La regla de oro de la inteligencia relacional

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Juan Escalza. Mayo 2018

Las relaciones humanas, como sabemos todos por propia experiencia, son complejas. Y buscamos la mejor manera de mantener una buena convivencia con nuestro prójimo. A este respecto, existen múltiples y sabidas “recetas” que podemos aplicar para obtener éxito: amabilidad, educación, sonrisas, empatía, conocimiento personal, gestión de emociones propias y del otro, habilidades sociales, y un largo etcétera. Pero, ¿existe una regla de oro para actuar con inteligencia relacional?

Trata a los demás como te gustaría ser tratado.

He aquí una máxima que puede compendiar y resumir el contexto en el que nos tendríamos que mover en nuestros contactos. Lo que supondría que no deberíamos hacer a los demás aquello que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros mismos. Incluso podemos profundizar en esta idea y hablar de lo que, en este sentido,  debemos hacer o no-hacer, desear o no-desear. Es decir, hablar no sólo de las conductas u omisiones, sino de la influencia que puede tener lo que deseamos o esperamos para el otro (teniendo en cuenta que no existen pensamientos neutros y la gran cantidad de energía que la actividad mental despliega). Así, la leyenda podría ser: ni siquiera  pienses en hacer a los demás lo que no te gustaría que los demás pensaran en hacerte a ti.

Pero, siento deciros que este camino, además de difícil de aplicar, es insuficiente y no funciona en muchas ocasiones. El motivo es que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia percepción de la vida y del mundo que nos rodea. No vemos la realidad en sentido puro, sino en función de nuestra educación, nuestra experiencia vital, nuestros valores, nuestro contexto, nuestra evolución personal, etc. Quizás por ello el gran escritor G.B. Shaw escribiera: “No hagas a otros lo que quisieras que te hagan a ti. Sus gustos pueden no ser los mismos”. Efectivamente, pensar que lo que nos gusta a nosotros (o nos disgusta), también gusta (o disgusta) al otro,  parte de un enfoque interno, desde nuestro propio ego. Es por ello que no funciona. La solución está pues en cambiar nuestro enfoque y focalizarnos hacia el exterior; casi diríamos desde el otro y para el otro, y cambiar la máxima a: Trata a los demás como a ellos les gusta ser tratados.

Si la primera regla es difícil de seguir, ésta es aún más exigente. Principalmente precisamos de un ejercicio de olvidarnos de nuestro propio ombligo y ponernos en disposición de ver completamente al otro, de entenderlo. Es decir, necesitamos primero humildad (dirigirnos al otro desde lo que realmente somos), y luego empatía (sentirnos en los zapatos del otro). Y ni aun esto será suficiente. Tendremos que reforzar nuestra aceptación de nosotros y de los demás, estar dispuestos a asumir que todos somos diferentes (aunque con la misma dignidad) y que por ello, es absurdo compararse o situarse en ninguna posición mejor o peor con respecto al otro.  Tampoco deberemos esperar que, si nosotros nos comportamos así (buscando qué sería lo que le gustaría al otro), los demás deberán hacer lo mismo con nosotros; si esperamos que nos paguen con la misma moneda, no estamos dando realmente. Y, quizás, la más difícil de las premisas: no juzgar. Hay quien dice que nos es imposible no juzgar (dado el poder de las autopercepciones que hemos comentado), pero nos podemos conformar en darnos cuenta cada vez que emitimos un juicio desconsiderado hacia el otro, para frenar, así, el impacto del mismo.

Aunque lo realmente esencial de este recorrido reflexivo de hoy es que te haya llegado, al menos en algo. ¿Crees que hay mucha gente que actúa así (que trata a los demás como a ellos les gusta ser tratados)?, ¿Crees que sería bueno para la convivencia tuya en particular y en general de tu mundo, y en la sociedad seguirla?, ¿hasta qué punto estás dispuesto a seguir esta regla en tus relaciones a partir de ahora?. ¡Te deseo infinita suerte y diversión en este viaje tan apasionante de cómo ir creciendo y mejorando en inteligencia relacional!

Sobre Juan Escalza

Mi mundo es el de las personas, el ser humano, su vida interior y sus conductas, el descubrimiento de su potencial, la superación de retos, la resolución de conflictos, su desarrollo y crecimiento.

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