El baile de máscaras

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Y ya llegó, un año más, el ​carnaval​. El carnaval es un acontecimiento curioso. Durante unos días decidimos ser otras personas, nos disfrazamos como ellas, hablamos como ellas, y todo ello desde un punto de vista jocoso que hace de estas fechas una de las épocas preferidas de todo aquel que tiene un poquito de sentido del humor.

Desde hace algún tiempo me he dado cuenta de una cosa : ​para la mayor parte de nosotros el carnaval dura todo el año.​ Muchas veces sin darnos cuenta y otras a conciencia, creamos un personaje y nos disfrazamos de él como método de supervivencia ante un entorno social que nos asusta o que consideramos que no aceptaría quiénes somos en realidad. Y eso hace que aparezca otra persona, ese alguien que pensamos que los demás quieren ver. Es alguien tan irreal como los personajes de los que nos disfrazamos en carnaval pero a fuerza de ponernos el mismo traje una y otra vez terminamos por creer que ese personaje somos nosotros.

Ya sabéis lo que ocurre cuando repetimos una cosa una y otra vez, que termina por convertirse en verdad aunque no lo sea. Y ahí estamos interpretando un Batman de pacotilla convencidos que eso es lo que los demás quieren ver de nosotros. El resultado es un histriónico ​baile de máscaras​ donde nada es lo que parece y donde todos muestran una careta social que está muy alejada de la realidad. Tememos que nuestra autenticidad no sea aceptada y es tanto el miedo a ser vulnerables o parecerlo que no somos capaces de mostrar nuestro verdadero yo.

Pero afortunadamente no todo el mundo piensa así y unos pocos al menos deciden mostrar quiénes son en realidad. Y qué sorpresa que esta gente resulta ser la que más magnetismo proyecta, la más auténtica, la diferente. Esas personas que admiramos y a las que queremos parecernos. Simplemente un buen día decidieron que estaban cansados de mostrar una cara que no era la suya y optaron por abrirse completamente a los demás a riesgo de lo que pudiera ocurrir. Seguramente al principio estarían aterrados y seguros de recibir palos por todos lados. Pero aún así lo hicieron y fíjate el resultado. ​

Cuando vives en sociedad la opinión de los demás nos importa, quizá en exceso.​ Nos convertimos en ​esclavos​ de pensamientos hipotéticos creando historias mentales acerca de lo que pensamos que otros piensan de nosotros. Y pocas veces acertamos. En lugar de confiar en todo lo bueno que poseemos únicamente damos importancia a esos defectos o partes negativas y que todos tenemos y que nos avergüenza sacar a la luz. Y creemos que del mismo modo que nosotros somos capaces de percibirlo, los demás también lo notarán, como si de un pedo silencioso se tratase. 

Ser otra persona agota​. Para un rato o  unos días, como sucede carnaval, es una experiencia diferente y puede que muy divertida. Pero tener que mantener ese personaje en el tiempo resulta algo imposible. Al menos si deseas tener una salud mental equilibrada.

Si vives en un permanente ​baile de máscaras​ te propongo que te la quites por unas horas del mismo modo que lo haces en casa con tu familia o amigos. Al principio te dará un miedo atroz y tendrás unas irrefrenables ganas de volver a ponértela. Pero si tienes un poquito de paciencia descubrirás que ese sentimiento de relajación extrema que surgirá compensa de todas todas el miedo al ​qué dirán​ que tantas veces has llevado por bandera.

Mola… Y mucho. ​Aprende a disfrutar de quién eres y haz que los demás también disfruten de ti. ​Vive el carnaval durante tres días, que es como tiene que ser. El resto del año se el mejor personaje que sabes interpretar, tú mismo. 

Sobre Óscar Montejo

Soy una persona apasionada por el crecimiento personal y a partir de mi propia experiencia trato de ofrecer un enfoque diferente a todos aquellos que puedan necesitar un cambio vital y no sepan por dónde empezar. 

 

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