Desempleados vs parados

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¡Hola ruteros!

De nuevo voy a escribir sobre un tema que he vivido en primera persona y que, llamadme sensible, pero creo que merece un pequeño esfuerzo por parte de todos para ser aclarado ya que, en muchos casos, llega a perjudicar a personas que no se lo merecen.

Hace unos años decidí dejar de estar esclavizado a una pequeña empresa propia que, por diferentes motivos, no me aportaba los mínimos beneficios deseables, ni económicos ni personales.

Mi situación no era nada holgada y no sabía concretamente hacia donde quería dirigirme, lo único que tenía claro era que quería ayudar a otras personas.

De la noche a la mañana pasé de ser un pequeño empresario -arruinado- a ser un desempleado más de los varios millones que, en 2012, formábamos parte del “club” con más socios involuntarios de este país.

Al no tener ninguna expectativa profesional a la vista me apunté en la Oficina de Empleo (¡bonito eufemismo!) y comencé a usar entre mis conocidos esa horrorosa frase con la que se define tan mal el “estado” profesional de en búsqueda de empleo.

Me refiero a eso de “estoy parado”.

Uffff, hasta el hecho de escribirlo ahora ya me causa un rechazo visceral, no os miento.

Yo siempre me he considerado una persona muy activa, tanto a nivel personal como profesional. Con 25 años fui co-fundador de una pequeña empresa de transporte especializado que estuvo 20 años en funcionamiento a costa de mucho esfuerzo y dedicación personal, demostrando mis dotes organizativas, creativas y de resolución de conflictos.

Desde joven me ha gustado hacer excursionismo y, que yo sepa, nunca he tenido un “no” para cualquier persona, familiar o amigo, que necesitara mi ayuda.

En definitiva, y para no seguir “echándome flores”, quiero dejar claro que no soy de las personas que tienen algún reparo en doblar el espinazo ni en pensar soluciones para cualquier problema, por lo que espero que se entienda que la pasividad, precisamente, no es un concepto relevante entre mis características personales.

Pues bien, cuando definitivamente abandoné mi estatus de pequeño empresario para engrosar las filas del desempleo, tuve la gran suerte de que alguien me hablara de las formaciones gratuitas que se hacían en diferentes organismos, con lo que se abrió ante mí un panorama de oportunidades entre las que buscar mi futuro profesional.

Me atrajo tanto el mundo que acababa de conocer que llegó un momento en que mi vida, de lunes a viernes, transcurría entre aulas de formación de diferentes centros, mañana y tarde.

Soy consciente de que mi caso forma parte de una casuística minoritaria (pasar al desempleo fue una circunstancia de libre elección) pero hay miles de personas que se quedan sin trabajo de manera totalmente involuntaria, y no por eso se resignan a ocupar un lugar permanente frente al televisor o a dejar pasar su vida con el codo apoyado en la barra de un bar, esperando que les llueva un empleo del cielo y, además, ¡exigiendo que esté bien pagado!

¡Para nada!

Y digo esto porque, a los pocos meses de comenzar mi peregrinaje por los centros formativos, contacté con una persona (también sin trabajo en ese momento) que se ofreció para dar una charla sobre redes sociales a quien le pudiera interesar.

Entre los dos organizamos una actividad formativa “extra-oficial” -gratuita-, con la colaboración para su difusión de varios formadores que nos dejaron presentar el evento en sus clases, y sin ninguna otra estructura reunimos a 25 personas, una tarde de julio, en un aula cedida por un centro cívico.

Este éxito de asistencia nos hizo pensar que podíamos cubrir un hueco en el mundo de los desempleados que no se resignan a estar inactivos: el de ayudarles a reunirse para compartir experiencias, necesidades, conocimientos e inquietudes.

Y así nació una plataforma cívica para el acompañamiento y empoderamiento de desempleados -nada “parados”- que estuvo en funcionamiento durante dos años y medio, sin ningún tipo de financiación, organizando formaciones gratuitas quincenales a cargo de profesionales de diversas áreas y, lo que es más importante aún, proporcionando un espacio de reunión en el que los asistentes se pudieran sentir apoyados y comprendidos, no solo por otros desempleados como ellos sino también por personas laboralmente en activo que estuvieran buscando un cambio profesional, ya que no se realizaba ningún tipo de distinción en ese sentido en cuanto a la posibilidad de asistencia a las actividades.

Los desempleados no solo asistían a los eventos que se organizaban sino que, de forma totalmente espontánea, se formaron diversos equipos de personas que dirigieron la plataforma en diferentes etapas a lo largo de su existencia, lo cual demostraba la pro-actividad de muchas personas que, lamentablemente, estaban sin trabajo pero no dejaban de ser personas “activas”.

Desde la creación de esta plataforma he sido testigo de la trayectoria de muchos de los que pasaron por ella como usuarios, personas que están continuamente modificando sus perfiles en las redes profesionales con nuevas formaciones académicas, asistencias a cursos y talleres, a conferencias o con nuevas experiencias profesionales, en ocasiones lamentablemente cortas pero no por ello menos valiosas para demostrar su afán por ganarse un sueldo con su propio trabajo y no depender de la “caridad” institucional, aunque la hayan pagado previamente con sus nóminas anteriores.

Todas esas personas representan a la inmensa mayoría de las que se encuentran sin trabajo hoy en día.

Es cierto que también existen las que prefieren cobrar un subsidio o una ayuda en lugar de tener que trabajar para ganar un sueldo, sea el que sea, pero esas forman parte de una minoría que no puede -o no debería, al menos- arrebatar la dignidad que se merecen todos aquellos que están viviendo una circunstancia que, en su mayor parte, no han buscado y que tampoco intentan perpetuar sino, muy al contrario, contra la que luchan cada día para intentar que se acabe cuanto antes.

No lo he dicho al principio pero este artículo va dirigido, especialmente, a todas aquellas personas, laboralmente en activo, que tengan entre sus conocidos, amigos o familiares a alguien que se haya quedado sin trabajo y al que le esté costando encontrar un nuevo empleo.

¿Por qué?

Porque esas personas desempleadas necesitan del máximo apoyo y comprensión de sus allegados para superar esta traumática experiencia, reponerse al shock que suele representar quedarse sin trabajo y tener sus capacidades al máximo nivel para realizar la dura tarea cotidiana de buscar empleo en un país en el que, actualmente, no es nada fácil conseguirlo.

Después de leer este artículo ¿aún seguís pensando que todos los desempleados son, simplemente, “parados”?

Sobre Chema Montorio

Me apasiona que las personas descubran sus verdaderos potenciales y los hagan brillar, para su propio beneficio y el de los demás, contribuyendo al aumento de su auto-confianza y mejora personal.

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