Dar paso al liderazgo

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A día de hoy, en el que las empresas españolas están cambiando de forma magna, están saliendo a flote muchas técnicas, palabras y tipos de motivación para que las empresas prosperen. 

A decir verdad, no solo las empresas en sí están cambiando, sino que también está cambiando, y para bien, su departamento de Recursos Humanos. Sí, ese departamento en el que hace unos veinte años solo se dedicaba a las nóminas, altas, bajas y vacaciones de los empleados, hoy en día es un grupo de profesionales que trabajan por el bien de los trabajadores y de la empresa, que apuesta por el trabajo en equipo y porque los equipos estén liderados por alguien que haga sentir a los trabajadores que entre todos, pueden conseguir los objetivos empresariales.

Cada departamento tiene su equipo y cada equipo su superior, que decide, organiza, ordena y planifica el trabajo de cada miembro del equipo.

De la mano de este cambio empresarial en España, viene la siguiente cuestión: ¿líder o jefe? Y es que, cada vez son más las empresas que optan por convertir a los jefes en líderes.

Desde que la figura del líder en Norteamérica se popularizó, las grandes empresas empezaron a cambiar la figura del jefe por la del líder, formando así a los superiores para que pudieran dar lo mejor de sí a los trabajadores y crear empleados felices y comprometidos.

Seguramente muchos de ustedes ya se están preguntando por qué dar paso al liderazgo si con el modelo jefe os va bien. ¿Cómo están vuestros empleados? ¿Sabéis si se sienten motivados con su trabajo? Y lo más importante, ¿qué tiene el líder que no tenga el jefe?

Pues la diferencia es sencilla, el líder hace de jefe pero de forma comunicativa y participativa. Las diferencias son obvias, mientras el jefe manda, sanciona errores, supervisa y controla, dice “yo”, habla de “mi empresa”, se preocupa por las cosas, todo le urge y tiene trabajadores. El líder aconseja y guía, entusiasma a los empleados, dice “nosotros”, habla de “nuestra empresa” porque tiene un equipo y forma parte de ese equipo, se preocupa por la gente y reparte el trabajo.

Al final, tanto con el jefe como con el líder, el trabajo es repartido y elaborado, pero con el líder, el resultado es más satisfactorio ya que ha creado un equipo de trabajo en el que los integrantes se sienten cómodos, libres y valorados con su actitud carismática y comprensiva.

Es cuestión de tener a los trabajadores contentos, ellos, al fin y al cabo, son los que sacan adelante los proyectos y por tanto a las empresas. ¿Por qué no tratarlos pues, como un miembro más del equipo que ejecuta los planes para que todo salga bien? Cuando los trabajadores se sienten integrados, su nivel de compromiso es mayor, van a trabajar pensando en posibles aportaciones o soluciones a su propio trabajo.

Sentirse parte del proceso y parte de la empresa es fundamental para que todo fluya de la mejor forma. Esto solo se consigue cuando los empleados tienen a alguien que les guíe, les integre en cada uno de los aspectos de la empresa, les comunique los objetivos empresariales y forme parte del mismo equipo para conseguirlos.

Viendo la diferencia entre líder y jefe, podemos entender por qué las empresas prefieren cada vez más que sus equipos de trabajo estén bajo la supervisión de líderes carismáticos que saquen lo mejor de sus propios trabajadores, creando un clima laboral estable, del cual, los propios empleados se sientan parte y en el cual, ellos mismos sientan la necesidad de contribuir con sus ideas y aprendizaje

 

Foto:pixabay.com

 

Sobre Laura Brenes

Graduada en Relaciones Laborales y Recursos Humanos con una fuerte vocación por la gestión de personal y por el derecho laboral.

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