La regla de tres: Reconocimiento, motivación y esfuerzo

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En cualquier ámbito, también en el trabajo, el esfuerzo, la motivación y el reconocimiento, están relacionados e inevitablemente influirán en nuestro desempeño y resultados.

 

Podríamos decir que se habla mucho de estos elementos en la esfera profesional especialmente, está claro que uno lleva al otro y en teoría el otro debería llevar al siguiente. Pero, ¿el orden de los factores altera el producto?

 

Parece que estemos hablando de matemáticas y de reglas universales. Pero esta teoría no siempre se da así en la práctica. Podemos presuponer que uno se esfuerza mucho en hacer algo, normalmente el esfuerzo será más productivo si la persona está motivada, si lo está hay más probabilidades que haga un buen trabajo y por lo tanto, al hacerlo así, por lógica debería ser reconocido. Esto a su vez, se convierte en un ciclo, porque el reconocimiento lleva a estar aún más motivado, y esto haría que nos volviéramos a esforzar… y así sucesivamente. ¿Seríamos cada vez mejores?

 

En la realidad, a veces, las cosas no son así, y hay aspectos que fallan. Para empezar, en muchos casos no estamos siempre tan motivados, y esto puede deberse a diferentes causas: desde que no nos guste lo que estamos haciendo, ni lo disfrutemos, a que no estemos seguros de los beneficios que obtendremos. ¿Obtenemos reconocimiento cada vez que nos esforzamos? Por desgracia no. Hay que pensar cuántas veces nos quedamos hasta tarde, nos automotivamos pensando con ilusión que tenemos una gran idea y no importa echarle alguna hora más porque luego conseguiremos nuestros objetivos, y nos felicitarán.

Y echamos esas horas y alguna más, buscamos por todos los lados, nos estrujamos la cabeza, pensamos, entrenamos, nos cansamos, repetimos, volvemos a atrás, revisamos. Está perfecto. Pero luego, sorpresa, no es lo que esperaban, no ha salido bien, o no les gusta. O nos dicen que prefieren a otros… Muchas son las respuestas que nos pueden desmoralizar. ¿Y entonces? Debemos autoevaluarnos lo más objetivamente posible, no se trata de ser duros sino sinceros y constructivos, aunque sea difícil, pensar en todo lo que hemos hecho, pero nunca dejar de confiar en nosotros mismos.
Quizás, los demás tengan distintos puntos de vista, o también se nos pasó algo por alto, o tuvimos un error inesperado… somos humanos y no podemos controlarlo todo al 100% eso tenemos que asumirlo y entenderlo, y hacérnoslo entender a nosotros mismos (a veces es lo más difícil). No te fustigues, valora y aprende.

 

Puede que de ese momento dependa mucho que sigamos en esa línea, intentando siempre superarnos, o que por el contrario, la motivación se vaya. Hay gente que es casi especialista en derrotarnos o dejarnos k.o. con tan sólo unas pocas palabras bruscas de menosprecio y con su falta de empatía o de comprensión. Porque hay maneras de decir las cosas y maneras. Seguro que muchos han tenido jefes, profesores, clientes o incluso padres así, que con dos comentarios han cogido tu autoestima en su mano y la han aplastado.

 

Entonces, ¿para qué esforzarse si no voy a llegar a la excelencia como otros? ¿No será mejor a partir de ahora hacer las cosas bajo la ley del mínimo esfuerzo? Basta sólo con conformarse, resignarse a mantenerse siempre en un mismo nivel.

 

Desde que somos pequeños buscamos ese reconocimiento, que te digan lo bonito que es tu dibujo, o más tarde, qué bueno es tu proyecto, nos lo quedamos… Pero una vez que no oímos lo que queremos, no nos sentimos igual.

Hay quienes se lo creen, se fían siempre más de lo que les dicen los demás y se entristecen, se rinden, se frustran, y dejan de pensar en lo que podrían ganar si siguen adelante.

Otros en cambio, no harán tanto caso, escucharán lo que les interese, lo que les pueda venir bien, para mejorar y la próxima vez conseguir lo que deseaban. Pero no dejarán de creer en ellos mismos, se sentirán bien por seguir esforzándose, reconocerán su propio valor y su perseverancia, sabrán que valen aunque no siempre se lo digan (parece que cada vez hay menos costumbre a decirlo). Por eso, quizás sea necesario que primero uno se reconozca su valía, (pese a quien pese, o a lo que otros hagan, digan y opinen) y se anime. Conocerse bien uno mismo para tener más fuerzas para lograrlo todo.

 

Y ésa es la regla: cree en ti, motívate y trabaja. Después, tarde o temprano, los resultados llegarán.

Foto:pixabay.com

 

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