Indefinición y empleo

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“El conocimiento no hace que tu vida sea más larga pero sí más ancha” (@anxo)

Te encuentras casi casi al final de tu periplo formativo: Universidad, Grado Superior, Grado Medio, Bachillerato, Certificado de Profesionalidad…, y has de centrarte en el siguiente paso, ¿y ahora qué estudio? -si es que quieres continuar estudiando-. En muchas ocasiones, la decisión, lejos de partir de dentro, de una análisis -mejor autoanálisis-, suele estar vinculada al entorno. Me explico: en lugar de sentarte y ponerte manos a la obra con tu proceso de autoconocimiento, en el que pones nombre a competencias, formación, experiencia, intereses, valores, etc., para, a partir de ahí, desvelar tu objetivo, aquel que quieres alcanzar y con el que te identificas, vinculado a lo que se te da bien, pero también a lo que te motiva, te gusta y, en función de tu disponibilidad, se ajusta a ella, como digo, en lugar de seguir este orden, en muchas ocasiones la decisión se basa en aquello que otros “deciden” por ti. Bien amigos, conocidos, padres…, te “impulsan” a transitar un sendero formativo que, en el mejor de lo casos, te conduce a una meta que poco o nada tiene que ver contigo. Y si cuando finalizas la formación, decides hacer otra, más específica -porque has oído que la especialización te dará un plus- siguiendo el mismo criterio, posiblemente llegues al mismo lugar. Lo que quiero decir es que, hay que empezar por el principio, por definir nuestro objetivo para, a partir de ahí, tratar de equiparnos de la mejor manera posible, con el fin de alcanzarlo en las mejores condiciones. Si haces lo mismo que aquellos que te rodean, ¿en qué te diferencias? Si continúas acumulando títulos y formaciones -algo muy común entre nuestras “afecciones”-, y en ningún momento te paras a pensar sobre aquello que de verdad te gustaría hacer, ¿qué ventaja adquieres frente al resto?

Lo importante no es cuánto realmente estudias, sino cuánto realmente aprendes” (@anxo)

Además, nos estamos encontrando con una realidad que, de alguna manera, está haciendo que se tambaleen “certidumbres” que ya no son tales: la formación universitaria es una garantía a la hora de insertarse laboralmente. Las salidas laborales de un título académico son algo incontestable. Por el contrario, nos topamos con muchas personas que han finalizado sus estudios y que se podría afirmar que son inempleables en el entorno actual. Algunos hasta les consideran sobrecualificados. ¿Os suena la pertinencia de formarse y formarse y continuar formándose a lo largo de toda la vida? Formación, empleo y jubilación ya no son un continuo, no al menos tan lineal. PLE, PLN, aprender con otros, en red, de manera colaborativa…, son términos a los que nos vamos a tener que ir acostumbrando. ¡Como para no tener un criterio a la hora de decantarse por unos estudios! ¡Y por una organización!, ¿entrarías a formar parte de una entidad que no facilitara tu “sed” de aprendizaje?

Algo similar ocurre con la búsqueda de empleo. Cuando tras la pregunta, ¿a qué te quieres dedicar?, ¿en qué te gustaría trabajar?, respondes con el manido y poco claro “en lo que sea”, estás poniendo de manifiesto que, lejos de tener un plan definido y que responde a un objetivo claro y delimitado, vas a confiar tu futuro laboral a “lanzar la caña y esperar a que alguien pique”. Al igual que con la formación o, en el mejor de los casos, como paso natural tras la misma, has de comenzar por definir tu objetivo, aquello en lo que quieres trabajar (ya sé que somos muy pesados las y los Orientadores Laborales con esto, pero es que sigue siendo necesario matizarlo,  porque no dejo de encontrarme #DeLoQueSea en mi día a día. Soy consciente de que, en ocasiones, la necesidad apremia, pero te animo a que pienses a medio/largo plazo con el fin de salir, de una vez, de los empleos “pan para hoy, hambre para mañana”) para, a partir de ahí, tratar de hacer un balance con el fin de comprobar lo cerca o lejos que estás del mismo, y delimitar tu plan de acción, aquel que, tras la puesta en marcha de una serie de tareas, te va a llevar de donde estás hasta donde quieres estar. En medio se pueden abordar otros apartados como #MarcaPersonal, #Posicionamiento, #ConocimientoDelEntorno, #Comunicación o #Networking pero, básicamente, con un objetivo, un autoanálisis y una estrategia -que nos es poco-, estarías en condiciones de afirmar que VAS A PONER EN MARCHA TU PROYECTO PROFESIONAL.

Sé que, en muchas ocasiones, el poner foco, el centrarte en una camino -no viene mal tener un plan B, por si acaso-, no sigue cauces lógicos. “Si disparo a todo, tendré más opciones”. “El ofrecerte para trabajar de lo que sea es como un abanico abierto, multiplica las oportunidades”. “En un mercado tan saturado de profesionales, el fijar nuestras opciones en varios destinos, incrementa enormemente las mismas”. Este tipo de planteamientos continúan abundando entre las personas que se encuentran en búsqueda de empleo y, lo que es peor, a veces lo defienden hasta el final, hasta la entrevista de trabajo. El presentarte ante el reclutador con ese argumento de venta, con esa propuesta de valor, lejos de facilitarte el proceso, casi casi te descarta a las primeras de cambio. Piensa que, si has llegado hasta la entrevista, ya has pasado varias fases del proceso de selección, tu perfil profesional estará bastante ajustado al perfil del puesto, y la entrevista estará encaminada a valorar tu “encaje” en la empresa, en su cultura. No olvides que, frente a encajar en el perfil del puesto, y encajar en la empresa, habitualmente el seleccionador se suele decantar por esta última opción (al igual que tú buscas encajar en la cultura de la empresa, que ésta esté alineada con tus valores, etc., el reclutador/a, y más con las posibilidades actuales que le ofrece internet, buscará al candidato/a cuyo perfil e imagen se adapten mejor a la empresa). Bien, como digo, has llegado a la entrevista, dispuesto a darlo todo, a “echar el resto”, y utilizas un argumento de venta basado en ofrecerte “para todo”, “para lo que sea… Pues, creo sinceramente, que tus opciones empiezan a tambalearse seriamente. Tú y nadie más que tú, tiene que tener clarísimo aquello que puedes ofrecer, aquello en lo que eres bueno, aquello que necesita la empresa y que tú puedes solventarle (la idea es que llegues a la entrevista tras un proceso planificado, por lo que habrás ido generando argumentos de valor que se tornarán muy “jugosos” en este momento: al menos habrás recabado información sobre el perfil de trabajador de la empresa -para valorar tu proximidad/distancia-, y sobre la propia empresa, sus planes de futuro, necesidades, etc.). Si te presentas como bueno en todo o, lo que es peor, en cualquier cosa, no te estarás presentando como bueno en nada (quizás el ser polivalente, el contar con una buena capacidad de adaptación, el resolver problemas varios, etc., una vez dentro de la empresa, una vez que te has hecho con el puesto, sí sea un valor al alza, hasta para promocionar en el seno de la organización). Prepara tu presentación, ensaya tu discurso, déjale claro al entrevistador aquello que tu puedes hacer por él de manera diferente (distinto de extravagante o disperso o indefinido), porque vas a basar tu discurso en realidades, en actuaciones que ya has llevado a cabo (ayúdate de este artículo de @raulpzgz)  y, además, busca la manera de conectar, no repitas tu discurso sin emoción, de “carrerilla”, sin dejar un hueco para tu toque personal y humano. Recuerda que, al final, la entrevista es una conversación entre dos personas a las que les interesa colaborar.

Como siempre, muchas gracias por leerme!!!

Sobre Máximo Peñas Bautista

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