​ Empleando a la Familia

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En estos últimos días en los que he tenido la oportunidad de cambiar de horarios y meridiano, he observado varias cosas que extrapoladas al terreno profesional bien merecen una reflexión: los horarios y la familia. ¿Alguno de vosotros se ha preguntado alguna vez por el sentido de su horario laboral?¿o se ha encontrado en la búsqueda de un recurso para conciliar vida familiar y laboral?

Nuestro reto es la productividad, pero nuestros obstáculos para lograrlo no parten de la cualificación profesional y las competencias, sino de otros factores colaterales que hacen que personas y empleo se vean luchando las unas con las otras para lograr a fin de mes el objetivo marcado. Pero ¿cuales creo que pueden ser alguna de las causas de tan complicada formula?

 

Falta de flexibilidad horaria, que a su vez impide una mejor conciliación de la vida personal y laboral. Si la cuestión es que al día se trabajen un número de horas acordadas ¿por qué ese empeño en que el horario sea siempre el mismo, único e inamovible?¿por qué esa fijación en hacer que las personas se queden en la silla frente a la mesa de su oficia cuando es posible trasladar "el despacho" a otras latitudes y localizaciones que son igualmente favorables para el desempeño de la tarea? A veces da la sensación de que es más una cuestión de estar, permanecer, que de hacer. Si la tarea se entrega en el plazo acordado y con la calidad adecuada ¿por qué no dejar que cada empleado gestione su tiempo y horario en función de su rendimiento y efectividad? Es cierto, no es una cuestión global y generalizable, y hay sectores -servicios- que se ven condicionados por el mercado, pero hay otros, en los que esta opción es viable. De hecho, ya hay empresas que empiezan a flexibilizar sus horarios y sedes ¿por qué no aprender de las buenas prácticas?

 

 

Segunda gran cuestión, la familia. Ésta no firma contrato cuando lo haces tú, pero como si lo hiciera, porque conciliar vida familiar y laboral se convierte en un puzzle diario complejo, donde hay que encajar muchas piezas. Consume tiempo, energía, esfuerzo y desgasta emocionalmente. En este reto, hay dos mundos. El escolar y el vacacional. Padres e hijos luchan en sus esferas de poder para, por un lado conseguir hacer de las actividades de conciliación un elemento divertido, sano y educativo para su hijos, y por otros los hijos, haciendo ver a sus padres que realmente quedarse en la cama hasta las nueve, comer en casa y jugar en el parque son sueños infantiles realizables, de los cuales también estarían encantados en participar. Somos animales de costumbres, y a todo nos adaptamos, haciendo creer a nuestra cabecitas que esta es la única solución: a golpe de talón y de recursos externos que no solucionan el problema de fondo, sino que lo aplazan temporalmente.

 

Pero es que además, hay veces que las cuentas no salen, y trabajar se convierte en una cuestión de cálculo matemático, porque la oferta interesa, pero cuando empiezas a sumar recursos para la puesta en marcha de toda esta maquinaria, el balance no cuadra, porque son tantos, que al final lo comido por lo servido. Y para que estas cuentas salgan las nóminas de los empleados deben ser, al menos, dignas, porque la conciliación tiene un alto coste, económico, personal y emocional, porque ni los padres se enorgullecen de dejar a diario a sus peques en todasuerte de recursos que hacen viable su horario, ni los hijos aplauden la maniobra en la que ven desde fuera que ellos no ganan nada en tan alocada carrera de obstáculos.

 

Ni que decir tiene, que la familia extensa, merece nuestro reconocimiento, admiración y gratitud, porque si eres de los afortunados que vive en la misma ciudad que sus padres, hermanos, tíos o abuelos, ya habrás podido comprobar que tenerlos cerca es una suerte y que salimos ganando ambos, hijos y padres, en lo personal y en lo económico.

 

Por eso, cuando una oferta de trabajo llama a nuestra puerta, además de valorar que cumplimos con el perfil, que podemos ser competitivos, que cumple con nuestro objetivo profesional, que nos ayudará a crecer y que reúne unas condiciones idóneas para convertirse en interesante, tenemos que calcular cuanto tiempo de nuestras vidas nos llevara desempeñarlo y cuántos recursos tenemos que poner en marcha para hacer posible que horario, familia y empleo se lleven bien al menos por unos meses. No es de extrañar que las vacaciones familiares se conviertan en un oasis en un desierto, y que veamos como espejismos la escuela y el curro al fondo de la duna.

 

Por María José Muñoz Estepa

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