El feminismo también beneficia a los hombres

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Qué pesadas estamos las mujeres últimamente. Que si huelga feminista por el Día de la Mujer, que si la brecha salarial, que si #MeToo, que si abanicos rojos en una gala de cine …

Muchos pensarán que, en realidad, todo esto está impulsado por unas cuantas “odia hombres amargadas” o por unas locas que gritan con el torso desnudo.

Te contaré una historia para que veas que, detrás de estas conquistas femeninas, no siempre hay feminazis exaltadas, y que de este barullo reivindicativo también se pueden beneficiar los hombres.

¿Trabajas en un despacho o en una oficina? ¿Cómo lo haces? Sentado ¿a que sí? Hoy por hoy sería impensable pasar 8 horas o más, trabajando de pie ¡menudo dolor de espalda, de extremidades, de pies y de cuerpo entero! Trabajar sentado es tu derecho, ¡faltaría más! ¿verdad?

¿Sabías que en España tienes ese derecho gracias a una mujer que luchó por conseguir mejores condiciones de trabajo para otras mujeres a principios del siglo XX?

Aquella mujer fue María de Echarri y Martínez (1878 – 1955), que se esforzó por:

  • conseguir mejoras sociales para las mujeres en su puesto de trabajo
  • el derecho a la sindicación de las mujeres
  • el derecho a tener la misma retribución que el hombre
  • la igualdad de condiciones laborales
  • el voto de la mujer

María de Echarri y Martínez fue una de las grandes figuras del catolicismo social femenino. Conferenciante, periodista, una de las 3 primeras concejalas del Ayuntamiento de Madrid, fundadora del primer Sindicato Católico Femenino de España … y no sigo porque tuvo un currículum de trabajos y logros que no caben en una hoja, tal y como recomiendan los headhunters del siglo XXI.

El caso es que la Sra. Echarri fue una de las impulsoras de la revolucionaria Ley de la Silla, que se decretó en 1912, durante la reforma laboral del breve gobierno liberal de José Canalejas (1910 – 1912)

José Canalejas fue quien creó la Inspección de Trabajo para obligar a los patronos a cumplir las normas laborales y sancionarles en caso de no hacerlo. Prohibió el trabajo nocturno de mujeres en talleres y fábricas. Reguló los contratos de aprendizaje.

Con la Ley de la Silla, los empresarios estaban obligados a poner un asiento a disposición de las trabajadoras.

 […] En almacenes, tiendas y oficinas, escritorios, y en general en todo establecimiento no fabril, de cualquier clase que sea, donde se vendan, artículos u objetos al público o se preste algún servicio relacionado con él por mujeres empleadas, y en los locales anejos, será obligatorio para el dueño o su representante particular o Compañía tener dispuesto un asiento para cada una de aquéllas. Cada asiento, destinado exclusivamente a una empleada, estará en el local donde desempeñe su ocupación […]

La promulgación de la Ley de la Silla se justificó con que las mujeres no eran capaces de soportar de pie las largas jornadas laborales de la época, corriendo el riesgo de “congestión en los ovarios y en la matriz, posibilidad de sufrir abortos y partos prematuros, deformidades en la pelvis y en los pies, enfermedades varias…”

Si bien esta ley fue polémica por considerarse paternalista, machista e insinuar aquello de “sexo débil”, fue la primera norma promulgada en España que defendía a la mujer como trabajadora y que la protegía frente a ciertos riesgos laborales.

Claro, claro, un asiento exclusivo para cada empleada … ¿qué pasa con los hombres? ¿no se sientan? Esa ley era lo que hoy denominamos discriminación positiva. No fue hasta seis años después cuando los hombres consiguieron su igualdad con artículo 15 del Real Decreto de 18 de octubre de 1918

[…]  todo dependiente varón gozará el derecho al asiento en los mismos términos que para las mujeres empleadas establece la Ley de 27 de febrero de 1912 […]

Como ves, todos nos podemos beneficiar de las conquistas femeninas y feministas.

Las reivindicaciones y logros femeninos no deben entenderse como una amenaza para el colectivo masculino. Ser feminista no es odiar a los hombres. Tampoco se trata de atacarlos o reemplazarlos.

Se trata de colaborar en equipo y trabajar juntos, en casa, en el trabajo y en todos los ámbitos sociales y económicos. Se busca equidad e igualdad.

Que las mujeres accedan al mercado laboral y perciban un sueldo acorde a su valía profesional, sin penalizaciones por maternidad, nos beneficia a todos porque se generan ingresos al PIB (lo expliqué aquí) y es un granito de arena para que tú cobres tu pensión de jubilación el día de mañana.

Romper techos de cristal laborales no significa que queramos que los hombres sean expulsados de los consejos de administración de las empresas. Significa que los méritos profesionales de las mujeres (que quieran hacer carrera) las capacitan para dirigir organizaciones, de la misma que lo hacen los méritos masculinos para los hombres.

Esto no es una moda. Esto no es salir un día a la calle con pancartas y gritar un rato para hacer ruido. ¿Sabes por qué? Porque la discriminación laboral, el acoso verbal y sexual, la violencia de género, el reparto de las tareas del hogar, la tasa rosa, etc. son eventos que ocurren los 365 días del año.

Por cierto, la ley de la silla no ha sido derogada y a fecha de hoy todavía vemos trabajadores desempeñando sus funciones de pie en comercios y otras empresas.

Sobre Esther Carretero

Licenciada en Estudios Internacionales e Iberoamericanos. Con dilatada experiencia laboral en el extranjero y en empresas multinacionales. Disfruto viajando y conociendo otras formas de vida, culturas y costumbres.

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