Escenarios para la necesaria reforma del mercado laboral

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En el momento en que se redactan estas líneas, la página web del ministerio de Empleo y Seguridad Social,  publica los datos de tasa de desempleo armonizada de la OCDE, según la cuál España se convierte en el país miembro de la Organización que ha experimentado una mayor reducción de la misma en el último año. Los datos divulgados destacan que la tasa de paro ha disminuido en España 2,57 puntos frente al 0,53% en el conjunto de la OCDE, por encima del resto de países miembros. Los siguientes países en el ranking como la República Eslovaca o Portugal y Grecia, lo hacen por debajo de 2,17 puntos.

De igual modo, en términos absolutos, y durante el último año, en España el desempleo ha disminuido en 603.000 personas, lo que supone el 17,8% del descenso del paro en el conjunto de la OCDE. Solamente en Estados Unidos se ha reducido más el desempleo en términos absolutos, al alcanzar 864.000 personas. A más distancia, México con 267.847, Polonia con 227.000 y Alemania,  204.000 experimentan descensos significativos del desempleo.

Estos datos representan, desde luego, un motivo de satisfacción, pero obligan a realizar una reflexión antes de ofrecer un cierto margen de acomodo. No existen motivos para ello cuando la tasa de paro del tercer trimestre continúa en el 16.38% y el nivel de desempleo en términos absolutos en 3.731.700 personas.  Es cierto que estos datos no son los mismos que en el punto más complicado del actual ciclo económico, en el primer trimestre de 2013 cuando la tasa de paro estaba situada en el 26,94% y la cifra de desempleo en 6.278.200 personas. Desde entonces, las cosas han ido a mejor. Pero se tiene la impresión que los efectos de la reforma laboral de 2012 sobre el mercado de trabajo se han agotado o han perdido su vigor, y conviene empezar a pensar en qué se tiene que hacer para que los registros de desempleo en España se sitúen en línea con los existentes en el resto del mundo.

El diálogo social tiene un reto formidable por delante. Sentar las bases de un nuevo proceso que lleve a los indicadores laborales españoles a un escenario europeo. No conviene pensar que el crecimiento económico sostenido en el entorno del 3,1% garantiza por sí solo el logro de este objetivo. La experiencia reciente nos indica que con tasas más modestas, la economía española era capaz de generar empleo, y que en los últimos meses se observa una cierta estabilidad en el ritmo de generación de empleo.

Con datos de la seguridad social, por ejemplo, la tasa de crecimiento anual ha pasado de ser negativa en los primeros meses de 2013 a registrar un 3,5% positivo a partir de comienzos de 2015. Desde entonces se ha mantenido, salvo oscilaciones, a ese nivel, y la última de octubre pasado es del 3,46%. Idéntico comportamiento se observa en la evolución del paro registrado, que de crecer por encima del 12% en tasa anual a mediados de 2012, pasó a un -8% a partir de finales de 2015, manteniéndose a esos niveles desde entonces. El último dato en octubre pasado fue del -7,91%.

Las tendencias de empleo y desempleo a corto plazo muestran que el ritmo de disminución de los indicadores se mantiene, pero a tasas menores. Perdido el empuje inicial de las medidas de reforma laboral el crecimiento económico actúa como impulsor del empleo, pero hace falta avanzar más. Incluso, hay quienes señalan que estos datos no esconden, de forma evidente, algunas debilidades estructurales del mercado laboral español.

Una de las más importantes es la precariedad del empleo creado, con un aumento de las tasas de temporalidad de los asalariados hasta niveles que no se veían desde antes de la crisis. En el tercer trimestre pasado la tasa de temporalidad alcanzó un 27% del empleo por cuenta ajena total, un dato que la serie histórica no había alcanzado desde el cuarto trimestre de 2008. El gobierno ha declarado que su prioridad es la calidad de los nuevos trabajos que deben ocupar los jóvenes que se integran en el mercado laboral. Los agentes económicos y sociales también están de acuerdo con esta idea. No queda más remedio que dar más agilidad a la agenda de la reforma laboral apostando por ir más allá en el diseño de la estructuras del mercado laboral y un nuevo enfoque de las políticas activas de empleo centrado en sacar el máximo provecho de las cualificaciones profesionales.

¿Por dónde se tiene que avanzar? Algunos medios se han hecho eco de que se está avanzando en una negociación, según la cuál, la pluralidad de contratos que existen en la actualidad se vería condicionada por una actuación tendente a penalizar la contratación temporal y reducir el escalón entre indefinidos y temporales. La propuesta principal se encuentra en el lanzamiento de un contrato temporal de indemnización creciente que vendría a poner fin a las diferencias entre contrato temporal e indefinido. El ministerio pretende de este modo cambiar las actuales modalidades de contratos para avanzar en su simplificación dejándolas en tres. En primer lugar, el indefinido, que permanece inalterado. En segundo, el temporal, que se cambia para incorporar la indemnización creciente. Y en último, un contrato de formación, que pasa a integrar todos los contratos para jóvenes que compaginan estudios y aprendizaje con el trabajo.

A falta de concretar los detalles, porque la reunión con los agentes sociales está programada para el 14 de noviembre, antes de que este post esté redactado, el nuevo contrato temporal llevaría consigo un aumento de la indemnización del trabajador temporal de manera paulatina hasta alcanzar su equivalencia con el contrato indefinido. De este modo, los trabajadores podrían aumentar progresivamente  su derecho de indemnización hasta el punto que, al finalizar el periodo máximo de contratación, fuera igual al correspondiente a un indefinido, es decir,  20 días por año trabajado. A la vista de este nuevo diseño contractual, las empresas no tendrían  escalón para convertir un temporal en fijo, en cuanto a la indemnización.

Igualmente, ha trascendido que la propuesta de reforma pretende incorporar incentivos para empresas que den prioridad a la contratación indefinida y, por el contrario, que penalicen los abusos de la temporalidad. Es lo que se denomina bonus/malus pactado por el gobierno con Ciudadanos hace un año para la investidura de Rajoy y que el gobierno pretende canalizar a través de las cotizaciones a la seguridad social, con un modelo similar al de la formación de demanda. De ese modo, las empresas que abusen de la temporalidad experimentarían una penalización en su cuota, y por el contrario, las que promuevan empleo estable, podrán disponer de una bonificación. Y todo ello de forma automática. Como cada sector presenta unas circunstancias concretas y específicas, la propuesta del ministerio es ser flexible. Un diseño en el que al parecer se está trabajando es que cada empresa se compare con su sector para determinar cuál es la verdadera estabilidad de su plantilla. Y esto requerirá información estadística de calidad y comparable.

Siendo importantes estas cuestiones contractuales y de subsidios a las empresas, no cabe la menor duda que mucho es lo que se tiene que hacer en el ámbito de la cualificación, la formación y las políticas activas de empleo. Los mimbres existen para ello, sólo es necesario ponerse de acuerdo sobre la importancia que tienen estos aspectos en la política de empleo. En medio de un escenario, cada vez más dominado por el impacto disruptivo de las tecnologías asociadas a la cuarta revolución industrial, las autoridades y los agentes sociales tienen por delante una tarea de gran importancia. Ojalá acierten.

Elías Amor Bravo

Presidente AFEMCUAL*

*AFEMCUAL es la Asociación Española para el Fomento de las Políticas Activas de Empleo y las Cualificaciones

Sobre Elías Amor Bravo

Presidente de AFEMCUAL, Asociación Española para el Fomento de las Políticas Activas de Empleo y las Cualificaciones. Especialista en cualificaciones y políticas activas de empleo. Director general de FP (1998-2005) y director de la Fundación FSVE (2005-2013).

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