¡Estamos en Guerra!

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No es una afirmación gratuita. Estamos en guerra y lleva tiempo librándose, aunque no nos percatemos de la misma. Una guerra que, según el resultado que obtenga marcará nuestro devenir en el futuro, así como el de las generaciones venideras.

 

¿De qué guerra hablo?

De una guerra cuyo campo de batalla es el Planeta entero y su principal arma es la Red Digital.

Le hemos declarado la guerra al dinero en efectivo o a la “libertad acuñada” tal y como el escritor ruso Fyodor Dostoyevski concebía a éste. Y es que a la postre, esta guerra es una guerra contra la libertad de las personas.

Desde el recién estrenado año 2017, ha entrado en vigor una medida elucubrada por Hacienda y que consiste en rebajar el límite del pago en efectivo de los 2.500 euros hasta los 1.000 euros.

A esto debemos sumar la cruzada europea iniciada en el 2016, para decomisar los billetes de 500 euros.

Y, por último, la cada vez más creciente presencia de la moneda digital en los mercados financieros.

Y todo esto, en aras, según dicen, de luchar contra el fraude fiscal y la economía sumergida.

Pero no podemos pensar que todos los que utilizamos dinero en efectivo somos terroristas, evasores de impuestos o delincuentes en general.

Tal vez pueda parecer alarmista, ya que los cambios en la forma del dinero siempre han existido a lo largo de los siglos. De hecho, las monedas de metal volvieron obsoletas a las conchas de mar y otras formas primitivas de dinero. Gracias a la imprenta, empezamos a utilizar el papel moneda. La banca electrónica ha terminado con la era del cheque y ahora, los sistemas de pago 'sin contacto' o contactless están haciendo lo propio con el efectivo, el cual resulta cada vez más incómodo.  

Todo esto está muy bien, pero, siempre y cuando tengamos libertad de elegir.

Libertad que con la guerra desatada contra el dinero en efectivo peligra cada vez más, ya que este tipo de medidas nos dirigen a un horizonte en el que el dinero en efectivo desaparecerá, siendo sustituido por el pago a través de tarjetas o transferencias bancarias.

En un mundo sin efectivo, cada pago que realicemos será fácil de rastrear. Si se elimina el pago en metálico, y todo se realiza de manera virtual mediante diferentes tipos de transacciones bancarias, quien desee y cuando desee, sabrá todo lo referente a nosotros y nuestras vidas: donde hemos estado, con quién, que hemos comprado, cuáles son nuestras aficiones, etc……

Por el contrario, el dinero en efectivo nos confiere “libertad” y privacidad al usarlo. 

Además, si eliminamos el efectivo, muchas personas correremos el riesgo de quedar atrapadas en la pobreza.

La telefonía nos enseñó una valiosa lección. En 2008, había 1.300 millones de teléfonos fijos para una población mundial de algo más de 7.000 millones. En la actualidad, según un estudio de la ONU, más de 6.000 millones de personas tienen un teléfono móvil. Hay más personas con teléfonos móviles que las que tienen acceso a un inodoro, por ejemplo. 

Para tener un teléfono fijo se necesita una cuenta bancaria y un crédito, pero cerca de la mitad de la población mundial no está bancarizada.

Por el contrario, con dinero en efectivo se puede comprar un móvil, así como el tiempo de llamada y además, no se necesita bancarización.

Casi cualquier persona podía conseguir un móvil y eso fue lo que ocurrió.

Mientras que el sistema financiero era una barrera que impedía progresar a los de menos recursos, el dinero en efectivo sí que lo permitió.

¡Cuidado con la guerra contra el efectivo!

 

Foto:google+

Sobre Manuel Calle Mena

Abogado de profesión especializado en Administración de empresas y de personal, Orientador laboral, Técnico de inserción laboral y Formador, soy una persona que disfruta con lo que hace y que cada día se preocupa por aprender y poder dar un poco más. 

 

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