La pescadilla ya no se muerde la cola

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“A veces se gana y otras se aprende” (Álex Rovira).

¿Cómo voy a introducirme en el mercado laboral si todas las ofertas de empleo que veo piden al menos dos años de experiencia profesional y yo acabo de terminar mis estudios?

Todos nos hemos tenido que enfrentar, de una u otra forma, a ese momento en el que no comprendíamos cómo el sistema desfavorecía de una forma tan evidente a los que buscaban dar sus primeros pasos profesionales. No sólo las empresas precisaban de personas con experiencia previa, sino que, además, se valoraba especialmente haber desempeñado un puesto similar. ¡¡Apaga y vámonos!!

En ese escenario, los que habían conseguido sumar los años suficientes a través de becas de colaboración y periodos de prácticas en empresas (algo que no era precisamente fácil) estaban de suerte. Ellos habían conseguido adentrarse en el círculo que les permitía ser reconocidos como “aptos”. A partir de ahí, más tarde o más temprano, conseguirían encauzar sus trayectorias laborales. Pero, ¿y el resto? ¿Quién iba a ayudarles a salir del pozo?

Afortunadamente, hemos ido evolucionando. Poco a poco, hemos sido conscientes de cómo las circunstancias se iban adaptando a los tiempos y cómo iban creándose pequeños puntos de rescate que lanzaban paracaídas a los más débiles. Como consecuencia, muchos desempleados conseguían estrenarse y poner en práctica sus habilidades.

Parece increíble, pero en este entorno, el impacto de las Nuevas Tecnologías fue decisivo para dar paso al cambio. Revolucionó el mercado laboral y, aunque también lo perjudicó destruyendo gran cantidad de puestos de trabajo, permitió que muchos profesionales adentrarse en el mundo 2.0. De esta forma, se creó una brecha en la sociedad entre los Nativos y los Inmigrantes Digitales. Además, para muchos, no fue un proceso fácil: unos tiraron la toalla, y los persistentes, fueron conscientes del gran abanico de oportunidades a su alcance. Sin embargo, pronto se vio la necesidad de potenciar, además, las habilidades humanas difícilmente sustituibles por las máquinas. Hablamos de la creatividad, de la innovación, de la cooperación, de la intuición o incluso de la originalidad.

Y te preguntarás a dónde quiero llegar, ¿verdad? Últimamente, se ha hablado mucho sobre una nueva competencia, una que iba a ser muy valorada en las empresas y que, desde mi punto de vista, marcaría un punto y seguido en lo que a selección de personal se refiere. Hablamos de learnability o de la curiosidad y capacidad de aprender nuevas habilidades para mantenerse empleable a largo plazo.

Se trata de un concepto innovador que pone solución al eterno círculo vicioso en el que nos veíamos envueltos desde hace mucho tiempo. Ya no sólo se da importancia a los conocimientos técnicos y a la experiencia aportada, sino que ahora se valora especialmente la capacidad de aprendizaje. De hecho, las últimas publicaciones hacían referencia a este concepto como la clave del talento del futuro.

La edad ya no es un obstáculo. Seguimos aprendiendo durante toda la vida. Se tiende a una renovación continua. En este nuevo entorno, priman quiénes marcan la diferencia y son proactivos. De este modo, una renovación y aprendizaje constantes se convierten en cruciales para la generación de oportunidades laborales. Si te das cuenta, es lo que muchos estudios revelaron con el concepto de Plasticidad Cerebral: modo en el que nuestro sistema nervioso cambia, de manera constante, a partir de su interacción con el entorno.

¡¡Tenemos la solución!! Ya no hay excusas: el futuro está en tus manos. Tú eres dueño de tu propio cambio. Es momento de que nosotros tomemos las riendas, de que detectemos en qué cosas podemos mejorar, de que identifiquemos nuevas vías de desarrollo; de que ampliemos horizontes y fomentemos nuestro aprendizaje. En definitiva, de que estimulemos nuestro cerebro y saquemos provecho de todas aquellas ventajas y posibilidades que puede ofrecernos. Sólo así es como lograremos crecer y avanzar en nuestras carreras profesionales.

Veamos si tú estás yendo por el buen camino:

No permitas que la pescadilla siga mordiéndose la cola.

Sobre Carla García-Mori

 

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