El ahorro, nuevo compañero de viaje

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El concepto que sobre el ahorro tenían nuestros padres dista mucho del concepto que tenemos los de la generación que hemos vivido en la cultura del consumismo, de la compra por impulso o del “recurrir al crédito” sin demasiadas contemplaciones, y esto más que una crítica, es una constatación. A pesar de vivir en la era de la información, nuestras decisiones de compra no siempre han estado sustentadas en criterios racionales. 

Pero las circunstancias que de sobra todos conocemos, han hecho que nosotros, los de la generación de los 70 y los 80 nos hayamos dado cuenta y hayamos tomado buena nota de la importancia del ahorro.

Estamos de acuerdo en que algunos conceptos como el análisis o la planificación están íntimamente relacionados con el mundo de la empresa, pero la cuestión es si en la economía familiar se pueden aplicar conceptos similares. La respuesta es sí.

En nuestra economía familiar debemos pensar qué nos preocupa tanto en el corto, como en el medio y largo plazo. ¿Nos preocupa tener liquidez para atender los gastos de la casa, del coche, del colegio? ¿Nos preocupa que la pensión nos permita mantener un nivel de vida similar al actual? ¿Nos preocupa poder adquirir una vivienda propia algún día? ¿Nos preocupa que nuestros hijos puedan estudiar en la universidad? y… ¿Por qué no? ¿Nos preocupa poder viajar o permitirnos algún capricho?

Una vez contestadas estas u otras preguntas, tendremos lo más importante, habremos definido nuestros objetivos. Ya sabemos adónde queremos llegar, ahora debemos saber de dónde partimos, así es que es el momento de efectuar un estudio detallado de nuestra situación individual.

Con la información sobre ingresos y gastos mensuales, unido a los ahorros disponibles ya podemos plantearnos cómo lograr “nuestros objetivos personales”, es decir, ya  podemos planificar financieramente nuestra economía familiar.

Pondremos un ejemplo práctico que la mayoría de nosotros seguramente haya vivido ya, la compra de un coche.

Cuando decidimos comprar un coche, salvo que dispongamos del efectivo, solicitamos financiación, bien acudiendo a una entidad financiera o a través de la financiera del propio concesionario.
 
Suponiendo que solicitamos un préstamo por el valor del coche que asciende a 16.470 € a devolver en 10 años, a un tipo del 9%, pagaremos una cuota mensual de 208,63 €. Al final de la vida del préstamo, habremos pagado por el coche que vale 16.470 €, un total de 25.036,20 €.

Planificar financieramente consiste en que si hace diez años hubiéramos definido como uno de nuestros objetivos la compra de un coche y para conseguirlo hubiéramos decidido constituir un ahorro de 100 € al mes a un tipo de interés del 6%, al cabo de esos diez años, es decir, en el momento actual, tendríamos el capital de 16.470 € necesario para adquirirlo.

En resumen, en el primer caso, acudiendo a financiación externa cuando surge la necesidad de compra hemos pagado por el coche 25.036,20  €, mientras que en el segundo caso, en el que nos hemos anticipado, el coste ha sido tan sólo de 12.000 €, la suma de nuestras aportaciones, lo que supone un ahorro de 13.036,20 €.

En este ejemplo se aprecia claramente la importancia de la planificación financiera. Es cierto que efectivamente en tiempos como los actuales, las economías familiares atraviesan momentos difíciles, pero es precisamente en estos momentos en los que muchos de nosotros hemos realizado un estudio pormenorizado de los ingresos y gastos, cuando podemos decidir qué cantidad del líquido mensual podemos destinar a cumplir nuestros objetivos o a prever nuestras necesidades para mirar con cierta tranquilidad al futuro.  

En realidad, la planificación finaniera es un concepto algo más amplio que hemos querido simplificar con este ejemplo ya que hablamos de varios objetivos, en distintos horizontes temporales para los que se diseñan estrategias de inversión específicas.
 
No harían falta a mi modo de ver más razones que justifiquen el ahorro, aun así no hay que olvidar que las políticas fiscales del gobierno van en la línea de fomentar el ahorro  al tiempo que desde Europa proponen un modelo mixto de pensiones que combine pensiones públicas y ahorro privado para garantizar, o mejor dicho, para que “nos auto-garanticemos” pensiones adecuadas, con lo que poco más hay que añadir.

Nuestros padres tenían bien “arraigado” el concepto del ahorro, nosotros lo hemos “asumido” pero es a las generaciones futuras a las que les debemos transmitir su importancia para que el concepto del ahorro forme parte de su cultura financiera.

 

Como decía Samuel Johnson, “Pocas cosas son imposibles con diligencia y habilidad; las grandes obras fueron realizadas no con fuerza sino con perseverancia”.

Por Eva María Planells

 

 

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