

Hablamos hoy de actitudes, comportamientos o gestos combinados entre dos iguales, pero con resultados muy dispares para cada uno de ellos. Y es que no resulta fácil gestionar, la decepción que produce el resultado negativo de una buena intención.

Para aquellos que todavía no terminan de entender de qué va este post, a continuación, explicaré con más detalle un acontecimiento, del que he tenido conocimiento estos días, y que te hace preguntarte si estamos tan necesitados como muchos dicen y si correspondemos con la misma intensidad con las que otros nos profesan su ayuda cuando la necesitamos.

El bien hacer abre 100 puertas y el mal agradecer las cierra

La navidad, un momento dulce donde los haya, donde los sentimientos de buena voluntad campan a sus anchas entre las luces navideñas y los árboles de navidad, resulta evidente que es muy triste ver como una persona se queda o está sin trabajo.

El caso en cuestión viene definido por un trabajador con familia que se encuentra en la necesidad de encontrar un empleo de forma inmediata, pero que dicha circunstancia hace que alguien interceda por él para conseguirle un nuevo trabajo, de lo suyo, y además con un sueldo muy, pero que muy aceptable, hasta aquí todo parece perfecto.

Lo que ya no es tan perfecto es conocer la noticia de que esa misma persona, que hasta nada no vivía de la preocupación por saber que se quedaba sin empleo, haya sido capaz de solicitar la baja voluntaria en la nueva empresa a los pocos días de comenzar.

Y es que no estamos tan necesitados como se nos dice, y tampoco nos mostramos agradecidos por lo que los demás hagan por nosotros, y sí, las apariencias engañan y las personas también, porque la única ley que aplicamos sin el menor margen de error es la del “yo, para mí, conmigo”, la individualidad devora nuestra existencia y nos olvidamos por completo de ese otro refrán que dice “de bien nacido es ser agradecido”.

Lo que es absolutamente indudable es, que el que buena voluntad tiene, no debe dejar que acciones desagradecidas mermen su capacidad de ayudar a los demás, aunque la vida en ocasiones te ponga mala cara. Lo que sí que deberíamos plantearnos, es que determinados valores como el agradecimiento o a ayuda a los demás se desvirtúan a gran velocidad por todo el mundo y ello nos hace perder nuestra propia humanidad.

 

Foto:flickr.com

 

Sobre María C. Melero

 
Profesional de RH, con más de 20 años de experiencia dirigiendo personas en diferentes entornos.
 
Soy Licenciada en Ciencias del Trabajo, Diplomada en Relaciones Laborales y Postgrado  en Dirección y Gestión de personas.
 

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