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El placer está en tu cuerpo

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Si nos paramos a pensar, vivimos en una sociedad hipersexualizada. Con un sencillo clic podemos acceder a un sinfín de vídeos de contenidos pornográficos, la publicidad utiliza el sexo (el que se hace) como reclamo en sus anuncios, las canciones, los videoclips…

Sin embargo, ¿hablamos tod@s de lo mismo cuando nos referimos a la sexualidad? ¿Qué significa este concepto a nivel individual y social?

Si realizásemos una encuesta en nuestro barrio o en nuestra ciudad en la que preguntásemos a las personas en la calle “¿qué te sugiere la palabra sexualidad?”, seguramente las respuestas que obtendríamos se parecerían a: coito, genitales, reproducción, relaciones, contacto, penetración… También podrían aparecer las palabras: amor, cariño, caricia, beso… Pero en menor medida, posiblemente.

Para comenzar a aclarar nuestras ideas sobre la “sexualidad”, hay que recurrir al concepto de “Hecho Sexual Humano”. Éste se refiere al proceso donde el hombre o la mujer se construyen y se viven de forma única e irrepetible, y consta de tres realidades:

  • Sexo o Sexuación: es el proceso de hacerse hombre o mujer.
  • Sexualidad: es la manera propia de verse, sentirse y vivirse como mujer u hombre.
  • Erótica: es la forma de expresar nuestra sexualidad.

Como podemos ver, la sexualidad se refiere a nuestra vivencia personal, que es única e irrepetible; y por tanto, muy respetable. Sin embargo, a nivel social, hay sexualidades más “válidas que otras”, y hay modelos de lo que parece que “debe ser” nuestra erótica. A continuación, os voy a contar una historia que os va a ayudar a comprender mejor esto:

Imaginad que estáis viendo una película. En ella aparecen dos personas que se acaban de conocer en el trabajo. Parece que se gustan. Ninguna de las dos se atreve a decirle a la otra que quiere quedar un día.

Mientras la película avanza, estas dos personas van hablando en el trabajo, se van conociendo más y se van gustando más. Finalmente, una de ellas invita a cenar a la otra. Acepta, y salen una noche a cenar a un restaurante.

Después de cenar y tomar algo, van a la casa de una de las personas. Entran y encienden una chimenea que hace que el ambiente sea muy agradable. Se sientan en el sofá que está enfrente del fuego y acaban besándose. La última escena que se ve en la película enfoca la chimenea encendida.

¿Qué pasaría mientras veis la chimenea?

Tomaos un tiempo para pensar…

Una vez que hayáis reflexionado sobre la historia, estoy casi completamente segura de que la gran mayoría que estáis leyendo habéis construido un modelo similar al siguiente:

  • Las personas que habéis imaginado siguen un esquema de relación que incluye preliminares, coito y orgasmo de ambos.
  • El modelo de encuentro erótico que en el que habéis pensado está centrado en el coito, o como mucho, los genitales. Todo lo demás, no se considera “sexo” (el que se hace).
  • En general, el tipo de personas que habéis imaginado, seguramente son un hombre y una mujer jóvenes, heterosexuales, con buen aspecto físico, y que adquieren dos roles diferenciados en el que el hombre tiene generalmente la iniciativa.

¿He acertado? Es muy posible que sí, ya que tod@s hemos aprendido un esquema sobre “lo que debe ser” un encuentro erótico, y también que la sexualidad tiene que ver solamente con ciertas personas o con ciertas características. Esto no es cierto, y tenemos que trabajar por ir desterrando la idea que impera en la sociedad sobre un modelo erótico centrado en el coito (coitocéntrico) y en los genitales (genitalista).

¿Cómo podemos empezar a cambiar nuestros esquemas? Pensando e interiorizando las siguientes máximas:

  • Tenemos un cuerpo preparado para el placer, no sólo los genitales. Todo nuestro cuerpo tiene que ver con la sexualidad.
  • Existen muchas posibilidades para distintas personas y distintas ocasiones.
  • Los sentimientos y las emociones, los afectos y los deseos; también son parte de nuestra sexualidad.
  • Cada cuerpo es un mundo. Cada rincón puede resultarnos hermoso de recorrer.
  • El placer y la satisfacción son subjetivos.
  • Podemos ampliar nuestro modelo de goce, convirtiéndolo en un modelo global (considerando todo el cuerpo) y de “tipo paseo” (el disfrute se encuentra en el camino-cuerpo a recorrer y no únicamente en la meta, en el orgasmo).

“Quien tiene todo el cuerpo para disfrutar y sólo se centra en una parte, es como quien tiene todo el mundo para viajar y no sale de su pueblo”.

Sobre Teresa Lozano Herrera

PROFESIÓN: Psicóloga Sanitaria y Sexóloga. Agente de Igualdad

Soy psicóloga por vocación. Siempre supe que una de mis misiones en la vida era ayudar y hacer sentir mejor a los demás, y es a lo que me dedico.

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