¿¡Es eso lo mejor que podés hacer!?

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En días recientes volví a tropezar con la película “El Show de Truman”, que protagoniza el comediante Jim Carrey, en primera instancia porque mi amigo en la distancia Manuel Calle saluda como él en un par de grupos de whatsapp de los que formamos parte y luego, porque también vi parte de la película esta semana que recién pasó.

Para efectos de no contársela a quien no la ha visto aún, no entraré en muchos detalles, sin embargo, me resulta imposible no reflexionar en su parte final. En medio de una tormenta en mar abierto, donde las olas y el viento amenazan su barco y su vida, se atreve a lanzar un grito desafiante desde lo más profundo de sus entrañas: “¿¡es eso lo mejor que podés hacer!?

Me impresiona. Hay ira, coraje y atrevimiento en ese desafío. Trato de interpretarlo desde la óptica de un hombre cansado de su situación, de su rutina, que una y otra vez ha hecho esfuerzos para cambiar las cosas, que se ha visto aplastado emocionalmente por personas y circunstancias que han llevado su vida de un lado a otro.. pero que está ahí, en un barco en medio océano, venciendo sus miedos y lanzándose a conseguir lo que anhela.

La vida nuestra puede tener en ocasiones un poco de la de Truman. Por fuera estamos sonrientes y de buen humor. Enfrentamos la vida con una apariencia de positivismo, de energía y nos levantamos cada mañana con la firme intención de comernos al mundo. Nos llenamos de frases motivacionales, de literatura, de audiolibros y de todo lo que podamos para mantener nuestra actitud y ánimo a tope.

Eso está genial. ¡Ojalá nunca lo dejemos de hacer! Sin embargo, habrá ocasiones en las cuales al echar una mirada dentro de nosotros, quizá nos llevemos una sorpresa. Notaremos algo que está sucediendo y que nadie a nuestro alrededor puede ver.

Hay un cansancio de lo mismo: de la rutina, del desánimo, de los repetidos fracasos, de las opiniones de los demás. Seguramente nos hemos llenado de cosas materiales, de lugares y de actividades que ya cumplieron su ciclo, pero ahí estamos, insistiendo una y otra vez en lo mismo. Seguramente son cosas y actividades que dominamos y lugares que recorreríamos hasta con los ojos cerrados y que forman parte de la decoración de nuestra zona de confort.  Pero ya sabemos qué resultados tendremos si seguimos haciendo lo mismo de siempre. O simplemente quizá se trate tan solo de que nos cansamos de escuchar las mismas voces –incluida la nuestra, con el discurso trillado de siempre: ‘no podrás’, ‘no funcionará’, ‘no tenés las agallas’, ‘mejor rendite e intentá otra cosa’...

Si no es ahora, tarde o temprano estarás contra la pared, en un callejón oscuro durante una noche lluviosa, acorralado por esas voces derrotistas y por los recuerdos de lo que ha salido mal. Seguramente también estarás cojeando, con heridas y dolor. El frío te invitará a rendirte. Ese será un momento decisivo. Podés bajar los brazos y nadie te juzgará. Es válido y mucha gente lo ha hecho antes.

Pero también podés voltearte, apretar puños y dientes y gritarle desde tus entrañas a la vida o a tus circunstancias adversas: “¿¡es eso lo mejor que podés hacer!? Y lanzarte a seguir luchando.

Vos elegís.

 

Foto:pixabay.com

Sobre Fabrizzio Ponce Villarreal

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