La soledad al descubierto

Añadir nuevo comentario

“El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.”

-Arthur Schopenhauer-

Se acercan las fiestas navideñas. Para cada uno de nosotros seguramente signifiquen algo distinto; las circunstancias condicionan las expectativas, el estado personal determina percepciones diferentes. Sin embargo, casi todos estaríamos de acuerdo en considerar estas fechas como de unión: reunirse-con, verse-con, celebrar-con. Pero, en estas fechas, algunas personas  están solas, viven solas, se sienten solas...y no esperan visitas.

Hablo de soledad no-deseada. Es una emoción muy negativa porque nos hace parecer abandonados, que nadie cuida de nosotros, que nuestra misma vida puede peligrar.

Las estadísticas predicen en España para los próximos años que un 30 % de hogares estarán formados por una sola persona. Este dato tiene su importancia desde el punto de vista sociológico, aunque referido al tema que tratamos es una circunstancia más, ya que hay “singles” que se llevan estupendamente con la soledad y, en cambio, personas  muy “acompañadas” en su vida familiar y social,  se sienten solas o  viven momentos de soledad-impuesta. Probablemente todos conozcamos alguna persona, más o menos cercana, que esté pasando por esta situación. Pensemos ahora en ellas.

¡Qué distinta la situación de la soledad-buscada! Ésta es vivida normalmente junto al silencio y la calma, en un intento de parar un poco nuestra, a veces, demasiado ajetreada vida.  Y es  una soledad clara y liberadora. Muy distinta a la que viven otras muchas personas en nuestra sociedad actual. Soledad pesada y oscura, que oculta y aprisiona el ser del solitario. La soledad no-buscada, nos separa de nosotros mismos y de los demás, de manera que la persona no se siente en-relación-con.

¿Qué podemos hacer, entonces?

Una vía es elegir cambiar este estado de soledad. Para ello el camino es abrirse al interior y, dese ahí, abrirse hacia fuera. No me refiero  al interior-pequeño, sino al interior-grande. Ir hacia dentro de nosotros mismos, a la esencia, ya que el ser nunca abandona su Fuente. Y, así, re-descubrir, a solas con uno mismo, que nuestra naturaleza es un cúmulo inagotable de bondades: dicha, amor, energía, serenidad, seguridad. Y que estas cualidades están ahí, lo sepamos o no, las sintamos o no. Por eso, basta con abrirnos a nuestro ser y quedarnos en él, respirar en él, reposar en él, hasta sentir que ahí está todo lo que necesitamos. Que en ese interior-grande que todos poseemos habita, y que cada uno elija el nombre que prefiera, lo Absoluto, el Universo, la Inteligencia, la Gran Mente, Dios. Y saber y sentir que somos parte de Ello. Por eso, en sentido estricto, nunca estamos solos.

Re-conocerse en ese interior-grande acompañado siempre por uno mismo, que no nos vamos a abandonar nunca y que estamos cuidados permanentemente por ese ser que somos, esa fuerza que nos constituye y nos sostiene.  Es una cuestión de sentirlo o, mejor dicho, de re-sentirlo ya que, en algún momento de nuestro desarrollo así lo sentimos y vivimos. La idea es, pues, muy simple: sentirse suficientemente  acompañado por uno mismo, para poder disfrutar de la compañía de los demás. 

Nadie puede negarnos la importancia de nuestro ser interior, nadie puede negarnos nuestro derecho a pertenecer plenamente al mundo, salvo nosotros mismos. Abrirme-a-mi para abrirme-a-los-demásabrirme-a-los-demás para abrirme-a-mi, ese es el movimiento; porque, en el fondo, somos iguales todos, todos estamos unidos.  Saber que mi ser ya es completa compañía, y que es con él con el que mejor puedo acompañar a los demás, sentirme en-relación-con.

Se dice que en los momentos esenciales de la vida, el nacimiento y la muerte, siempre estamos  solos...por muchas personas que se encuentren a nuestro alrededor. Pues sí, hay viajes vitales que podemos hacer solos...con nuestro propio ser, desde nuestro interior-grande. Ojalá que aprendamos a sentirnos acompañados así en esos momentos transformándolos en soledad luminosa, hechos de silencio y recogimiento, de goce y disfrute, de confianza y comprensión, y  también de compartir. Ellos nos enseñan a no tener miedo.

Sobre Juan Escalza

Mi mundo es el de las personas, el ser humano, su vida interior y sus conductas, el descubrimiento de su potencial, la superación de retos, la resolución de conflictos, su desarrollo y crecimiento.

¿Quieres hacer un curso con Juan Escalza ? apúntate aquí

Add comment

Ruteando con Sara-El mundo Freelance

Buenas Prácticas Ruteras

Newsletter