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Esperando un día soleado

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A veces tu alegría es la fuente de tu sonrisa, pero a veces tu sonrisa es la fuente de tu alegría.

Thich Nhat Hanh

 

Los sábados son mi día de "marujeo", toca poner un poco en orden el hogar familiar. Ya sabéis aspiradora, mopa, plumero, lavadoras a discreción y un largo etcétera.

 

Tengo una peculiaridad y es que siempre, mi hija puede dar fe, lo hago con música. Me pongo mis auriculares, el volumen a todo "trapo" y bailo. Sí, eso mismo, bailo. Muevo las caderas al compás por toda la casa mientras la aspiradora me hace los coros y la mopa me agarra de la cintura y juntas dejamos la casa como los chorros del oro.

 

El fin de semana pasado estaba escuchando a Bruce Springsteen y una de las canciones que no conocía me dio un subidón alucinante, "Waiting on a sunny day" y de repente pensé que sería un maravilloso tema para todas aquellas personas que en estos momentos, por un motivo u otro lo están pasando mal.

 

Y aquí estamos The Boss and The Susi: "Está lloviendo pero no hay ni una nube en el cielo, debe de haber sido una lágrima de tus ojos. Todo irá bien".

 

Muchos de las personas que me conocéis, y estoy pensando en una maravillosa mujer asturiana que lo está pasando mal, me decís que soy una persona muy alegre y eso os llama la atención. Bien queridos míos, es cierto pero como diría Aberasturi, moderadamente.

 

Mi lema es, día sin una sonrisa día perdido. Y lo cumplo. A veces entre lágrimas, pero lo cumplo.

 

Nací feliz, y eso que según me enteré después de muchos años vine en una postura un poco ingrata... ¡Claro!, me dije, ¡ahora me explico muchas cosas de mi vida! Pero creo que fue precisamente eso lo que me marcó. ¡¿Cómo no me voy a reir si lo primero que le enseñé al mundo fueron mis preciosas y sonrosaditas nalgas?!

 

Pero todos pasamos malas épocas. Todos encontramos enormes obstáculos en el camino que nos nublan la vista y nos congelan la sonrisa. Yo no soy ajena al dolor. Sé lo que es sufrir una depresión  y la desesperación de no saber porqué eres incapaz de dejar de llorar y sentirte la mierda más grande del mundo. Lo sé, ¡vaya si lo sé!

 

¿Qué hice para salir? No lo tengo muy claro pero siempre digo que fueron unos enormes ojos verdes los que me sujetaron antes de que me precipitase al abismo. Una criatura de seis años que dependía de mí y que así, de pronto, con total naturalidad fue capaz de soltarme: "Mami, esto es como si vas por la calle caminando y alguien te para, ¡no lo hagas! Sigue caminando". Y te lo dice seria, con un profundo amor en esos inmensos ojos llenos de motitas doradas, mientras te alcanza por enésima vez el paquete de pañuelos para esa "alergia" que te hace llorar tanto.

 

Me dije, no puedo permitir que este ser tan especial que el Universo me ha dado, aún veinte años después no sé muy bien porqué, crezca con una madre triste.

 

Con la ayuda de sus pequeñas manos escalé, poco a poco y salí a la luz del día. Encontré que había mucha gente esperándome. Personas que sujetaban a mi niña para que no se cayera y pudiera rescatar a su madre. Abuelos, hermanos, tíos, primos. ¡FAMILIA! Y renací. Mi hija me alumbró de nuevo y me devolvió a la vida.

 

Decidí que nunca más me iba a hundir en esa negrura, que tenía muchos motivos para encontrar mi día soleado, que en realidad  estaba a mi lado, en mi casa, a mi vera. Fui madre, y fui hija de mi hija.

 

Pasaron los años, y aquí estamos las dos. Cada una un bastón de la otra. Y es por ello, que tenemos esa relación tan especial, tan íntima. Algo que va mucho más allá de la maternidad, pero sin olvidar jamás quién es cada una y el papel que nos corresponde.

 

Y eso es lo que os quiero transmitir.

 

Soy consciente de que vivimos en un mundo muy complicado, bueno... seamos sinceros, nosotros lo hemos hecho complicado. Pero sé, que si ponemos un poco de nuestra parte, podremos encontrar ese día soleado que tanta falta nos hace.

 

A ti, mi amiga cibernética, que vives en la misma ciudad que yo y aún no nos hemos conocido. A ti que sufres y con motivo. Te dedico hoy mi artículo, para darte ánimo y mucha fuerza. Para que reposes tu agotamiento en los brazos de aquellos que te quieren. Para que compartas tus miedos y hagas más ligero tu equipaje. Para que entre lágrima y lágrima puedas dibujar alguna sonrisa. A tí, tan generosa siempre en tus comentarios, te dedico mi historia de hoy. Esa que hilvano con todo el cariño que me transmites para coser un relato que se asemeje un mínimo a todas esas maravillas que tus manos son capaces de confeccionar.

 

A ti, anónimo que me lees al otro lado de la pantalla, y te levantas todas las mañanas con una pesada carga. No te conozco, no me conoces. Pero a través de estas humildes letras que pretenden bordar esperanza o tal vez unos minutos de distracción, te quiero hacer llegar un abrazo. De esos que no curan, pero alivian. Que Te hacen sentir que no estás solo. Un abrazo de los que transmiten toda la energía de un cuerpo al otro. Fuerte pero delicado. Duradero. Cálido. Reconfortante.

 

Sí, hasta los más alegres tenemos nuestras parcelitas más oscuras. Al fin y al cabo, ya os lo dije en otro post, tenemos derecho a nuestro día de mierda. Lo que ocurre es que en ocasiones, por una cuestión o por otra se puede prolongar un poco en el espacio. ¿Y qué? No os preocupéis por sentiros mal, no añadais más dolor al dolor.

 

El otro día, le comentaba a mi amiga Elena que yo, cuando me siento mal soy como un gochín (cerdo para los no astures) me regodeo en mi miseria, doy vueltas sobre mi lomo y voy girando de un lado a otro de mi pocilga rebozándome en toda la mierda acumulada. Incluso, me visualizo. Ya, ya lo sé tengo un exceso de imaginación y estoy un poco chiflada, pero oye ¡yo soy feliz! Acabo riéndome de mí misma, viéndome toda rosa con mi colita rizada ¡venga a dar vueltas arriba y abajo!

 

Eso es lo que tenemos que hacer, reirnos de nosotros. Quitarle, en la medida de lo posible, un poco de seriedad a las dificultades y mofarnos de ellas, así a la cara. ¡Eh tú pedazo de problema mira como me cachondeo de ti!  

 

En fin, queridos míos. Tan solo quería ser justa y confesar que yo también lo he pasado mal. Que no es sonrisa todo lo que reluce. Y así ser capaz, o intentarlo al menos, de proporcionar un poco de ¿esperanza? a alguno de vosotros que me acompañaís en esta maravillosa Ruta de la Vida.

 

Una vez más, gracias. Esto no sería posible sin vosotros.

Como no podía ser de otro modo os dejo con la canción de Bruce que me ha servido de inspiración WAITING ON A SUNNY DAY

 

Foto:Susana Álvarez

 

Sobre Susana Álvarez

Rescatadora de sueños, descubro la magia en las emociones

Profesión: Docente por formación, coach por convicción, comercial de profesión. 

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