Entornos sostenibles… ¿y tu empresa?

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No firmamos tratados medioambientales, pero si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que algo más podemos cuidar nuestro entorno.

Típica conversación en el ascensor referente al calor que hace en octubre, es otoño, pero desde hace algún tiempo llamamos a esa estación del año “veroño”. Nos gusta sacarnos fotos en la playa con algún hashtag tipo #playitanoviembre #30gradosotoño o similares. Disfrutamos de verdad de ese sol caluroso a destiempo aunque también sabemos que no es lo normal.

Al margen de debates sobre el cambio climático, somos conscientes que somos muchos y consumimos mucho sin preocuparnos de los recursos. Es cierto también, que cada vez existe una mayor concienciación cívica sobre el medioambiente, bajamos las botellas al contenedor indicado, reciclamos los plásticos y papeles en otros, y los supermercados nos cobran cada bolsa. Pero se puede hacer más, y ser aún más cuidadoso. No trato de dar grandes consejos ni mucho menos de hacer críticas, sino más bien es una reflexión personal, que surge de mirar a mi propio alrededor..

Como ya he mencionado antes, nos gusta poder pasear aún en pantalón corto por la playa mientras en las tiendas colocan los turrones de Navidad, pero también nos apetece ponernos esa cazadora tan chula que sigue ahí, colgada en el armario esperando que esos grados centígrados de más bajen un poquito. Al mismo tiempo, intentamos cerrar el grifo al cepillarnos los dientes, apagar las luces si no estamos en la habitación, gastar menos bolsas de plástico, reciclar nuestra basura… Vamos adquiriendo mejores hábitos en nuestro día a día, convirtiéndonos en ciudadanos concienciados, pero después llegamos al trabajo ¿y qué ocurre?

Impresoras siempre en marcha, papeles y papeles amontonados, todas las luces siempre encendidas, materiales obsoletos y otros bultos en armarios almacenados, mucho material de oficina por ahí desperdigado. Es curioso que muchas veces estamos hartos de encontrarnos el buzón de nuestra casa lleno de papelotes y folletos publicitarios, incluso ya nos empiezan a molestar los recibos del banco (molestan siempre), sabemos que podemos ver todo en la web, pero ¿por qué tenemos nuestra oficina llena de todo eso?

Algunas empresas sí tienen en cuenta esos detalles y cada vez podemos ver más puestos de trabajo diáfanos y minimalistas, que ni tan siquiera son fijos. El que llega por la mañana se sienta ahí con su ordenador y sus cosas, y al irse se lleva todo o lo guarda en un casillero, todo queda limpio, para cualquier otro trabajos que llegue y ocupe ese lugar.

En lo relativo a la electricidad, recuerdo muchas compañías americanas en las que no hay ni interruptores en las salas para apagar las luces, y éstas permanecen permanentemente encendidas, quizás sea para el disfrute de esos maravillosos skylines pero las propias empresas deberían estar interesadas en un ahorro eficiente. Por ejemplo, si tenemos a empleados calentando la silla para lograr ser el último en marcharse a las diez de la noche quizás nos cueste más la factura de lo que esa persona pueda “producir” ese rato.

Y ¿lo de imprimir todo y más y varias veces? ¿De verdad necesitamos todas las hojas? Teniendo en cuenta los nuevos programas y sistemas informáticos, el poder trabajar de forma conjunta en el mismo documento en la nube, los chats internos para el personal, etc. Cada vez tenemos menos excusa para el derroche, ya no vale sólo con usar la hoja impresa por la otra cara como borrador, sino de pensar cómo hacer nuestro trabajo de forma más eficiente. Esto en el ámbito del trabajo público, donde el derroche lo pagan otros, o mejor dicho, lo pagamos nosotros, por desgracia, aún se tiene menos en cuenta.

Independientemente de donde nos encontremos, si es nuestra casa, la calle, la empresa o la oficina, deberíamos tener el mismo nivel de implicación, civismo y cuidado. Y además, en lugares colectivos, ya no es sólo por nosotros mismos, a las empresas les debería preocupar también el bienestar de todos, incluído el suyo.

La sostenibilidad real (no me refiero al “green marketing”) de las compañías va más allá de sus políticas laborales, algunas también más o menos cuestionables, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión...

Sobre Davinia Capote

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