Di lo que piensas, pero piensa cómo lo dices

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Suelo definir la empleabilidad como el resultado del desarrollo de dos grupos de competencias que posibilitan nuestro acceso al mundo laboral y al mantenimiento de ese puesto de trabajo:

Por una parte las competencias profesionales que nos capacitan para desempeñar una ocupación presente en el mercado laboral y que son adquiridas a través de la formación o de la experiencia. Hablaríamos aquí del saber y del saber hacer (conocimientos y habilidades).

Por otra, las competencias personales, que si bien no nos capacitan para desempeñar un trabajo, mejoran el desempeño de cualquier ocupación. Hablaríamos del saber estar (actitudes) y serían el elemento que aporta ese punto diferenciador y que van a ser determinantes tanto en el acceso al empleo como en el mantenimiento del mismo.

En este último grupo nos encontramos, entre otras muchas competencias, con las habilidades sociales entendidas como el repertorio de conductas aprendidas que nos permiten interactuar y relacionarnos con nuestros semejantes de una manera efectiva. Y dentro de estas habilidades sociales, voy a hablar hoy de la asertividad.

Podemos entender la asertividad como la habilidad para defender nuestros derechos y expresar nuestros gustos, nuestras opiniones e intereses de forma clara y libre, sin sentirnos culpables por ello, pero sin caer en la agresión a las personas con las que estamos interactuando y, por supuesto, sin permitir que los demás puedan agredirnos.

Esta habilidad es la que nos permite decir que “no” ante determinadas demandas que nos resultan inaceptables, aceptar y expresar cumplidos y críticas, expresar opiniones contrarias, solicitar ayuda, etc. Es decir, fundamentalmente nos permite desarrollar competencias dirigidas a la aproximación a los demás  facilitando, por tanto, las relaciones interpersonales (aceptación asertiva) o bien manejar conductas, peticiones o comentarios inaceptables de los otros mediante la oposición y el rechazo de esas conductas (oposición asertiva).

Normalmente ha sido la oposición asertiva la que ha atraído un mayor interés cuando se ha hablado o se ha investigado sobre asertividad, pero es necesario que en este punto se haga una diferenciación entre la oposición asertiva como respuesta adaptativa y la agresividad como respuesta desadaptativa, ya que ambas formas de reaccionar van encaminadas a poner de manifiesto un rechazo de la conducta de aquel o aquellos que están interactuando con nosotros.

En el caso de la respuesta agresiva, la intención sería verter comentarios o característica negativas de la otra persona con la finalidad de quedar por encima de ella siendo objeto de burla o insultos. Sería una forma de darse valor a sí mismo pero a costa de los demás. Suele generar en el otro un sentimiento de humillación que probablemente desembocará en un deseo de venganza. La persona agresiva no infunde respeto sino miedo en los demás.

En cambio, la respuesta de oposición asertiva tiene como intención el hacer valer nuestros derechos o comunicar tranquilamente aquello que estamos pensando y, por tanto, provocar un cambio en la conducta en nuestro interlocutor, pero siempre desde la posición de respeto absoluto. Se trata de comunicar eficazmente nuestra postura y proporcionar a los otros una  información de cómo nos gustaría que se comportaran en un futuro.

En contraposición a la persona agresiva, la persona asertiva se valora a sí misma pero no a costa de los demás y genera en los otros un sentimiento de valoración y respeto hacía sí mismos, respeto que también es desarrollado hacia la persona que manifiesta la oposición en un flujo bidireccional.

Por ejemplo: un empleado entrega el informe que su superior le había solicitado al inicio de la jornada laboral. Tras leerlo, el informe no resulta del agrado del solicitante por lo que éste puede actuar de dos formas:

Respuesta agresiva: “¿Has estado toda la mañana para hacer esta porquería de informe? Tiene errores lo cojas por donde lo cojas y faltan datos importantísimos que tenías que haber incluido. Además el enfoque es absolutamente inaceptable. Esto no lo hace ni un principiante. Eres un inútil que no eres capaz de hacer bien ni el trabajo más básico. Repítelo inmediatamente”.

Respuesta asertiva: “Se ve que lo has trabajado a pesar de que el resultado no haya sido el que yo esperaba. Podrías reformar estos dos párrafos de manera que el enfoque fuera más en esta otra línea e incluir también datos relativos a los resultados económicos del último trimestre. Aunque no sean objeto del informe, pueden dar información extra muy valiosa. Consúltame cualquier duda que puedas tener al respecto”.

En ambas respuestas se está poniendo de manifiesto el desacuerdo con el resultado de un trabajo y se reclama su modificación, pero en la respuesta asertiva se hace desde el respeto y proponiendo soluciones para que el informe se termine de la forma correcta.

Pero la oposición asertiva no sirve tan solo para modificar la conducta de los demás ante determinadas situaciones o resultados, sino que nos servirá también para impedir que los demás puedan aprovecharse de nosotros en aquellas otras situaciones en las que somos objeto de demandas poco aceptables. Se trata, en este caso, de saber decir que “NO” sin sentirnos culpables por ello. De esta forma evitaremos desarrollar sentimientos de indefensión, depresión y una bajada de nuestra autoestima que serán sustituidos por una sensación de haber actuado de forma correcta y una sensación de autoeficacia en lugar de sentirse sometido a las demandas de la otra persona.

Y para finalizar el post de este mes, un pequeño apunte sobre las ventajas de trabajar y mejorar la competencia de la aceptación asertiva como reforzamiento verbal de aquellas conductas que queremos que se repitan, a través de cumplidos y comentarios que reconozcan el buen hacer de los demás, ya que reforzando directamente los aspectos positivos de una conducta, se aumenta la probabilidad de que esa conducta sea repetida en otras situaciones.

En el ejemplo que puse anteriormente y una vez que el empleado hubiese modificado el informe conforme a las indicaciones recibidas, su superior debería poner en práctica la respuesta asertiva de aceptación con frases del tipo: “Has hecho un buen trabajo”, “Veo que has captado rápidamente el sentido que quería dar al informe”, “Te felicito por el resultado final”

Así pues, la oposición asertiva debería ir unida a la aceptación asertiva ya que ambas expresiones de la asertividad constituyen las dos caras de la misma moneda.

Y ahora… párate un momento y piensa en cómo se lo vas a decir.

Felipe J. García

Sobre Felipe J. García Pérez

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